Tesoro de Atreo
Tesoro de Atreo Tesoro de Atreo.
Hacia 1350 ane. Cámara circular de 14,5 m de diámetro
Micenas


Hacia el 1.600 ane, algo sucedió en el área del mundo griego que trastornó su desarrollo posterior. Aunque no se sepa con exactitud, sí que tenemos claras algunas de las consecuencias. Micenas se convirtió en un centro de riqueza y poder, y en una civilización basada en la fuerza de su ejército. Se pone de manifiesto en las tumbas que, dispuestas en forma de círculo, se caracterizan por los numerosos objetos depositados (espadas, adornos de oro...) y por la voluntad de resaltarlas, signo indiscutible de una voluntad de inmortalizar poder y autoridad.

A menudo se relaciona este cambio con la llegada de pueblos que conocían el carro de combate y la espada larga. De la presencia del caballo y del carro de combate cabe establecer, como hipótesis, que su uso era claramente militar ya que la técnica del carro exige un aprendizaje y, por lo tanto, una especialización; además, un ejército de estas características supone la existencia de un estado centralizado y potente, así como una autoridad única.

Y precisamente los aqueos, artífices de la cultura micénica y sustitutos de los minoicos en el Mediterráneo oriental, presentan un modelo de sociedad claramente estratificada y gobernada por la clase de guerreros sometidos a un jefe o rey (llamado ánax), quien asume el poder con el apoyo de la aristocracia guerrera (los especialistas de los carros de combate) y de una burocracia, así como centrada socialmente y económicamente en torno del palacio, que desempeña un papel político, económico, administrativo, militar y religioso. El rey concentra y unifica todo el poder, y controla y reglamenta, con la ayuda de los escribas que usan la escritura conocida como lineal B, todos los sectores de la vida económica. Este sistema de monarquía micénica permite y posibilita establecer un control riguroso del estado sobre un extenso territorio, así como concentrar los recursos y las fuerzas militares, lo que facilita la expansión, y organizar expediciones colonizadoras a la búsqueda de metales.

El signo visible de esta concentración de poder lo encontramos en las tumbas de tholos; se trata de cámaras circulares, excavadas en una ladera de una colina, con un pasadizo ("dromos") que conducía al interior, y un techo en forma de cúpula construida con piedras colocadas en círculos decrecientes, y todo cubierto de tierra dando la sensación de un impresionante promontorio.

Paradigma de estas tumbas es la obra conocida como Tesoro de Atreo, cuyas dimensiones reflejan el impacto visual que pretendía reproducir: 17 metros de diámetro, 15 de altura, un pasadizo de 42 metros y un dintel sobre la puerta que debe pesar unas 100 toneladas. Un triángulo de descarga, al igual que en la Puerta de los Leones, aligera el peso del dintel. La cámara funeraria está cubierta con una falsa cúpula, con los sillares tallados en forma curva por su cara interna para simular una auténtica cúpula. Como comenta Finley, "las tumbas de tholos son algo más que arquitectura doméstica a gran escala, que, en otras palabras, los reyes y nobles prodigaron su riqueza y expresaron su poder, arquitectónicamente, en sus cámaras mortuorias antes de emplear su atención en los palacios y casas".

"En la misma Micenas, aparte de las sepulturas reales excavadas en la roca, el monumento más notable es el ya citado Tesoro de Atreo. Es una sepultura y responde al tipo de tumba de corredor extendido por todo el Mediterráneo. Consta de un extenso pasillo -hoy al descubierto-, abierto como trinchera por debajo del nivel del suelo, aparejándose las paredes con sillares. Al fondo se abre el vano rectangular que da paso a la tumba: de gran altura, con jambas inclinadas que reducen el espacio en su parte superior, evocando modelos egipcios. Sobre el vano de la puerta se dispone un frontón triangular en el que debió de existir un relieve o escultura hoy desaparecido. La puerta, encuadrada con dos grandes columnas de tipo cretense, comunica con un pequeño vestíbulo que antecede a la gran cámara destinada a guardar el ajuar funerario. Se trata de una cámara circular, de 14 m de diámetro por 13 m de altura, cubierta por gran cúpula obtenida por aproximación de hiladas de sillares perfectamente aparejados, bien labrados y dispuestos en círculos concéntricos. A un lado de esta cámara se halla la cámara sepulcral del rey, pequeña y rectangular."

Bibliografía

Azcárate, José Mª de (1992), La Arquitectura: de los orígenes al Renacimiento. Vol. 3 de la Historia del arte. Barcelona. Carroggio, S.A. de Ediciones. Pág. 49
M.I.Finley: La Grecia primitiva. Edad del Bronce y era arcaica. Barcelona. Ed. Crítica . 1987. 2ª ed. pàg. 67
Demargne, P. (1964), Nacimiento del arte griego. Madrid. Aguilar.
Porras, Carlos M. (1985), Creta y Micenas. Madrid. Alamo.




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