Solemos tener en mente que el coste de un producto equivale a su precio, y eso no es cierto.
El coste de un producto, refleja el esfuerzo y los recursos empleados en su fabricación, a diferencia de los precios que incluyen, entre otros, el coste más los beneficios de su vendedor.
El precio de venta al público de un producto recoge todas las imperfecciones del mercado de ese producto, y por lo tanto refleja un precio distinto a su coste. Una constatación empírica de esta diferencia es que un mismo producto tiene distintos precios en distintos lugares con iguales características.

El precio del tabaco es de 2 €/ paquete (supongamos), pero este precio puede variar sensiblemente dependiendo del lugar de adquisición (estanco o bar).
El precio del tabaco es de 2 €/ paquete (supongamos), pero este precio refleja a parte de sus costes de producción, transformación y distribución los impuestos con que los gobiernos graban este tipo de producto (alrededor del 70% de su precio de venta al público).