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Louis Sullivan, Adler, D: Auditorium. 1887/89. Chicago.
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La segunda mitad del siglo XIX fue la gran época de la urbanística, hubo una gran experimentación técnico constructiva, se elevó el nivel de la edificación, especialmente de la británica, pero no el de la arquitectura; por tanto, no surgieron obras definidamente paradigmáticas. Para encontrar edificios que, aun en el ámbito del eclecticismo historicista, representen un salto hacia delante en la historia de la arquitectura, es necesario trasladarse a los Estados Unidos y, en particular, a Chicago.
Chicago se convierte a partir del 1871, después del pavoroso desastre de un fuego devastador que destruyó casi enteramente la ciudad (1831), en el centro comercial más importante de los Estados Unidos. Las praderas del Mississippi, abiertas al cultivo intenso, lo favorecen. En Chicago se centralizan los productos de la agricultura y la ganadería, se crean almacenes fabulosos, instituciones de crédito y de seguros, y nace el mercado del trigo, gobernado por el Grain Exchange. Como ha dicho Carl W. Condit, no es exagerado afirmar que el precio del pan en el mundo se decide en la bolsa de Chicago.
La creciente necesidad de una arquitectura comercial hizo que cada vez se levantaran edificios de mayor altura, puesto que los que se construían eran inmediatamente ocupados. Entonces se adoptó el esqueleto de hierro que había impuesto Le Baron Jenney con su visión de ingeniería (el primer Leiter Buiding de 1879, edificio con seis alturas y planta baja, estructura interna en hierro fundido, pilastras de ladrillo y amplias aberturas, se considera como iniciador de la escuela de Chicago). El alto precio de los solares edificables fue la causa que determinó el nacimiento del rascacielos. La competencia fue, pues, el verdadero protagonista. Dos tendencias caracterizan la escuela de Chicago: la estructuralista de La Baron Jenney, Burnham y Root, y la neorrománica, inspirada por Richardson y enriquecida por Sullivan: su Auditorium está directamente ligado a esta corriente y es significativo por su multifuncionalidad (contiene, además del teatro, oficinas comerciales y un hotel).
La contribución de Norteamérica al modernismo se debe básicamente a dos artistas: el arquitecto Louis Sullivan (1856-1924) y el decorador y artista del vidrio Louis Comfort Tiffany (1848-1933).
Sullivan debe ser considerado como el padre de la arquitectura americana. Por un lado, postuló la funcionalidad y claridad en las formas constructivas; por el otro, utilizó una ornamentación basada en fluidas y libres ondulaciones, muy próximas a las del Liberty europeo (dedicó sus mayores esfuerzos al "sistema decorativo"). En las casas de Max M. Rothschild (Chicago, 1880), el entramado de los miradores está adornado con rosetas y ornamentos vegetales abstractos; en estas formas parecen reunirse el arte popular nórdico, el gótico, los entrelazos celtas y las palmetas griegas. Su origen puede estar en la Grammar of Ornament de Owen Jones (en 1880 apareció una edición americana). Los ornamentos más suaves, más góticamente vegetales, no aparecen hasta 1887-1889 en las escaleras, en el bar y en el anfiteatro del Auditorium. En los almacenes para Carson, Pirie, Scott and Company (1889-1904) aparece una decoración tanto prolífica como recatada, unida siempre a lo plano. La teoría de Sullivan, según la cual la ornamentación debe crecer orgánicamente desde la construcción misma y expresar la estructura, sólo se cumple en la práctica en un sentido muy general. Consideraba el libro de Whitman Leaves of Grass como "el mejor camino para entender cómo podía desarrollarse orgánicamente el arte apartir de la fuerza de la vida americana".
" L. Sullivan (1856-1924) es una figura compleja, se siente atraído profundamente por la búsqueda de "estilo" que le apasionó durante sus años de estudio en Europa y, sin embargo, está convencido de la necesidad de una técnica moderna e innovadora. En el Auditorium de Chicago analiza, profundiza y refina el tema de las grandes arcadas de Richardson. Después afronta con decisión el tema de los grandes rascacielos como protagonistas de las ciudades financieras. Hasta aquel momento el rascacielos era prácticamente una superposición de pisos, un edificio normal multiplicado por diez o veinte con la consiguiente ruptura de todas las relaciones proporcionales. Sullivan desplaza la función portante de las paredes a las estructuras internas; las caras del bloque se convierten en simples diafragmas transparentes a los que la ornamentación modula y califica en la relación con la luz. El edificio se convierte en un organismo unitario, en una figura urbana, y no rompe la continuidad del espacio en el que está incluido. Sullivan es explícito; en los centros urbanos americanos, los espacios interiores son también espacios de la ciudad: el ir y venir de las gentes por las calles continúa en los amplios halls de los buildings, en el incesante subir y bajar de los ascensores, en los pasillos y en las oficinas. El edificio no interrumpe el movimiento de la ciudad, la arquitectura no detiene ni segrega la vida, sino que la filtra e intensifica." (Argan, G.C., ob., cit., pág. 241)
El Auditòrium fue en su tiempo y en América el edificio más complejo y más grandioso de todo el país. Para poder financiar mejor una sala de conciertos y un teatro de ópera se envolvió la sala propiamente dicha en un bloque de edificios cuya explotación permitía sufragar las necesidades financieras de aquél.
Bibliografía
Argan, G.C. (1976), El arte moderno. Valencia. Fernando Torres ed. 2ª ed.
Chueca Goitia, F. (1992), La arquitectura: del barroco a nuestros días. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones. Tomo IV de la Historia del Arte.
De Fusco, R. (1981), Historia de la arquitectura contemporánea. Madrid. H. Blume ed.
Schmutzler, R. (1982), El modernismo. Madrid. Alianza ed. Col. Alianza Forma 12.
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