La planta
"La perfección nace poco a poco por medio de muchos cálculos" |
Observando la planta del Partenón es fácil darse cuenta de que se trata de una construcción de planta rectangular, rodeada por una
galería de columnas. Se trata de un Recorriendo la planta, lo primero que encontramos es un pórtico anterior –pronaos- o entrada de acceso al recinto sagrado; después le sigue un gran espacio rectangular con dos salas contiguas: la naos o cámara
principal, de planta rectangular y dividida por una columnata de estilo dórico y en dos niveles en forma de U que enmarca la estatua de Atenea, escultura criselefantina obra de Fidias de 12 metros de altura, cuyo basamento aún permanece in
situ, y
Finalmente, encontramos el opisthodomo o pórtico posterior que permite el acceso a la cámara de las vestales, dada la incomunicación existente entre las dos salas interiores.


La superficie
Un deseo de perfección abstracta recorre todo el edificio. Por la preeminencia que la filosofía griega
da a las formas sensibles, cada objeto tiene que ser representado de la manera más directa, y su comprensión tiene que reducirse a las percepciones sensibles inmediatas. Y, ¿cuál es el límite de estas percepciones? Es, en primer lugar, la superficie. Por esto, la consistencia de cada cosa está, sobre todo, relacionada con la conformación geométrica que involucra, que tiene que ser representada con la máxima claridad y precisión.
Las superficies aíslan y distinguen entre sí a los objetos, y cada objeto tiene que ser reconocido en su individualidad antes de formar parte de un conjunto. Esto ayuda a comprender las relaciones entre el orden y el edificio (por esto es
interesante conocer el nombre de todos los elementos que intervienen en la configuración de un orden). Observemos el Partenón como ejemplo de
columnas
rodean la cella a intervalos regulares; detrás, la pared hace de plano de fondo que recibe las sombras producidas y da el máximo de relieve a los elementos del primer plano
Los órdenes dórico y jónico
Dada su concepción "científica" de la arquitectura, para todas las artes suponen la
existencia de unas reglas objetivas, similares a las leyes de la naturaleza, y consideran que el valor de cada experiencia particular consiste en adecuarse a ellas. En arquitectura, a estas reglas se les ha llamado órdenes: orden dórico, orden jónico y
orden corintio. Los órdenes no son, sin embargo, una forma sensible, no son reglas materiales, es decir, modelos totalmente determinantes, sino reglas ideales,
son una forma intelectual, visible sólo con los ojos de la mente; entre la forma intelectual y la ejecución práctica existe un margen que llenará la libertad del diseñador. En el templo dórico, por ejemplo, existen una serie de problemas
típicos:
El sistema trilítico
Los diseñadores fueron seleccionando la multiplicidad de las soluciones arcaicas, y cada vez que encontraban
una solución convincente la consideraban como una norma adquirida. Pero, ¿qué permite este sistema de control indirecto?:
La existencia de estas reglas garantiza la profundización de las investigaciones en un campo determinado, pero las obstaculizan en otros campos.. El sistema trilítico se convertirá, de esta forma, en el sistema obligado para la construcción
de todos los edificios importantes, a pesar de que los griegos conocían también la bóveda. La limitación del campo no significa necesariamente una menor riqueza de selecciones, porque hace aumentar proporcionalmente la capacidad de
distinguir, pero hace que el equilibrio del sistema cultural sea muy débil: porque depende de las condiciones técnicas, económicas y sociales en el que se ha formado. Por ello es un sistema que no sobrevivirá a la decadencia de la polis. Sin
embargo, a todo ello es preciso añadirle un nuevo razonamiento: el de las deformaciones o correcciones ópticas.
Todas estas correcciones son soluciones para compensar las diferencias de las condiciones visuales de los distintos elementos. Debilitan la autonomía concedida a cada elemento y refuerzan la unidad de conjunto.