Esther Secanilla, doctora en Psicología y profesora colaboradora

«Reconocer que existen las altas capacidades dentro de la sociedad aún es un tema pendiente»

Esther Secanilla: «La UOC se adelantó a su momento ofreciendo una plataforma y una tecnología pioneras con una estructura formativa de calidad»

Esther Secanilla: «La UOC se adelantó a su momento ofreciendo una plataforma y una tecnología pioneras con una estructura formativa de calidad»

Esther Secanilla Campo es doctora en Psicología (UAB), licenciada en Psicopedagogía (UOC), docente e investigadora. Es consultora en formación, orientación, diagnóstico y asesoramiento para centros, familias y profesionales. Además, ha trabajado en diferentes equipos de atención a la infancia y la adolescencia (EAIA), en centros de acogida y en centros de día y residenciales para personas mayores.

Por Marian Antón 

«Faltan recursos para atender a los niños con altas capacidades, pero también es necesaria una sensibilización de los propios profesionales»
 

Acabas de publicar el libro Supermentes (Gedisa Editorial). ¿A qué te refieres exactamente con este concepto?

En el libro hablo de las «altas capacidades» y abordo los temas relacionados (la inteligencia, las inteligencias múltiples, la resiliencia, la inteligencia emocional), repasando las aportaciones de diferentes autores. Es necesario hacer un buen diagnóstico, que nos ofrezca la posibilidad de proponer estrategias psicosocioeducativas para los estudiantes. También ofrezco diversos recursos para los profesionales y para las familias para acompañar a los niños y los adolescentes.

¿Cómo podemos reconocer que un niño tiene altas capacidades? 

Es muy importante escucharlos, estar atentos, y que todos los agentes implicados se coordinen. Es necesario que tengamos clara la diversidad que se da cuando hablamos de altas capacidades, saber a qué nos referimos cuando hablamos de superdotación, talento o precocidad intelectual. A partir de aquí, se debe hacer el diagnóstico y todo lo que sea posible para que estos niños y adolescentes puedan desarrollarse adecuadamente a lo largo de la etapa educativa escolar. Sabemos que las personas con altas capacidades procesan, interrelacionan, elaboran, recuperan y ejecutan las informaciones de manera diferente al resto, pero yo evito los mitos y estereotipos asociados. En muchos casos, hay características similares, pero cada persona es diferente. Reconocer que existen las altas capacidades dentro de la sociedad es un paso, ya que a pesar de los avances este aún es un tema pendiente, un tema invisible.

¿Normalmente son los padres o los profesionales en la escuela quienes lo detectan? ¿Qué se debe hacer?

Es necesaria una primera detección por parte de todos los agentes implicados: los profesionales del centro educativo y la familia, que es quien mejor conoce al niño. Hay que observarlo, conocerlo. En el libro aporto unos cuestionarios y el enlace donde encontrarlos. Se valoran aspectos cognitivos, relacionales y actitudinales sociales, tanto como individuo como en relación con el grupo. Son cuestionarios para detectar las capacidades de todos los alumnos del aula y también hay uno que deben responder los propios alumnos. Este es el primer paso y, al darlo en toda el aula, a veces nos encontramos con sorpresas. A partir de ahí, es cuando hace el diagnóstico un gabinete especializado, que tendrá en cuenta a todas las partes implicadas. Este diagnóstico es vinculante y permitirá que se hagan las adaptaciones necesarias, con la colaboración de todos los actores que intervienen. Este sería el marco deseable, aunque en la práctica no siempre es así.

¿Qué peligros puede entrañar que alguien con altas capacidades siga una formación convencional?

Muchas veces se tiene la idea de que al ser ya niños «listos e inteligentes», no hay que hacer nada. Es un gran error que puede derivar en fracaso escolar o en otros trastornos asociados. Es cierto que, algunas veces, los niños con superdotación pasan desapercibidos, pero, igualmente, hay que ofrecer todo lo que necesitan para que puedan desarrollarse y aprender, para que puedan desarrollar al máximo sus talentos, sus capacidades. Esta es la importancia de un diagnóstico a tiempo, no con la finalidad de etiquetar sino para aplicar medidas que tengan en cuenta sus necesidades. 

¿Las escuelas y los profesionales están preparados para atender las necesidades especiales de estos niños?

Que faltan recursos es una realidad. Que hace falta formación, tanto inicial como permanente, queda evidenciado en la práctica. Necesitamos programas de formación sobre las altas capacidades a lo largo de la vida profesional de los maestros, psicólogos, psicopedagogos, pedagogos, educadores sociales, etc. Pero también hace falta una concienciación real, una sensibilización de los propios profesionales y que estén dispuestos a formarse, a dejarse asesorar y a participar activamente. Hay que considerar las propias expectativas respecto a los estudiantes. Está claro que los niños con superdotación, talento o precoces tienen maneras diferentes de resolver las situaciones, de aprender, y hay que aceptarlo. Necesitan un entorno adecuado y hay que ofrecerles las herramientas apropiadas. La escuela debe permitir la diversidad y aceptar la diferencia.

¿Cómo puede ayudar la tecnología?

Las tecnologías conviven con nosotros en nuestra sociedad, ofrecen herramientas maravillosas en su medida justa. Hay programas y materiales de enriquecimiento extracurricular para estudiantes de altas capacidades, actividades extraescolares como ajedrez, robótica, informática, creación de videojuegos, astronomía, música, entre otros. Algunos se desarrollan dentro del ámbito tecnológico, testeados previamente por profesionales especializados (programadores, pedagogos, psicólogos, etc.), que permiten seguir parámetros metodológicos de calidad y que el niño y el adolescente desarrollen su creatividad, potenciando sus capacidades en cuanto a las habilidades tecnológicas pero también de razonamiento, abstracción y flexibilidad, habilidades sociales, trabajo en equipo, expresión oral, comunicación, atención, expresión de emociones, creatividad e innovación... Si tiene estos objetivos, la tecnología sí que ayuda y mucho. Lo más interesante es llevar estos materiales y programas al aula y que se utilicen allí, de manera que todos los niños, los que tienen altas capacidades y los que no, se puedan beneficiar. De hecho, las altas capacidades es un valor, enriquece las aulas y todo el mundo se puede beneficiar de ellas. 

¿Sobre qué tema te gustaría escribir en tu próximo libro? 

Tengo diferentes proyectos. De hecho, estoy preparando otro libro dando voces a diferentes adultos de altas capacidades y a familias. 

Lo que más valoras de tu trabajo como profesora colaboradora...

La UOC es como estar en casa, la siento como una parte indisoluble integrante de mi tarea laboral. En un mundo tan cambiante como este en el que vivimos, de incertidumbres en todos los sentidos, esta universidad se adelantó a su momento ofreciendo una plataforma y una tecnología pioneras con una estructura formativa de calidad. Considero que el hecho de que nos podamos comunicar en cualquier momento y desde cualquier lugar es uno de sus valores añadidos. Particularmente me ofrece, además, la posibilidad de acompañar a los estudiantes, de ayudarlos a crecer como profesionales. También de trabajar en equipo, con el resto de colaboradores y con los profesores responsables. 

¿Cómo son estos estudiantes?

La manera de aprender en la UOC es diferente y esto hace que los estudiantes suelan ser mucho más comprometidos: deben organizarse mucho más, ser más autónomos, más autodidactas, más responsables con sus propios estudios. Se deben implicar de otra manera. Además, hay muchos espacios para la reflexión y el análisis. 

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