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| El "corpus" platónico |
El concepto de belleza | La teoría
del arte | El concepto de mímesis | Resumen
e ideas básicas | Arte y destreza | Imitación
| Belleza | Arte y conocimiento
| Arte y moralidad |
El "corpus" platónico
Platón abordó todos los problemas estéticos fundamentales. Los análisis más importantes se encuentran en:
Ión (presenta la teoría espiritualista de la poesía),
Banquete (presenta su teoría idealista de la belleza) y la
República, que corresponden a los escritos de juventud, al
período anterior a la Academia (hacia el 399-387 ane)
Sofista, las Leyes, elaborados al final de
su vida (del 367 al 348/347 ane)
en el Fedro, redactado entre ambos períodos
Las cuestiones estéticas se entrelazan en Platón con las metafísicas y éticas. Sus teorías metafísicas y éticas imprimieron a su vez su huella sobre las estéticas: la teoría idealista de la existencia y la teoría apriorística del conocimiento influyeron sobre su concepto de la belleza, mientras que la teoría espiritualista del hombre y la moralista de la vida se reflejan en su concepción sobre el arte. Es, pues, imposible comprender la estética de Platón sin su teoría de las ideas, del alma y del estado perfecto.
1. El concepto de belleza
"Si es que hay algo por lo que vale la pena vivir, es por contemplar la belleza", escribe Platón en el Banquete (todo el diálogo es una loa entusiasta de la belleza como máximo valor). Pero cuando habla de belleza no se refiere únicamente a lo que agrada a los ojos y al oído, sino a todo lo que causa admiración y aprobación, lo que fascina o lo que gusta.
En Hipias Mayor, Platón intenta definir el concepto de belleza. En la conversación que mantienen Sócrates y Hipias citan ejemplos que van desde una muchacha hermosa, un caballo, un instrumento musical, una vasija, diseños, cuadros, melodías, hasta ocupaciones hermosas, leyes... Hipias está convencido de que "lo más hermoso es hacer fortuna, gozar de buena salud, adquirir fama entre los helenos y vivir hasta una edad tardía", mientras que Sócrates sostiene que "la más hermosa de todas las cosas es la sabiduría".
Platón entiende, pues, la belleza muy ampliamente; abarca desde los valores "estéticos" a los morales y cognoscitivos. Este concepto difiere poco del concepto del bien. Platón los llega a usar indistintamente. El Banquete lleva el subtítulo Sobre el bien, pero trata de lo bello. Así pues, la frase platónica de que "la belleza es la única cosa por la que vale la pena vivir" cabe entenderla en sentido amplio, y no sólo estético.
De Platón proviene la tríada "verdad, bondad, belleza" que reúne los mayores valores humanos, aunque él mismo añadía "y toda virtud afín". Fue en tiempos posteriores que se puso más acento sobre el valor estético.
¿Cómo define, pues, lo bello?. En Hipias Mayor nos proporciona cinco definiciones:
lo bello es lo conveniente
lo bello es lo útil
lo bello es lo que sirve para lo bueno
lo bello es un placer para la vista y para los oídos
lo bello es la grata utilidad
En Gorgias admite que la belleza del cuerpo consiste algunas veces en que sirve para su finalidad, y otras en que lo hace agradable para ser contemplado.
La idea de que "la belleza es lo conveniente" (es decir, lo apto para su fin) es de Sócrates. Pero Platón la rechaza con dos argumentos:
lo que es adecuado puede ser un medio para llegar a lo bueno, pero no
puede constituir lo bueno por sí mismo, mientras que lo bello siempre es
bueno.
entre hermosos cuerpos, formas, colores o sonidos, efectivamente se
encuentran los que apreciamos por su utilidad, pero hay también otros que
apreciamos por ellos mismos en cuanto tales, y estos últimos no entran en
la definición socrática.
La idea de que "lo hermoso es lo que produce placer por medio del oído y de la vista", proviene de los sofistas, y no fue aceptado por Platón, con el siguiente razonamiento: el placer no puede ser un rasgo que defina la belleza, ya que existen placeres que no están vinculados con la belleza, es decir, los que no atañen ni a los ojos ni a los oídos. Los sofistas que afirmaban que es bello lo que es común para los ojos y los oídos, no explicaban qué elemento los unía.
Platón, pues, refuta la definición de los sofistas por ser demasiado restringida y porque interpretan la belleza subjetivamente ya que los placeres provocados por los bellos objetos no son una propiedad objetiva que éstos tienen, sino una reacción subjetiva hacia los mismos; y entiende la belleza objetivamente: "No tengo interés por lo que parece bello a la gente, sino por lo que lo es".
De hecho, la definición hedonista de lo bello formulada por los sofistas puede interpretarse de la siguiente manera: al definir la belleza mediante el placer proporcionado por ella, no querían decir que lo bello consistiera en el placer sino que nosotros lo reconocemos en virtud del placer experimentado: lo bello no es una propiedad, sino una comprobación de la belleza. Para Platón esta tesis es inadmisible: el placer, que es notoriamente fugaz, no sirve como prueba de una propiedad permanente como es la belleza, sosteniendo el filósofo que poseemos un sentido innato y permanente de la belleza, de la armonía y del ritmo, y que sólo este sentido puede constituir para nosotros una prueba de ellos. Por tanto, para Platón:
la belleza no se limita a los objetos sensibles
es una propiedad objetiva de las cosas bellas y no una reacción
subjetiva de la gente hacia ellas
la prueba de la existencia de la belleza es un innato sentido de lo
bello y no el sentimiento fugaz del placer
no todo lo que nos gusta es bello de verdad, a veces sólo lo aparenta
Rompiendo con la convicción tradicional de que es bello lo que gusta, lo que parece hermoso, Platón abrió el camino para la crítica estética y para los juicios estéticos exactos y erróneos, y dio paso a las especulaciones acerca de la esencia de la verdadera belleza.
La concepción pitagórica, asumida y desarrollada por Platón, veía la esencia de la belleza en el orden, la medida, la proporción, el acorde y la armonía. Concebía, pues, la belleza como:
una propiedad dependiente de la disposición de los elementos
una propiedad cuantitativa, matemática que podía expresarse por
números
"La medida y la proporción son la belleza y la virtud"; con estas
palabras termina el Filebo de Platón. En el Sofista añade:
"la desproporción... es en todas partes fea". En el Timeo
también habla de la dependencia entre la belleza y la medida, y explica
que son la medida y la proporción quienes deciden sobre la belleza de las
cosas y les proporcionan su unidad. En el Político aclara que la
medida en unos casos hay que entenderla como el número y en otros como la
moderación y la conveniencia.
Platón sostiene que el sentido de belleza no difiere del de orden, medida, proporción y armonía y que es una particularidad del hombre, una manifestación de su parentesco con los dioses. De esta convicción deriva también su juicio sobre el arte.
admira a los egipcios porque habían comprendido que en el arte,
igual que en la vida, lo más importante son el orden y la medida, y
que el que encuentre la medida adecuada deberá atenerse a ella sin buscar
formas nuevas
censura el arte ateniense contemporáneo a él por haber perdido la
medida y haberse dejado engañar por la insidia de los "placeres
desordenados"
Contrapone el "buen arte", basado en la medida, al malo, apoyado en las
reacciones emotivas y sensuales de los humanos. Para Platón el juicio de
los sentidos no constituye un criterio válido para la belleza y para el
arte.
en el Menón concede un lugar privilegiado a dos cuadrados que
quedan en tal relación que el lado de uno constituya la mitad de la
diagonal del otro (muchos arquitectos basaron las proporciones de las
obras más monumentales en la relación existente entre estos dos cuadrados)
en el Timeo sostiene, en cambio, que existen sólo cinco figuras regulares tridimensionales que, dada su regularidad, son "cuerpos perfectos". Mantiene que el mundo está constituido sobre ellas, ya que Dios al construirlo no pudo aplicar otras proporciones sino las perfectas. Y éstas proporciones también las recomienda para el arte, especialmente los triángulos equiláteros y pitagóricos. Cree también que sólo estas formas perfectas son verdaderamente bellas. Así la geometría suministraba los fundamentos a la estética.
Pero Platón no pregona una estética formalista; a pesar de que atribuye a la forma el papel preponderante en el arte y en la belleza, trata la forma como disposición de los elementos y no como apariencia de las cosas.
En su madurez, a la vez que sostenía que en el mundo existen no sólo cuerpos sino también almas y que éstas son más perfectas que aquellos, plantea una concepción de la belleza no limitada a los cuerpos, puesto que la belleza debe ser propiedad de las almas y de las Ideas (la belleza máxima se halla en la Idea, que es la "belleza misma"). Consecuencia de esta concepción fue la espiritualización e idealización de la belleza. Si el hombre ha de realizar algo bello, sólo puede hacerlo a semejanza de la Idea. La belleza del cuerpo y del alma es fugitiva; sólo la de la Idea es eterna.
Al hablar de la belleza espiritual y al elevarla por encima de la corporal, llega al concepto de aquella belleza perfecta de la Idea que supera todo entendimiento. Este nuevo concepto:
extiende el alcance del concepto griego de la belleza haciéndolo
abarcar también los objetos abstractos, inaccesibles para la experiencia
introduce una nueva valoración; la belleza real, todo lo que hasta
entonces había sido considerado como bello, quedaba devaluado frente a la
belleza ideal
introduce una nueva medida de la belleza; el grado de la belleza de las cosas reales dependía ahora de su mayor o menor distancia respecto a la Idea de lo bello
Hasta entonces se habían sugerido tres medidas de la belleza:
la medida sofista: la subjetiva experiencia estética, el grado
de placer comprendido en ella
la medida pitagórica: la forma objetiva, el grado de
regularidad y armonía
la medida socrática: el fin que había de cumplir y el grado de adaptación a dicho fin
Platón propone una cuarta medida: la idea de la belleza perfecta que llevamos en la mente y con la cual medimos la belleza real. El concepto de Platón y el de los pitagóricos se complementaban mutuamente, ya que la Idea de la belleza no podía consistir sino en la regularidad y en la armonía.
El pensamiento filosófico de Platón dio a su estética un matiz idealista y moralista. Su convicción de que los mayores bienes son los morales ejerció también una influencia sobre su manera de entender la belleza. Los griegos consideraban bueno lo que era bello, mientras que para Platón era bello lo que era moralmente bueno. Para los griegos, lo más seguro era que ciertas cosas eran bellas, es decir, causaban admiración y estima, y por causarlas eran buenas. Para Platón, al contrario, lo más seguro era que existía lo bueno, y si era bueno debía causar admiración y estima.
En las Leyes distingue entre el gran arte (megaloprepés) y el arte de la moderación (kósmion), separando la belleza austera y llena de dignidad de la más superficial y ligera. Su distinción originó la diferenciación, tan importante para los tiempos posteriores, entro lo bello y lo sublime.
En el Filebo distingue entre la belleza de las cosas reales (y de su representación en pintura) y la belleza de las líneas rectas o de los círculos, de los planos y de los cuerpos sólidos del otro. La primera la considera una belleza relativa, y en cuanto a la segunda afirma que "es hermosa siempre y por sí misma". Así sostiene que aquellas formas y colores, sencillos y bellos, del mismo modo que los sonidos y en parte también los aromas, proporcionan deleites especiales, tanto más excepcionales en cuanto no van mezclados con dolor alguno. De este modo, Platón distingue por sí mismas las experiencias estéticas, lo cual es digno de atención dado que los griegos generalmente no solían admitir que la experiencia estética fuese diferente a todas las demás.
2. La teoría del arte
Su teoría del arte no está muy estrechamente relacionada con su teoría de lo bello. La mayor belleza la reconoce en el universo y no en el arte, y en muchas de las artes no percibe ningún vínculo que las una con la belleza.
Para él, como para los demás griegos, era arte todo lo que el hombre produce con habilidad y para algún fin. Incluye en el arte también la técnica, pero no la poesía, que considera ligada a la inspiración y no a la habilidad. "Todos los buenos poetas épicos dicen todos esos bellos poemas no por una técnica, sino estando endiosados y poseídos, y los buenos líricos igualmente" (Ion 533 e). También en el Fedro describe Platón la poesía como sublime locura. "El que sin la locura de las Musas llegue a las puertas de la poesía, persuadido de que llegará a ser un poeta eminente por medio de la técnica, será imperfecto, y la poesía del hombre cuerdo es oscurecida por la de los enloquecidos" (Fedro 245 a).
Estos juicios encierran la clásica contraposición entre la inspiración y la pericia técnica.
En la República (601 d) divide las artes en tres categorías:
artes que utilizan los objetos,
artes que los fabrican
y artes que los imitan
En el Sofista (219 a) distingue entre:
la "ktética", o sea, el arte de aprovechar lo que se halla en
la naturaleza
y la "poética", es decir, el arte de producir lo que no se encuentra en la naturaleza.
La importancia de estas divisiones para la estética fue la separación entre artes representativas, imitativas y miméticas (aunque Platón no enumeró las artes comprendidas en cada clase, ni tampoco definió exactamente cada grupo ni trazó límites entre ellos).
Si el arte representa la realidad, surge la pregunta de si lo hace conforme a la verdad. Platón introdujo el concepto de "mimesis" el elemento de imitación en el sentido de reproducir, de repetir el aspecto de las cosas. Pero conservó el antiguo significado de imitar, en el sentido de presentar o representar, como se hace en el teatro. Esto le llevó a la conclusión de que el pintor o el escultor, al "imitar" al hombre, no crean otro hombre parecido, sino que crean su imagen. Dicha imagen pertenece a un orden distinto que el hombre real y, a pesar de las semejanzas, tiene otras propiedades. Por ello el concepto platónico de mímesis encierra dos elementos:
el artista crea una imagen parecida a la realidad
es una imagen irreal
Por un lado, las obras de arte son "imitaciones", pero por otro, son "fantasmas". A las artes imitativas que crean imágenes ilusorias, Platón contrapone aquellas que crean verdaderas cosas. La característica esencial de las artes imitativas, de la pintura o de la escultura, de la poesía o de la música, no está sólo -para Platón- en lo imitativo, sino también en lo irreal de sus obras.
En cuanto al problema de la semejanza entre el arte imitativo y la realidad imitada, escribe en el Cratilo que una copia fiel no tiene valor artístico, siendo simplemente una copia del original, pero que, por otra parte, una imitación infiel es una falsedad.
En el Sofista divide las artes entre las que producen cosas (recipientes o utensilios) y las que producen únicamente imágenes. Estas segundas, a su vez, las subdivide entre las que muestran objetos guardando sus proporciones y colores y las que no toman en cuenta su aspecto, sino, al contrario, cambian dichas proporciones y colores (Sofista, 235 D-236 C). Estas últimas ya no son "imitaciones", sino "ilusiones". No fue tanto el carácter representativo del arte como su ilusionismo lo que decidió que la opinión de Platón sobre el arte fuera tan negativa.
Uno de los objetivos primordiales del arte fue para Platón su utilidad, que entendía como utilidad moral, como un medio de formar el carácter. Pero entendía el problema socialmente, manteniendo que el arte debe participar en la creación del Estado perfecto y de las buenas y duraderas condiciones de existencia para sus ciudadanos.
Pero el arte, para cumplir los designios que le corresponden, debe atenerse a las leyes que rigen el mundo, debe penetrar en el plano divino del cosmos; si el arte forma las cosas, ha de hacerlo conforme a este plano y a las leyes universales. Si no, será acusado de falsedad: un arte sin verdad no puede ser buen arte. Así pues, la veracidad o la justedad es la segunda función fundamental del arte. Todo lo que hace ha de ser "oportuno, acertado, conveniente, sin desviaciones hacia los extremos", ya que cada desviación de las leyes que rigen el mundo es un extravío, un error.
Platón exige del arte, pues, dos cosas:
que construya sus obras de acuerdo con las leyes del cosmos
y que dé forma a los caracteres según la Idea del bien.
Para él existen dos criterios de buen arte:
el de la justedad
y el de la utilidad.
Con todo, Platón condena el arte de su tiempo:
por sus aspiraciones a la novedad y a la variedad,
por sus efectos subjetivos y deformaciones de la perspectiva,
por toda su subjetividad, individualismo e ilusionismo.
Por todo ello exigía que el arte se atuviese a la tradición. Le llamaron el "primer clasicista" ya que fue el primer pensador destacado en cuyo programa se retrocedía al arte del pasado.
En su evaluación negativa del arte Platón se sirvió de dos argumentos correspondientes a los dos criterios que había aplicado, y sostenía que el arte no responde a ninguno de ellos. Según él, el arte ni es adecuado ni útil,
primero porque induce al error y da una imagen falsa de la realidad
y segundo porque corrompe al pueblo.
¿Cómo el arte puede inducir a error si -conforme a Platón mismo- representa la realidad?. Porque, según creía, el arte representa la realidad deformándola, proporcionando así una imagen ilusoria. E incluso cuando no la deforma, representa sólo el aspecto superficial de las cosas. Y de acuerdo con la filosofía de Platón, el aspecto externo y sensorial de la realidad constituye no sólo una imagen superficial sino también falsa (Político, 288 C; República, 598 A; 603 A; 605 A; Leyes, 889 A).
¿Por qué el arte corrompe? Porque afecta los sentimientos y los estimula, mientras que el hombre -conforme a la filosofía de Platón- debería guiarse exclusivamente por la razón. Influyendo sobre los sentimientos, el arte debilita el carácter, adormece el celo moral y social del ciudadano.
La crítica de Platón no fue una evaluación estética del arte sino, como mucho, una demostración de que el arte es inútil en el aspecto moral y cognoscitivo.
3. El concepto de mímesis
Fue Platón quien estableció como base el concepto de imitación para cualquier discusión sobre las artes. Y hasta nuestros días, el concepto de imitación, tanto si es aceptado como si es rechazado, se ha mantenido como el centro de cualquier interpretación del arte.
Pero, ¿qué significa imitación?. Platón utilizó el término "mimesis" unas veces para referirse a alguna actividad humana específica; otras, para designar todas las actividades del ser humano; y otras, lo aplicó, incluso, a la naturaleza, a los procesos cósmicos universales y divinos. ¿Qué quería expresar cuando usaba el término en relación a las artes visuales?
La concepción platónica de la realidad es jerárquica. La realidad empírica no es más que una aproximación a la "existencia absoluta" (es decir, a las Ideas), pero participa poco de ellas (Fedón, 74 b y ss.) y, por consiguiente, es sólo su "imagen" (Fedro, 250 b). El uso platónico del término "imagen" muestra que su teoría de la imitación está estrechamente relacionada con su concepción jerárquica de la realidad. La imagen pictórica no es más que una aproximación del objeto material al que imita; nunca es una verdadera copia de él. "¿No te percatas de lo mucho que les falta a las imágenes para tener lo mismo que aquello de lo que son imágenes? (Cratilo, 432 b). La imitación, así pues, no es otra cosa que una sugerencia o evocación. La formulación de este punto de vista se encuentra en un pasaje del libro X de la República, donde Platón introduce el ejemplo del lecho. Sólo hay una forma o idea de lecho. El carpintero imita esta idea realizando un cierto tipo de lecho, de un material específico y de una forma concreta. El pintor que lo representa no reproduce realmente el producto del artesano; él pinta sólo su apariencia óptica, el lecho como él lo ve desde un cierto ángulo, con una cierta luz... El pintor se encuentra, de esta manera, doblemente apartado de la realidad última, esto es, de la idea.
El rechazo de Platón de la imitación pictórica se basa en el carácter ilusionista de la pintura. La percepción sensual es confusa, y el dominio de la experiencia óptica, en la que se basa la pintura, está desprovisto de verdad. "Y las mismas cosas parecen curvas o rectas según se las contemple dentro o fuera del agua, o cóncavas y convexas por el error de la vista en lo relativo a los colores, y es patente que se produce todo este tipo de perturbación en nuestra alma" (República X, 602 c-d). Los hábiles usos de la perspectiva y la policromía son denunciados como impostura y fraude.
La imitación como tal es inferior, no sólo a causa del lugar de la imagen en la jerarquía del ser, sino también porque el imitador, ceñido a las apariencias, no conoce el objeto que representa. El poeta y el pintor producen imágenes propias de un zapatero sin saber nada sobre zapatería. Sólo el jinete conoce la forma de las riendas; el curtidor que las manufactura sólo posee una "opinión" o "auténtica creencia"; el pintor que las representa no tiene ni siquiera tal opinión; el sólo conoce su apariencia (República, X 601).
Dentro de la representación pictórica, sin embargo, Platón distingue, a veces, entre dos clases.
Un tipo es el denominado "construcción del parecido", cuyo
criterio es el afán por la corrección y fidelidad al objeto representado.
La construcción del parecido se consigue en el momento en que el artista
produce una imagen, cuando "toma del mismo modelo sus relaciones exactas
de longitud, de anchura y de profundidad, y reviste además cada parte de
los colores que le convienen" (Sofista, 235 e).
La "imitación fantástica", el otro tipo de imitación pictórica, se caracteriza por una completa adhesión a las apariencias engañosas que no se corresponden con la realidad externa, o por la creación intencionada de ilusiones ópticas convincentes. Las ilusiones perspectivistas son los mejores ejemplos conocidos de imitación fantástica. Ajustar una estatua monumental a las condiciones bajo las que deberá ser contemplada es uno de los ejemplos aducidos por el mismo Platón. Si algunos escultores "reprodujeran, en efecto, estas bellezas con sus verdaderas proporciones, tú sabes bien que las partes superiores se nos aparecerían demasiado pequeñas y las partes inferiores demasiado grandes, puesto que vemos las unas de cerca y las otras de lejos" (Sofista, 236 a). alargar las partes superiores para crear una correcta "apariencia" es imitación fantástica. La imitación fantástica es, por supuesto, falsedad.
4. Resumen y ideas básicas
a) arte y destreza
Hablar de estética platónica es referirnos a sus ideas filosóficas en torno a las bellas artes sobre las que reflexiona:
artes visuales (pintura, escultura y arquitectura)
artes literarias (épica, lírica, poesía dramática)
artes con intervención musical (danza y canto)
No les asigna un nombre especial, sino el genérico de destreza (techne)
En el Sofista, las habilidades se dividen en:
adquisitivas
productivas
productivas de objetos reales, tanto de origen humano como divino
(plantas y elementos hechos por los dioses, casas y cuchillos hechos por
los humanos)
productivas de imágenes (eidola), que también pueden ser humanas o divinas (reflexiones y sueños de los dioses, realizaciones pictóricas de los hombres)
Las imágenes, que imitan pero no pueden desempeñar la función de sus originales, se subdividen; el imitador puede llevar a cabo:
una representación genuina (eikon) con las mismas propiedades
de su modelo
una representación aparente, o apariencia (phantasma), que sólo se parece al original (v.gr.: las correcciones ópticas en arquitectura)
Toda imitación ha de diferir de su original; si fuese perfecta, no sería una imagen (eidolon) sino otro ejemplar de la misma cosa. Así pues, toda imitación es en cierto sentido, a la vez verdadera y falsa, posee a la vez ser y no ser (Sofista, 240 C).
b) Imitación
El término "mimesis" es uno de los más problemáticos de la estética de Platón, al igual que el de sus sustitutos o sinónimos: methexis (participación), homoiosis (parecido) y paraplesia (semejanza).
Si todas las cosas creadas son imitaciones de sus arquetipos eternos o "formas", las representaciones pictóricas, los poemas dramáticos y los cantos son imitaciones en un sentido más estricto: son imágenes. Es esto lo que sitúa a las artes en el segundo grado de alejamiento de la realidad de las formas, en el más bajo de los cuatro niveles de conocimiento, la eikasia (conjetura) [República, 509-511].
En el libro X de la República, dice que el pintor representa la cama no como es, sino como aparece. Esto es lo que le sitúa en la "tribu de los imitadores" (Timeo, 19 D) y lo empareja con los pseudoartífices (Gorgias, 463-465), que no poseen una habilidad auténtica, como las medicinas, sino una pseudohabilidad o destreza (tribe), como los cosméticos, que nos dan una apariencia de salud más que la salud misma.
c) Belleza
¿Deben las artes contener o ser vehículos de conocimiento?
Antes de abordar esta cuestión hay que considerar otra: si el arquitecto como realizador de apariencias, cambia la realidad para hacerla más agradable a la vista, ¿por qué lo hace? Busca aquellas imágenes que han de parecer bellas (Sofista, 236 A).
Las artes, pues, pueden encarnar o materializar en diversos grados la cualidad de la belleza (to kalon es un término que puede asumir sentidos más generales de adecuación o conveniencia). La belleza de las cosas concretas puede cambiar o desaparecer, puede ser patente a unos y no a otros (República, 479 A); pero más allá de estas temporales encarnaciones, hay una eterna y absoluta forma de belleza. A su conocimiento se accede a través de las bellezas parciales (Fedro, 249 B-C).
¿Cuál es el camino que conduce a la belleza?: el hombre poseído por el amor (eros) de la belleza, ha de ir de la belleza corporal a la belleza intelectual, a la belleza de las instituciones, de las leyes e incluso de las ciencias y, finalmente, a la belleza en sí misma. Observamos que no se atribuye a las artes ningún papel en este proceso.
¿Qué es la belleza? ¿Qué condiciones se requieren para que la belleza s encarne en un objeto?. La belleza, o bien es lo que resulta beneficioso o agradable a través de los sentidos del oído y la vista, o bien depende de esto. Las cosas bellas tienen muy en cuenta la debida proporción entre las partes, mediante un cálculo matemático (cfr.: Timeo, 87 C-D; Político, 284 A). "Las cualidades de medida (metron) y proporción (symmetron) invariablemente... constituyen belleza y excelencia" (Filebo, 64 E)
d) Arte y conocimiento
El conocimiento (episteme) en cuanto distinto de la mera opinión (doxa) es una captación de las formas eternas. El arte no es conocimiento porque es imitación de imitaciones (República, 598-601). El poeta aparece colocado en el sexto nivel de conocimiento (Fedro, 248 D).
Una obra de arte encarnadora de belleza, guarda cierta relación directa con una forma. Y si el artista inspirado por las Musas es como un adivino en su desconocimiento de lo que está haciendo (Menón, 99 C), puede tener una especie de intuición de que va más allá del conocimiento ordinario (cfr. Leyes, 682 A). su locura (mania) puede deberse a la posesión por una divinidad que le inspira lo verdadero (Fedro, 245 A; Ión, 533 E, 536 B).
Más aún, puesto que las artes pueden ofrecernos auténticas semejanzas, no sólo de apariencias sino de realidades, e imitan incluso el carácter o personalidad moral del alma humana (República, 400-401 B; cfr. Jenofonte, Memorabilia, III, viii), es posible, y hasta obligatorio, juzgarlas por su verdad o su semejanza con lo real.
El juez competente debe poseer"primero, un conocimiento de la naturaleza del original; después, un conocimiento de la exactitud de la copia; y en tercer lugar, un conocimiento de la perfección con que la copia es ejecutada". (Leyes, 669 A-B)
e) Arte y moralidad
La habilidad suprema, para Platón, es el arte del legislador y el educador, que deben decir la última palabra acerca de las artes, porque están llamados a garantizar que ellas desempeñen el papel que les corresponde en el engranaje de todo el orden social.
El primer problema consiste en descubrir qué efectos producen las artes en los humanos, y este problema tiene dos aspectos:
la delectabilidad del arte. Los placeres que el arte ofrece son
puros, sin adulteración, inocuos (Fedro, 51 B-C) (a diferencia del
placer de rascarse). Por otro lado, la poesía dramática implica la
representación de personajes carentes de dignidad, que se comportan de
forma indeseable e inducen al auditorio a la risa o el llanto inmoderados.
De ahí que sus placeres hayan de ser condenados, a causa de sus
perniciosos efectos sobre el carácter.
la tendencia de las artes a influir sobre el carácter y la conducta. Platón deja claro su convicción de que la imitación literaria de la mala conducta es una invitación implícita a imitar dicha conducta en la propia vida (Leyes, 665 B). Por ello, las leyendas de los dioses y los héroes que se conducen inmoralmente, han de excluirse de la educación de los jóvenes (República, 376 E-411; cfr. Leyes, 800-802, 664 A).
El miedo a la influencia del arte, que subyace en la severa censura y normativa de Platón, va acompañado de un respeto igualmente grande. La medida, tan estrechamente vinculada a la belleza, se halla también, después de todo, estrechamente vinculada ala bondad y a la virtud (Leyes, 655 A; Protágoras, 326 A-B; República, 432). La música, la poesía y la danza son, en el mejor de los casos, medios indispensables para la educación del carácter, susceptibles de hacer a los hombres mejores y más virtuosos. (Leyes, 653-654, 664).
El problema, tal como lo ve Platón en su papel de legislador, consiste en garantizar la responsabilidad social del artista creador, insistiendo en que su propio bien, igual que el de cada ciudadano, ha de subordinarse y ordenarse al bien de la colectividad.
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