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Béjar, H. (1988). El ámbito íntimo. Privacidad, individualismo y modernidad (págs. 89-92). Madrid: Alianza Universidad. 1. Gemeinschaft: la plenitud de la vida comunitaria Dominada por la Wesenwille, voluntad natural o esencial (que descansa sobre el instinto, el sentimiento y las costumbres), Ferdinand Tönnies (1855-1936) define la Gemeinschaft como un organismo vivo. La comunidad constituye una forma de agrupación social basada en relaciones naturales y en una forma orgánica de existencia social. Las relaciones más importantes son las familiares; de hecho, los vínculos paradigmáticos son los que se establecen entre madre e hijo, basados en el instinto y en la emoción entre padre e hijo, en la autoridad y en el respeto. La Gemeinschaft incluye todas las relaciones familiares, espontáneas, directas e íntimas. La sociabilidad de la comunidad es autónoma, es decir, los hombres se unen instintivamente siguiendo un sentimiento de unidad y solidaridad. La Gemeinschaft es una comunidad que descansa en unas raíces sentimentales muy profundas y en la que se comparten las posesiones más preciadas para el ser humano: la sangre, en el caso de los vínculos de parentesco; la localidad, en lo que se refiere a la vecindad; el espíritu, en la amistad. Unidad y totalidad son dos nociones que pueden ayudar a comprender mejor la vida en la Gemeinschaft. Unidad de voluntad, basada en una comprensión tácita; unidad de espacio, se fundamenta en el desarrollo de la vida en un territorio recogido y común y, por último, unidad de mentes, que se entrelazan por medio de las creencias compartidas y de la religión como fuente de moralidad. Totalidad porque en la Gemeinschaft los individuos se entregan en cuerpo y alma participando con todas sus fuerzas en el acontecer colectivo. Ahora bien, la individualidad no existe en este mundo comunal. Con un poder que se asienta en una autoridad no exenta de protección, una ley que se basa en la regularidad de los acontecimientos y un sistema de creencias anclado en los valores de la tradición, el sujeto, como entidad singular y separado del colectivo social, no tiene sentido. Es una noción inconcebible dentro de la Gemeinschaft. El individuo, como tal, sólo tiene lugar en el otro modelo de vida colectiva, en la Gesellschaft. 2. Gesellschaft: el vacío moral de la individualidad Si la Gemeinschaft era un producto de la naturaleza, la Gesellschaft hace referencia a una forma artificial de agrupación humana. Las relaciones dentro de ésta constituyen asociaciones que se contraen con vistas a conseguir un propósito concreto; los lazos sociales están sujetos a una limitación temporal y se orientan a la consecución de un objetivo específico. La asociación gira en torno a la voluntad racional o Kürtwille, caracterizada por la capacidad de deliberación y de elección. La razón domina completamente al sentimiento; la vida es una búsqueda continua del interés particular. Junto a la actitud instrumental que preside las relaciones humanas, la Gesellschaft es, asimismo, el ámbito del universalismo. Aunque inmersos en el magma de la colectividad, los miembros de la Gemeinschaft poseían funciones precisas dentro de un sistema social muy elemental. Por el contrario, la vida de la Gesellschaft está basada en el intercambio; la asociación es el ámbito del mercado, en el que los individuos son unidades intercambiables, seres indiferenciados y anónimos. La relación paradigmática constituye el contrato, la negociación entre dos voluntades racionales que orientan sus acciones siguiendo el esquema medio-fin. En estas circunstancias, las personas y las cosas pasan a formar parte de un complejo sistema de transacciones, en el que cada uno exhibe su valor. Hombres y objetos se han transformado en mercancías. No hay en la asociación unidad ni valores comunes más allá de la persecución de los intereses estrictamente privados. El individualismo es la moral de una sociedad que pretende ser civilizada, pero que se sostiene sobre un latente egoísmo y una mal disimulada hostilidad. La Gesellschaft es el reino de la convención y el artificio. Su regla primordial es la cortesía. Ésta consiste en un intercambio de cumplidos en el que todos parecen estar al tanto del bien de los demás y dispuestos a considerar a los otros como sus iguales aunque, en realidad, cada uno piensa únicamente en sí mismo y pretende imponer su importancia y sus ventajas en competencia con los demás (Tönnies, F. Comunidad y asociación, pág. 82). El individualismo es el producto de un mundo en el que los individuos carecen de lazos profundos y viven la sociedad como una entidad ajena. Dejando ver su herencia hobbesiana, Tönnies describe la Gesellschaft como un lugar más bien hostil: la vanidad y el interés particular son los motivos que subyacen en la sociabilidad; la asociación está atravesada por una indiferencia generalizada entre los miembros de la colectividad. La armonía de esta sociedad es pura apariencia: la opinión pública –entidad colectiva que salvaguarda la moralidad- y el Estado contribuyen a perpetuar esta artificialidad inherente a la Gesellschaft. De esta manera, Tönnies revela el carácter problemático del progreso. La sinceridad y la intensidad que gobernaban los contactos humanos (lo que Tönnies cataloga como "intimidad") se esfuman tras un halo de apariencia e indiferencia generalizadas. El reino del universalismo prometía una consideración igualitaria para todos los hombres, pero la especificidad funcional reduce los contactos humanos a un intercambio de servicios. Por último, la neutralidad afectiva induce a los hombres a despegarse de la vida colectiva. Así, estas características que configuran la experiencia social de los tiempos modernos preparan el camino al individualismo. Éste aparece como una pretensión de moralidad característica de una sociedad egoísta que carece de proyectos compartidos; es propio de una colectividad compuesta por individuos aislados unos de otros e indiferentes al destino de sus semejantes. Los hombres constituyen eslabones de una cadena en la que todo proyecto o actividad colectivos es mera ficción. La visión de Tönnies del paso de la sociedad tradicional a la moderna está teñida de cierto pesimismo. Su valoración de los tipos sociales que propone se encuentra algo sesgada: la Gemeinschaft posee connotaciones claramente positivas, como el hecho de que la comunidad constituye el ámbito de la sinceridad, el desinterés y la solidaridad. Por el contrario, la Gesellschaft anuncia un futuro amenazante y deshumanizado. Tönnies consideraba que las relaciones contractuales, gobernadas por la impersonalidad propia de los vínculos monetarios, eran insuficientes para realizar plenamente la naturaleza humana. No obstante, también advirtió que una de las consecuencias de la asociación –el individualismo- llevaba consigo una promesa de libertad que conformaría al hombre moderno. La herencia del progreso puede tener un alto coste, pero constituye el marco de la realización humana. Sólo en la Gesellschaft es posible la emergencia del individuo. Así, frente a algunas interpretaciones superficiales, no cabe tachar a Tönnies de romántico ni calificar de hostil su análisis de la asociación (Giner, S. y Flaquer, L., Prólogo a Tönnies, F., Comunidad y asociación, pág. 14). La comunidad constituye el ámbito de la moralidad, mientras que la Gesellschaft es el marco del progreso, de un desarrollo social que acabará afectando a la naturaleza de las relaciones humanas. |