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Ramon Alcoberro, profesor colaborador del grado de Humanidades

«Es mucho más fácil conversar con alumnos y responder dudas en la red que en un despacho»

19 de junio de 2017

Ramon Alcoberro: «En cada momento de la vida te puede acompañar un filósofo»

Ramon Alcoberro: «En cada momento de la vida te puede acompañar un filósofo»

Se define como adicto al trabajo —«si el trabajo es divertido»— y miembro honorario de la «Federación Catalana de Currículos Brillantes Pero Desaprovechados (FCCBPD)». Ramon Alcoberro ha escrito más de una veintena de libros de filosofía y ensayo, pero también es profesor colaborador del grado de Humanidades.

Por Marian Antón

Además de tu prolífica obra, eres un comprador «neurótico-compulsivo» de libros. Si tuvieras que recomendar tres obras a los que queremos introducirnos en la filosofía, serían...

En la vida hay filósofos para momentos; o, lo que es lo mismo, en cada momento de la vida te puede acompañar un filósofo porque te hace pensar o porque te susurra cosas. Provisionalmente os recomiendo la Carta a Meneceo de Epicuro, el Discurso del método de Descartes y Sobre la libertad de John Stuart Mill. En la lista no incluyo ningún Platón (a pesar de El banquete) ni a Aristóteles, porque son autores que se deben leer con unos conocimientos previos. Pero a estos tres los entiende todo el mundo.

«Los filósofos sufren como enfermedad profesional la pedantería y hay que tener cuidado con ella porque es contagiosa»

Si pudieras elegir a un filósofo de toda la historia con quien te gustaría pasar un día, ¿quién sería y adónde lo llevarías?

Los filósofos sufren como enfermedad profesional la pedantería. Y hay que tener cuidado con ella porque es contagiosa. No sé si soportaría pasar un día con Platón porque me abrumaría. Mill era un tímido patológico y tampoco nos lo pasaríamos bien. Sin embargo, Hume y Diderot eran tíos divertidos. Tenían buena conversación. Quizás elegiría a Diderot y lo llevaría al Museo del Diseño de Barcelona. Estaría muy bien discutir sobre su artículo «Bello» de la Encyclopédie. Con el diseño industrial fliparía. De hecho, se lo inventó él.

¿Por qué decidiste crear tu web sobre filosofía?

www.alcoberro.info es mi suerte y mi desgracia. Gracias a la web me conoce mucha gente, pero no me lee nadie cuando publico en papel, porque creen que ya me tienen muy visto en la red. Salió en Navidad del 2000, cuando no existía ni Google. ¿Alguien se imagina un mundo sin Google? ¡Pues lo hubo! En ese momento yo trabajaba con Josep Maria Esquirol en el Instituto de Tecnoética y había muy poco material filosófico en la red. Simplemente llegué pronto, muy pronto —como recomienda Guardiola— y el material cayó bien.

¿Cómo entraste en contacto con la UOC?

Me recomendaron dos pioneros y amigos, Gonçal Mayos y el medievalista Agustí Boadas. Francesc Núñez me entrevistó y aquí estoy, a pesar de que mis conocimientos informáticos son casi subculturales.

«La UOC quizás es la universidad del mundo con gente más diversa, por edades, por residencia, por experiencia vital, por etnias...»

¿Qué es lo que destacarías del método de esta universidad?

La proximidad y el debate. Es mucho más fácil conversar con alumnos y responder dudas en la red que en un despacho, lo cual resulta mucho más formal. Por otra parte, el alumno típico de la UOC es más mayor y tiene más lecturas y más experiencia de la vida que el de las universidades presenciales. He visto debates de un nivel altísimo en mis aulas, todo hay que decirlo. Si tienes la suerte de vivir en un pueblo pequeño o sufres horarios de urbanita estresado, no lo dudes, la UOC es tu universidad.

Y ¿qué es lo que más te gusta de ser profesor colaborador?

A mí es que me gusta la gente, sobre todo si tienen un punto original. Por eso me lo paso muy bien en la UOC, que quizás es la universidad del mundo mundial con gente más diversa, por edades, por residencia, por experiencia vital, por etnias, etc. La diversidad de la UOC no tiene precio. Esto crea una comunidad de debate, para decirlo como Habermas, que no te la acabas. Además, la gente de la UOC es muy agradecida y cuando me equivoco con algo de informática no me lo tienen muy en cuenta.

¿Y lo que te resulta más duro?

Lo más duro, a veces, es evaluar, porque la gente se lo trabaja mucho y alguna matrícula de honor ha resultado muy disputada.

¿Alguna experiencia o anécdota que nos quieras comentar?

A mí me encanta provocar debates entre los alumnos de la asignatura de Ética sobre la diferencia entre relativismo moral y relativismo cultural. Alguna vez he tenido palestras memorables sobre este y otros temas. Siempre recordaré una con gente que participaba desde una granja de las Tierras del Ebro, desde un complejo turístico en Tailandia y desde la Secretaría del Parlamento Europeo en Bruselas, los tres participantes contando sus experiencias y un montón de gente entrando y saliendo de la conversación. Al final se pusieron todos de acuerdo. Ocurre muy a menudo que los debates virtuales en la red provocan relaciones humanas fuertes.

Para terminar, sufriste la represión franquista e incluso estuviste preso. ¿Cuál es tu opinión sobre la implicación social de la ciudadanía actualmente con la situación política?

Siempre me ha gustado implicarme en proyectos colectivos y siempre sabes que te tocará pagar algún precio por ello. Hasta ahora he podido pagar este precio, por suerte. Hay dos versos que para mí son como un mantra. Son dos jaculatorias laicas. Una de Joan Brossa que dice: «El pedestal son los zapatos». La otra, más larga, es de Vicent Andrés Estellés: «Lo que vale es la conciencia de no ser nada si no se es pueblo». No me considero nada ancien combattant, porque el trabajo que queda por hacer es todavía mucho. Vivimos un momento complicado, porque tenemos una juventud muy bien preparada pero que vive en una precariedad humillante. En Cataluña ahora se abre un tiempo de esperanza.

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