Lascaux
Pinturas rupestres de Lascaux Pinturas rupestres de Lascaux
Magdaleniense antiguo, 15.000 ane. Pintura de óxidos minerales sobre la roca. Longitud de los grandes toros: 5,5 m.
Cueva de Lascaux, Montignac


Una de las innovaciones más importantes del Paleolítico superior es la actividad artística, que desde un punto de vista tradicional se han interpretado como representaciones de carácter mágico que tenían como objetivo asegurar el abastecimiento de animales y facilitar la caza, "invocando" la presencia de los animales a través de un pretendido culto a la fecundidad, con lo que las pinturas rupestres guardarían estrecha relación con las figurillas femeninas del arte mobiliar, las llamadas Venus paleolíticas.

Según Leroi-Gourhan, dichas pinturas serían sistemas de comunicación social que se construyen mediante pictogramas y ideogramas: serían, pues, un intento de transmisión ideológica. Sus hipótesis derivan del estudio de la organización de estas manifestaciones artísticas, ya que las figuras no están dispuestas al azar, sino que mantienen un orden constante; su significado deriva de las asociaciones entre algunos animales, entre animales y símbolos y entre los propios símbolos abstractos. Desde su perspectiva, el arte representaría las ideas de la época sobre lo que es natural y lo que es sobrenatural, y simbolizaría mediante imágenes el principio masculino-femenino de la fecundidad. El problema estriba en saber si estamos ante un sistema de integración o cohesión social que permite uniformar y trasmitir distintas creencias y hábitos a través de lugares centrales de reunión y fácil acceso , o si, por el contrario, estas manifestaciones implican la presencia de grupos privilegiados (los iniciados) o de ritos de iniciación (las huellas infantiles se pueden interpretar como la existencia de ritos de paso a la madurez), que constituyen una prueba de una cierta jerarquía social.

Conocido como arte parietal o rupestre por el hecho de tener como soporte las paredes de cuevas o abrigos, consiste en pinturas, grabados y relieves que se encuentran en la entrada o en el interior de las cuevas y, a menudo, en los lugares más recónditos, lo que los inhabilita como elementos decorativos. Sus temas más habituales provienen del contexto animalístico (bisontes, caballos, ciervos, renos, mamuts...). Raramente aparece la figura humana; son frecuentes, no obstante, las representaciones de manos humanas y los motivos simbólicos que se concretan en dibujos geométricos y puntos. Se trata de un arte básicamente realista, teniendo en cuenta la gran diversidad estilística que va desde las simples siluetas de animales hasta la policromía. A menudo encontramos verdaderos murales de figuras sobrepuestas sin constituir auténticas escenas definidas que sugieran una composición. Los animales aparecen casi siempre de perfil, aunque ya hay inicios de escorzo y de movimiento, con lo que algunas figuras tienen un sorprendente dinamismo. Los grabados se hacían con instrumentos de sílex, los pigmentos se preparaban sobre paletas de piedra, se hacían servir andamios para las zonas más altas, y el trabajo en las zonas más oscuras era posible gracias a la iluminación conseguida con unas cazoletas de piedra (o conchas de animales) que, llenas de grasa animal, y provistas de mechas hechas con líquenes secos o ramas de enebro, daban la misma luz que las velas y no hacían humo.

Los pigmentos usados en Lascaux son el óxido de manganeso, el óxido de hierro y el caolín para conseguirlos colores negro, rojo, amarillo y blanco, respectivamente, lo que obligaba a desplazarse más de 20 km para su obtención. En las paletas se mezclaban el polvo de los minerales con el carbón y la arcilla rica en hierro para obtener distintos tonos de los diferentes colores.

Las pinturas de Lascaux seguramente pertenecen a las fases centrales y finales del ciclo auriñaco-perigordiense, momento en que se pasa de los dibujos de contorno punteado en rojo o amarillo a la bicromía y a los contornos en negro. "Lascaux es la catedral de este ciclo, con sus pinturas en diversas técnicas, desde las figuras amarillas, pasando por las bícromas, hata las negras con utilización del degradado como el gran toro negro, prodigio de observación y sensibilidad. En Lascaux también hallamos una de las primeras escenas de caza en la que aparece ya la intención de configurar una composición." (Alvarez, J, y Pita, J.M., ob, cit, pág. 12-13). Como en las demás cuevas importantes, Lascaux no se inscribe dentro de un único período: fue centro de observancias rituales durante miles de años, que abarcan diferentes períodos de la prehistoria: desde la era auriñaco-perigordiense del rebaño de ciervos pequeños de la sala grande, entre dos toros gigantescos, hasta la pareja de bisontes, yuxtapuestos rabo con rabo, que ostentan todos los signos del arte magdaleniense.

"Cuatro toros colosales, de más de cinco metros de longitud, dominan por completo la gran sala oval. Son blancos. Entre ellos vive y florece tranquilamente todo un cosmos de animales más pequeños, diminutos en comparación. Algunos son anteriores a los toros, otros posteriores. (...)

Estos animales-dioses parecen mostrar huellas de largos siglos de veneración y adoración. Es indudable que sus gruesos contornos fueron pintados junto a y sobre animales de épocas anteriores, y que en fecha más reciente se les superpusieron, a su vez, otras figuras.(...)

[Estos toros] son más recientes que el rebaño de ciervos (...), la línea curva de sus lomos y sus patas fusiformes son sintomáticas del arte auriñaco-perigordiense temprano. Por otra parte, los toros son más antiguos que los caballos rojos y negros que corren por encima de ellos, y que poseen ya ese cuerpo vigoroso y rebosante de movimiento que es tan típico del magdaleniense.

Pasemos ahora a los contornos de los propios toros. Los dos primeros, que aparecen enfrentados, dan una impresión de movimiento congelado. (...) Se aprecia la poca soltura del contorno en el tratamiento de las líneas de lomos y vientres, así como en las uniones de cuerno y cuello, barba y garganta y patas y tronco. Las patas, sobre todo las del segundo, parecen muñones de madera pegados. Estos pormenores apuntan a una fase temprana del arte, aunque no, desde luego, a sus comienzos. Nadie se habría atrevido a trabajar en dimensiones tan desmesuradas en las primeras épocas de la pintura." (Giedion, S., ob. cit., pàgs. 453-466)

Según Annette Laming, las pinturas de las paredes de las cuevas no son composiciones fortuitas: hay que verlas como diseños deliberadamente ideados y planificados, como lo demuestra el friso o reunión de animales de una misma especie, representados según un estilo determinado. De la agrupación de caballo y bisonte en Lascaux plantea la hipótesis de que el significado del caballo está relacionado con la imagen de la masculinidad, y el del bisonte con la de la femineidad.

Leroi-Gourhan, a través de un programa de investigación estadística en el que analiza, en más de sesenta cuevas, la ubicación de los símbolos, la distribución de las diferentes especies de animales, el porcentaje de su empleo y su relación entre sí y con símbolos abstractos asociados a ellos, llega a la conclusión que las cuevas no eran santuarios organizados y que las pinturas están organizadas según un plan a lo largo de todas las épocas: "lo que queda en las cavernas de las ideas de las gentes que las frecuentaban implica una organización de singular complejidad mental y tradiciones religiosas muy elaboradas".

Bibliografía


Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Giedion, S. (1995), El presente eterno: los comienzos del arte. Madrid. Alianza ed. Col. Alianza Forma nº 16.
Leroi-Gourhan, A. (1968), Prehistoria del arte occidental. Barcelona. Gustavo Gili.
Leroi-Gourhan, A. (1987), La Prehistoria. Barcelona. Labor. 5ª ed.



Percepcions | Història de l'art | Autoavaluació