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Una vez la auditoría de la información define qué información necesita la organización y el sistema de inteligencia indica cómo tenemos que capturarla y procesarla, el paso siguiente consiste en identificar de dónde se puede obtener la información, es decir, determinar las fuentes de información. El concepto de cadena de valor | |||||||||||||
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Normalmente, la transmisión de información entre la fuente (el productor) y el usuario (el consumidor) no se lleva a cabo directamente, sino que, como sucede con el intercambio de cualquier producto o servicio, hay una cadena de valor entre la materia prima y el producto acabado, una cadena mediante la cual se va añadiendo valor a la información bruta inicial hasta la información que ya presenta las características y el formato que más se adecuan a las necesidades del usuario. | ||||||||||||
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Los componentes principales de la cadena de valor de la información son: los creadores de información primaria, los productores de bases de datos, los suministradores de documentos, los intermediarios de información y los servicios de valor añadido. Creadores de información primaria Actualmente, los creadores de información son tanto personas como máquinas. Una persona escribe un artículo, por ejemplo; un satélite captura datos de manera ininterrumpida. | ||||||||||||
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Las personas siempre han creado información, pero hasta la llegada de la web un particular no ha podido pasar a ser editor de sus propios contenidos. Hasta aquel momento, "publicar" implicaba que alguien con capacidad para hacerlo aceptara difundir los contenidos en algún medio formal (un libro, un artículo de revista, etc.). Hoy día, cada individuo con acceso y espacio en la web puede ser editor de sus propios contenidos. Sin embargo, que cualquiera pueda publicar no quiere decir, obviamente, que todo lo que se ha publicado sea de calidad.
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Entre las fuentes de información primarias más frecuentes debemos mencionar los libros, las revistas y los diarios, los congresos y las conferencias, los informes y los estudios, las patentes y las normas, etc. En rigor, puede distinguirse entre libros, publicaciones periódicas y literatura gris. Se denomina literatura gris la que se publica de manera irregular o en fuentes no habituales; éste es el caso de las tesis doctorales, los informes de investigación, técnicos o comerciales, los estudios de mercado, etc. Para resolver el problema de la sobrecarga de información y la consiguiente desinformación, el mercado ha respondido ideando una serie de instrumentos que facilitan la investigación de información —no de su metabolización—, que continúa siendo una tarea fundamentalmente humana. Algunos de estos instrumentos se describen a continuación. Productores de bases de datos El hecho de que haya mucha información en un campo no resulta de gran ayuda si alguien no se dedica a ordenarla. Éste no es un problema nuevo. La necesidad de disponer de mecanismos para buscar entre una cantidad ingente de información primaria se evidenció hace décadas en disciplinas que se caracterizan por una gran producción de información, como la medicina, la química, la ingeniería, las patentes, etc. Al final del siglo pasado ya existían en algunos de estos campos organizaciones que se dedicaban a recopilar una gran parte de lo que se publicaba sobre una determinada área (en los principales idiomas, al menos), y a crear instrumentos que permitieran localizar una información concreta entre todo el material recopilado, a partir de algunas claves como, por ejemplo, la temática, la fecha, el autor, el medio en que se publicó, etc. | ||||||||||||
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Su objetivo era, pues, crear fuentes de información secundaria, es decir, fuentes que no contenían información nueva sino que servían para buscar y localizar información primaria. En general, estos instrumentos consistían en boletines de sumarios o índices, cuya utilidad residía en la forma como los documentos estaban clasificados, de acuerdo con códigos o palabras clave (términos que describían el contenido de un documento). Un buen ejemplo de este tipo de índices es el Chemical Abstracts, cuya publicación se inició el siglo pasado y que todavía se continúa editando. Más tarde, el avance de la informática permitió el desarrollo de bases de datos. Estos instrumentos permitían almacenar una gran cantidad de información en muy poco espacio, a la vez que ofrecían herramientas de búsqueda (un lenguaje de interrogación). Aprovechando esta posibilidad, han ido apareciendo centenares de bases de datos relativas a prácticamente todas las disciplinas (una recopilación bastante exhaustiva puede encontrarse datos en el directorio Gale/Quadra de bases de datos). Algunas de estas bases de datos son de origen público y gratuito, mientras que otras son de uso restringido o de pago. Buscadores y metabuscadores En la actualidad, a las bases de datos tradicionales —las producidas por las empresas especializadas en la construcción de fuentes secundarias temáticas— hay que añadir el universo de las bases de datos en Internet. Quizá las más conocidas son los buscadores en la web como ¡Yahoo!, AltaVista, Excite, HotBot, etc.. | ||||||||||||
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Estos sistemas permiten buscar entre millones de páginas web distribuidas por la World Wide Web. Algunos disponen de un equipo de editores que indizan manualmente miles de páginas; para cada una escriben un comentario sobre sus contenidos, su utilidad, etc. (tal es el caso de ¡Yahoo!, por ejemplo). Sin embargo, la mayoría se alimentan de lo que el software de rastreo, como los spiders, van encontrando en su monitorización sistemática de la red. De manera automática, van entrando, una tras otra, en millones de páginas web, analizan el texto que contienen, y con ello se construye, también automáticamente, un registro que pasa a incrementar la base de datos. | ||||||||||||
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Una de las sensaciones más frecuentes del usuario de los buscadores en la web es que se obtiene demasiada información, la mayor parte poco relevante, y que este exceso de "ruido" convierte la búsqueda en algo poco eficiente. La verdad es que muchas veces buscar en un buscador genérico, e incluso en uno temático, es inútil, porque la información no se encuentra en la web, al menos en lo que puede denominarse la web abierta. Y es que la mayor parte de los productores de bases de datos que ya existían antes de la aparición de la web son los que contienen la información con un verdadero valor añadido. Ante el paradigma de la "información gratuita" que reina en Internet, esta información acostumbra a ser de pago. La contrapartida es que se trata de bases de datos muy focalizadas, con registros muy bien estructurados, con sistemas de búsqueda (lenguajes de interrogación) potentes, y con documentos muchas veces disponibles en texto completo. Finalmente, hay que recordar que, aunque la web se ha convertido en la plataforma más utilizada para la distribución de bases de datos, muchas de éstas son también accesibles en formato CD-ROM (y ahora DVD). Algunas son también accesibles mediante plataformas cerradas. En este caso, se tiene que entrar en el sistema mediante un software de comunicación especial, que el usuario tiene que cargar en su máquina, y la comunicación con el servicio se tiene que efectuar mediante una llamada a un número de teléfono específico. Un ejemplo de este tipo de servicio es el Reuters Business Briefing. Suministradores de documentos | ||||||||||||
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Aunque la mayoría de las bases de datos actuales contienen la versión íntegra de los documentos, hay algunas que contienen sólo las referencias, es decir, la información bibliográfica que permite localizar el documento sin ofrecer el contenido entero. En este caso, hay que recurrir a algún depósito que pueda proporcionar copias de los documentos originales. Estos depósitos pueden designarse con el término genérico de centros suministradores de documentos. Estos centros son de dos tipos principales:
Intermediarios de información La diversidad de agentes implicados en la cadena de valor de la información es fruto del hecho de que la oferta es muy general (hay muchos productos, tanto de información primaria como secundaria) y la demanda es siempre muy particular (cada necesidad de información suele ser diferente, propia de quien la plantea en forma de pregunta, y dependiente del momento en que lo hace).
Así, por ejemplo, para responder a un tema como "experiencias de compensación económica de empleados en programas de calidad total", no basta con tener un ordenador conectado a la línea telefónica; tiene que haber alguien que haya escrito sobre el tema, alguien que haya referenciado el documento en una base de datos, alguien que distribuya esta base y alguien que suministre copias del documento en cuestión una vez ha sido localizado; y, quizá lo más importante, alguien que sepa dónde hay que buscar (en qué base de datos de las miles disponibles) y cómo se tiene que plantear la pregunta. | ||||||||||||
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Este último intermediario puede tener diferentes caras, según el nivel de valor añadido que dé al informando. Así, una biblioteca es un intermediario que, en general, se limita a indicar en qué sección puede encontrarse un libro que puede ser que tenga la respuesta a una pregunta: el nivel de valor añadido es bajo. Y, en el otro extremo, un consultor puede responder a una pregunta que se le ha planteado no sólo con información, sino con un consejo concreto; el nivel de valor añadido puede ser aquí muy alto. En los estadios intermedios hay mucho espacio para otros intermediarios de localización de información: desde el teledocumentalista (que sabe utilizar las bases de datos en línea) al investigador de mercados. | ||||||||||||
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El intermediario de información es, hoy por hoy, una pieza clave de la cadena de valor de la información, posiblemente quien le da sentido y utilidad, al menos hasta que se disponga de instrumentos de búsqueda de información suficientemente sofisticados para que cualquiera pueda moverse con éxito por el universo de la información sin una preparación específica. Servicios de valor añadido La intervención del intermediario de la información es todavía necesaria porque no se dispone de instrumentos que indiquen cuál es la fuente más adecuada para responder a una determinada pregunta. Por otra parte, hay pocos lenguajes de interrogación en lenguaje natural, pero este panorama cambiará en cuanto las tecnologías avancen. | ||||||||||||
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El futuro nos traerá posiblemente sistemas a los que interrogaremos directamente con nuestra voz, los cuales, de acuerdo con la petición, determinarán cuál es la fuente más adecuada donde podemos buscar y que, finalmente, de toda la información que obtengan de aquella fuente filtrarán la que sea más relevante para nuestros objetivos.
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