"Lo que nos desconcierta profundamente es la sensación que nos invade de que lo que podría ser tema de una instantánea ha sido metamorfoseado por Velázquez en pintura cortesana representativa."

Fritz Saxl: Velázquez and Philip IV

Las Meninas es, sin duda, una obra maestra y, no obstante, su tema no es ni épico, ni mitológico, ni aparatoso: se trata de un retrato de grupo informal, realizado por lo que parece el estudio del artista. Por un lado, parece una instantánea fotográfica; por otro, es pintura cortesana representativa. Quizás es esta tensión entre forma y contenido lo que nos fascina.

Al observar con cierto detenimiento este lienzo, podemos sacar, más o menos, las siguientes primeras impresiones:

Sus dimensiones (318 x 276 cm) nos llevan a pensar que se trata de una obra importante.

La sala es rectangular con cinco ventanas laterales, dos de las cuales están abiertas.

Lo podemos interpretar como un grupo que ha ido a ver al pintor en su taller, donde se encuentra pintando un cuadro.

Parece representar una escena de palacio con una infanta en el medio, rodeada de cortesanos y servidores.

Las figuras son de dimensiones casi naturales.

 

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La luz que entra por la puerta del fondo, que un personaje parece abrir, permite ver la pared del fondo, de donde cuelgan dos cuadros grandes.

En el fondo hay un espejo que refleja a dos personajes.

La mayoría de personajes (6 de los 9 sin contar a los dos del espejo) miran hacia el espectador.

Dominan el conjunto los tonos grisáceos: hay pocas notas de color distribuidas entre la infanta i los personajes del primer plano.

El primer plano está iluminado por la ventana de la derecha; un plano medio está a oscuras y el fondo vuelve a estar iluminado por la luz que entra por la puerta i por la luz que refleja el espejo, luz que proviene, probablemente, de la misma ventana que ilumina el primer plano.

Su ejecución responde a los cánones del  naturalismo ("se pueden contar los pelos del perro" suelen decir los espectadores).