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Antoni Gaudí: La Pedrera. 1905-1910. Barcelona.
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Obra de Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926), situada en el Paseo de Gracia nº 92, cuyo proyecto está fechado en el 1905 y el final de las obras en el 1910. Colaboraron con Gaudí el arquitecto Josep M. Jujol, los hermanos Badía en la forja, la Foneria Mañach en la cerrajería, E.F. Escofet en los pavimentos, Joan Beltran en el modelismo y el constructor Josep Bayó.
Esta casa de pisos está situada en una esquina del Ensanche barcelonés, en el cruce de Paseo de Gracia con la calle Provenza. El lugar es estratégico y relevante por distintos motivos: el paseo de Gracia se iba consolidando como el eje fundamental de la derecha del Ensanche; la calle Provenza era el límite que separaba Barcelona de Gracia; en el centro del cruce había la fuente de Ceres, obra del escultor Celdoni Guixá; desde este punto las tropas del general Gaminde bombardeó la plaza del Reloj de Gracia para acallar la campana de la parroquia que no cesó de repicar durante los alborotos provocados por una leva de mozos de Gracia (1870); y en este mismo paraje se cobraba el impuesto municipal de los productos que entraban en Barcelona.
El encargo fue realizado por Pere Milà i Camps, aconsejado por Josep Batlló; su mujer, Roser Segimón, no era, sin embargo, partidaria de Gaudí: no aceptó la escultura de Mani que debía coronar el edificio, pleiteó contra el arquitecto por una cuestión de honorarios y destruyó toda la decoración que le había esparcido por el piso. En septiembre de 1905 se pidieron al Ayuntamiento los permisos de demolición de un antigua construcción de tres pisos, y el 2 de febrero de 1906 se presentó el permiso de obras firmado por Gaudí.
Su sistema constructivo es de una gran complejidad estructural, ya que no tiene paredes de carga, sino que todo el edificio se apoya en columnas de piedra o de ladrillo y un entramado metálico. Desaparece, pues, el concepto de fachada al estilo tradicional. Sin embargo, a pesar de las anticipaciones -soporte sobre columnas y edificio antifachada con plana libre- no consiguió fijar un modelo o prototipo de residencia.
El método de trabajo consistía en la elaboración de maquetas de yeso en distintas escalas . Cada planta es distinta; no hay más muro que las fachadas y los cierres de los patios. La fachada se hizo con piedra de Garraf en la parte baja, y de Vilafranca, en la de arriba, con talla de grano grueso, sin pulir. La fachada no es un recubrimiento, sino una estructura de pórticos superpuestos que se podría aguantar por sí misma; está unida al resto del edificio por unas vigas de hierro empotradas en la piedra.
Las complejas y expresivas rejas de los balcones son de hierro de forja elaboradas en los talleres de los hermanos Badía; el nivel de las terrazas es un poco más bajo que el de las habitaciones, y de esta manera las rejas no impiden la vista libre de la calle. La escalera principal tiene forma de serpiente, seguramente para aprovechar la luz natural y solucionar el problema del montante de escalera, que cruza y corta algunas ventanas. La puerta principal, de cristales irregulares, es de acero de forja y las aperturas mayores están en la parte de arriba, que es donde hay más penumbra. Parece que Gaudí se inspiró en el caparazón de una tortuga.
En el subterráneo del patio circular hay una estructura de hierro en forma de estrella o de pulpo de catorce brazos; los subterráneos están concebidos como caballerizas y almacenes, pero los automóviles empezaban a desplazar a los coches de caballos, y los subterráneos fueron habilitados como garajes (el fabricante Feliu, propietario de un gran rolls, obligó a modificar una pilastra para que el chofer pudiese aparcarlo). Su techo es una estructura metálica que recuerda los sistemas de sostén de los techos de las criptas góticas, con una gran clave de bóveda central. Alrededor de los subterráneos y por debajo de la calle, hay un túnel que rodea todo el edificio, por el que se extienden todas las canalizaciones de servicios, tanto los desagües como las cañerías de gas y los cables eléctricos.
Las rejas de los semisótanos consisten en serpentinas de hierro, que experimentan torsiones helicoidales y que presentan una organización en forma de ensanchamientos y uniones en forma de rombos. Las más complejas presentan la serpentina de hierro continua, con la superficie de la cinta girada hacia un lado y hacia el otro, o enroscada; el conjunto está inclinado hacia un lado, como si un movimiento de la fachada hubiese aplastado la ventana y, con ella, la reja. Las aristas de las chimeneas están torneadas; el humo, torneado dentro del tubo de loza, sube rápido en forma de remolino.
La azotea está construida sobre un desván formado con arcos parabólicos de distintas alturas, y esto se traduce en pequeñas terrazas unidas por escaleras. De esta manera, al constar de superficies pequeñas, se evita que se produzcan grietas en la azotea, a causa de la dilatación y contracción. A la azotea se puede acceder por ocho tragaluces de interior troncocónico y escalera de caracol, y cuyo exterior está compuesto por formas geométricas, helicoidales, que acaban con la cruz de cuatro brazos. Los voladizos de la fachada responden a la necesidad de crear sombras para protegerse del sol (los edificios del ensanche situados a la derecha zona montaña, son los que reciben más sol).
La fachada está rematada por una línea cóncavo-convexa, y para darle más expresividad, esta línea se recorta sobre el cuerpo del desván, que acaba con otra línea ondulada sobre la que destacan el juego fantástico de los tragaluces y las chimeneas. De esta manera, las ondulaciones de la fachada están subrayadas por una última ola obtenida por la línea de coronación del desván.
En el friso del último piso se lee la invocación del Angelus: Ave gratia plena Dominus tecum, y en el lugar donde debería estar la palabra María está ocupado por una rosa que hubiese quedado a los pies de la imagen que debía esculpir Carles Mani. La casa, pues, estaba pensada como pedestal de la imagen de la Virgen. En conjunto son elementos que demuestran la importancia que los elementos naturales (la luz, el sonido, el efecto visual) y la religiosidad tenían para Gaudí en el momento de concebir su arquitectura.
Este edificio es, de hecho, un gesto de afirmación social y personal: tenía que marcar la diferencia y Gaudí creó la casa más espectacular de Barcelona (fue declarada, el 1909, de carácter monumental, lo que le eximió de adaptar su volumen a la normativa vigente).
Algunos dibujos publicados por la prensa la ridiculizaron como un garaje para dirigibles o como una mona de Pascua. El político francés Georges Clemenceau la consideró aberrante. Recordemos el nombre de "manzana de la discordia" con el que se conoce la del paseo de Gracia donde se encuentra la Casa Batlló de Gaudí.
Ante este edificio podemos formular diversas interpretaciones: es como una montaña rocosa, o como un acantilado sometido a la erosión del mar; unos hablan de ola petrificada, otros de perfil montañoso de Montserrat.
Es el edificio que cierra el proceso arquitectónico iniciado con el Renacimiento y es la obra que sintetiza la sabiduría científica de Gaudí, su capacidad expresiva y creativa, así como los conocimientos que tenía de arquitectura.
Bibliografía
Renato de Fusco (1981), Historia de la arquitectura contemporánea. Madrid. Blume.
Fernando Chueca Goitia (1992), La arquitectura: del Barroco a nuestros días. Barcelona. Carroggio S. A. de Ediciones. Tomo 4º de la Historia del Arte.
Giulio Carlo Argan (1976), El arte moderno. Valencia. Fernando Torres ed. 2ª ed. Vol. 1
Nexus. Revista semestral de Cultura. Fundació Caixa de Catalunya. Barcelona. Nº 8, juliol 1992. Monográfico: La Pedrera.
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