Introducción

Crear comunidad y abrazar la diversidad

El arte de la comunicación compasiva

Habilidades de facilitación: toma de decisiones y resolución de conflictos

Empoderamiento y liderazgo

Celebrar la vida: arte y creatividad

Alcance local, biorregional y global

 

3. Empoderamiento personal y habilidades de liderazgo

"Para experimentar el empoderamiento tenemos que actuar a partir de un cierto sentimiento de autoestima, valorar y dar cabida a nuestras necesidades, y considerar igualmente valiosas las necesidades de las demás personas. Conforme desarrollamos este sentimiento de empoderamiento, comenzamos a descubrir que los conflictos son desafíos creativos para encontrar soluciones que puedan empoderar a todas las partes implicadas". - Judy Lightstone

La dinámica del poder

Todas las personas vivimos situaciones con diferentes relaciones de poder y somos conscientes de ello a través de nuestras experiencias pasadas (padres-hijos, niños-maestro, empleado-jefe, hombre-mujer, etc.). A veces nos hemos sentido muy impotentes y a expensas de gente más poderosa que nosotros (víctimas), otras veces nos sentimos poderosos y tal vez abusamos de otras personas inconscientemente (agresores), o tal vez vemos las injusticias que sufren los demás y nos ofrecemos para ayudarles (salvadores).

La existencia de estos roles en un grupo da lugar a una estructura típica conocida en análisis transaccional como “triángulo del poder”: agresor (perseguidor) – salvador (rescatador) – víctima. Esta estructura parece estar presente en muchos grupos y ocasiones (familia, trabajo, amigos, socios, etc.). No es raro que una persona, a lo largo de su vida, haya jugado los tres roles anteriores, incluido el de agresor. Ahora bien, curiosamente tenemos una inevitable tendencia a olvidarnos de las veces que hemos sido “agresores” y recordamos fácilmente todas las veces que hemos sido “víctimas”, normalmente desamparadas y sin poder alguno. Desde tal actitud lo único que nos queda es la queja y el recurso al terrorismo. Superar nuestro victimismo es un primer paso insoslayable en el proceso de empoderamiento. Es necesario cambiar nuestra actitud, aprender a releer nuestro pasado de diferente manera (entre otras cosas porque “nuestro” pasado no tiene casi nada de nuestro y suele ser una recreación a partir de datos fragmentados e inconexos) y desarrollar una actitud creativa ante la vida.

Con un cambio de actitud, el triángulo del poder se puede transformar en el triángulo del descubrimiento. El agresor que se hace consciente de su rango y que pasa a hacer un uso transparente de él se convierte en un auténtico líder: utiliza su poder para el bien de todas, abandona las amenazas y los resentimientos, expone claramente sus razones para hacer las cosas y solicita y respeta el punto de vista de la otra persona. La víctima que se hace consciente de su situación y pasa a hacer un uso transparente del poder (que no olvidemos también tiene) se convierte igualmente en un líder: utiliza su poder para el bien de todas convirtiendo su oposición y crítica en algo útil y constructivo, abandona los deseos de venganza y los pequeños actos terroristas, utiliza incluso la situación más difícil como una oportunidad para aprender y celebra su capacidad para encontrar su propio camino. Por último, el salvador que se llena de humildad y compasión y actúa desde ahí con autenticidad y transparencia se convierte en un verdadero facilitador, en un élder: acoge indistintamente a ambas partes en conflicto, observa la situación global y considera cuánta ayuda es, o no es, adecuada; interviene lo justo y su papel pasa incluso desapercibido.

¿Quién debe llevar la iniciativa en este juego para pasar del triángulo del poder al triángulo del descubrimiento? Quien antes tenga consciencia de ello. Con mucha probabilidad, las víctimas. Porque como dice Paolo Freire en Pedagogía del oprimido:

Paolo Freire
“La gran tarea humanista e histórica de los oprimidos consiste en liberarse a sí mismos y liberar a los opresores. Estos, que oprimen, explotan y violentan en razón de su poder, no pueden tener en dicho poder, la fuerza de la liberación de los oprimidos ni de sí mismos. Sólo el poder que renace de la debilidad de los oprimidos será lo suficientemente fuerte para liberar a ambos”.

Liberémonos pues de nuestra condición de víctimas y utilicemos nuestro recuperado poder en transformar a nuestros agresores y opresores. Transformar a un agresor es difícil, pero sin duda es mucho mejor, y a la larga más efectivo, que querer derrotarlo. Dejemos de ser víctimas y convirtámonos en élderes. Ahí nos encontraremos con otros élderes que antes fueron agresores y juntas podremos cambiar el mundo.

La dinámica del poder
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Martin Luther King, sacerdote, activista y destacado líder en el movimiento Norteamericano por los derechos civiles, representa de manera notable el rol de una persona que se niega a ser víctima y utilizando su poder con trasparencia se convierte en un auténtico líder para su comunidad.
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