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Cultura de la información
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Para extraer el máximo rendimiento de la inversión en tecnologías de la información en las organizaciones, hay que contar con personas que sepan buscar, comprender, aplicar y distribuir información. En otras palabras, la infraestructura tecnológica en la organización tiene que ir acompañada de una cultura de la información.
Éste es un término que actualmente es difícil de definir con total claridad. Por ahora, tenemos suficiente con saber que comprende los conocimientos y las habilidades de las personas (y, por extensión, los procesos de las organizaciones en que trabajan) que les permiten sacar un mayor rendimiento de las tecnologías gracias a la explotación inteligente de la información.
Una organización con personal informacionalmente culto tiene una ventaja con respecto a otra con personal informacionalmente inculto.
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La cultura de la información es un factor multiplicativo de la inversión en tecnologías de la información.
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¿Qué entendemos por cultura de la información?
El concepto de cultura de la información ha recibido muchas denominaciones distintas, y se ha situado permanentemente en el plano de la discusión de los profesionales de la información durante décadas. Y es que asegurar que hay una cultura de la información en su organización es quizá una de las tareas principales del profesional de la información. La American Library Association ha dado la definición siguiente de cultura de la información (information literacy):
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"To be information literate, a person must be able to recognize when information is needed and have the ability to locate, evaluate, and use effectively the needed information... Ultimately, information literate people are those who have learned to learn. They know how to learn because they know how the knowledge is organized, how to find information, and how to use information in such a way that others can learn from them".
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Por otra parte, Behrens (1994) considera que se es informacionalmente culto cuando se es capaz de:
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Determinar cuándo hay una necesidad de información.
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Identificar cuál es la información que se necesita.
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Encontrar la información requerida.
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Evaluarla en términos de relevancia.
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Organizarla para que resulte útil en la situación en cuestión.
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Aplicarla de manera eficiente para tratar el problema original.
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Habilidades informacionales
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A su vez, en su obra pionera, Taylor (1986) indicó que las habilidades de una persona informacionalmente culta (habilidades informacionales) tenían que incluir:
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Conocimientos sobre las fuentes de información disponibles, que exige una actitud de observación del entorno, con la finalidad de detectar nuevas fuentes que pueden ayudar a resolver preguntas que en situaciones anteriores eran irresolubles. |
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Capacidad para usar estas fuentes; es decir, conocimientos técnicos para usar los instrumentos, por ejemplo conocimientos de informática, pero también conocimientos idiomáticos, o habilidades informacionales generales como, por ejemplo, las necesarias para saber interpretar un gráfico o una hoja de cálculo. |
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Criterio para determinar la calidad y la fiabilidad; por ejemplo, ¿cuándo es fiable un artículo que contiene datos sobre una encuesta?: cuando, al menos, esté explicado el procedimiento que se ha seguido en el estudio con la población de la muestra, las circunstancias concretas en que se realizó, métodos de análisis utilizados, etc. |
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Capacidad para identificar cuáles son los problemas; es decir, capacidad de formularse las preguntas correctas antes de buscar las respuestas. |
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Habilidades para limitar el nivel y el alcance de la información necesaria para tratar un problema determinado en la situación actual, caracterizada por un número ingente de fuentes de información fácilmente accesibles, determinar cuándo la información de que se dispone es suficiente. Estas habilidades se convierten en un auténtico arte; quien alimente este conocimiento tácito tendrá una ventaja personal clara con respecto a los que creen que nunca tienen suficiente información. |
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Habilidades para saber aplicar la información conseguida al problema en cuestión, ya que, ¿de qué sirve toda la información del mundo si no sabemos interpretarla y si no sabemos cómo articularla para que constituya la respuesta a la pregunta que nos habíamos formulado? Si bien es fundamental saber formularse las preguntas adecuadas, no lo es menos saber construir las respuestas a partir de la interpretación de la información encontrada. |
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Finalmente, habilidades de organización de la información y comunicación a los demás, con las formas adecuadas a la situación. La complejidad de los problemas hace que, cada vez con más frecuencia, sean distintas las personas que intervienen en una situación; por eso, y teniendo en cuenta que el tiempo es un recurso escaso que la gente no está dispuesta a derrochar, cada una de estas personas debe ser capaz de contribuir al grupo aportando valor añadido a la información que ha localizado. |
Habilidades informacionales de un directivo
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Quinn (1990) destaca que un directivo debería poseer las siguientes habilidades informacionales:
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Identificar rápidamente qué información resulta útil frente a la que sólo es interesante (y cuál sólo le roba tiempo). |
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Ser capaz de rechazar la información que no es de aplicación inmediata (esto puede parecer trivial, pero ser capaz de prescindir de información que podría ser útil -sin que lo sea ahora- no es fácil, y requiere entender que no se gana nada con acumular información que no se organiza adecuadamente; lo importante es disponer de un sistema que permita encontrar la información cuando se necesita más que acumular incesantemente papeles sobre la mesa). |
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Actuar sobre los aspectos importantes y no sucumbir siempre frente a lo que es urgente (aspecto que, a menudo, implica saber delegar). |
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Sustituir la acción personal sobre la información con la vehiculación (remisión) de ésta a quien más incumba. |
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Archivar todo aquello cuyo periodo de vigencia haya finalizado (y cribar los archivos con frecuencia: pocas cosas son archivables a perpetuidad). |
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Dar importancia a la calidad de la información, por encima de la cantidad. |
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No renunciar al uso de la tecnología; se tiene que perder el miedo a las máquinas y concebirlas sólo como simples herramientas. |
¿Qué incluye hoy la cultura de la información?
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En un texto reciente, Meadow (1998) señala que, para que en el mundo digital que se acerca una persona pueda ser considerada "educada", tendrá que disponer de:
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Cultura literal: capacidad para leer y entender un texto escrito y para escribir un texto que resulte comprensible. |
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Cultura numérica: capacidad para leer y entender contenidos numéricos (cifras, cuadros, etc.) y simbólicos (fórmulas simples). |
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Cultura informática: capacidad para usar las aplicaciones elementales de un ordenador (teniendo en cuenta que lo que se considera elemental va aumentando de complejidad con el tiempo). |
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Cultura gráfica: capacidad para entender (y producir) información presentada en forma gráfica. |
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Cultura informacional (propiamente dicha): capacidad para buscar, manejar, evaluar y aplicar información en general. |
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De todo lo que se ha dicho se deduce que la tarea del gestor de la información no es fácil, y que para llevarla a cabo se tiene que disponer del suficiente apoyo por parte de la cúpula de la organización. Se le tienen que dar los recursos para mejorar las habilidades informacionales del personal, y se le tiene que permitir, también, informar sobre los vicios informacionales que detecte, con el objetivo de poder prevenirlos o eliminarlos.
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La cultura de la información es esencial para poder llevar a cabo una explotación inteligente de los sistemas de información en las organizaciones.
La cultura de la información se traduce en unas habilidades informacionales de los miembros de la organización.
Definir una política para alcanzar una cultura de la información en la organización es una de las responsabilidades del gestor de la información.
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