Marcel Duchamp: Rueda de bicicleta.
 Marcel Duchamp: Rueda de bicicleta. Marcel Duchamp: Rueda de bicicleta.
1913. Ready-made. Altura 125 cm., 64,5 cm diámetro y 60,2 cm altura del taburete.
Museum of Modern Art. Nueva York.


Los dadaistas consideraban el arte como el apoyo de una sociedad burguesa destinada al fracaso y le daban la culpa por no haberla llevado a mejor fin. Es fácil suponer la repercusión de estas afirmaciones en una sociedad que, heredera de los conceptos románticos, consideraba al artista como un ser singular, privilegiado y dotado de facultades poco comunes. Para el dadaismo, el artista era un hombre sin ningún tipo de aptitud especial, y así es como tenía que considerársele. Duchamp propuso utilizar un Rembrandt como tabla de planchar y dibujo unos bigotes en una reproducción de La Gioconda como símbolo de la ruptura con un arte que no era expresión de las auténticas preocupaciones humanas.

Duchamp quiso elevar a la dignidad de arte a objetos simples y cotidianos, los famosos ready-made (objetos manufacturados), como prueba de que el arte era, sobre todo, una actitud mental que residía en el espectador y que, mediante la representación de estos objetos en una sala de exposiciones, se apreciaban las calidades estéticas y no las utilitarias que normalmente sugerían.

Con los ready-made de Duchamp (un objeto cualquiera presentado como si fuera una obra de arte) se da valor a algo que habitualmente no tiene. Al sacar un objeto del contexto que le es habitual y en el que realiza una función práctica, lo sitúa en una dimensión en la que al no existir nada utilitario todo puede ser estético. Lo que determina el valor estético ya no es un procedimiento técnico, sino un acto mental, una actitud distinta ante la realidad. Si cada individuo puede comportarse de manera artística siempre y cuando rompa el círculo vicioso de las reglas sociales, ser artista ya no significa ejercer una determinada profesión que requiere una cierta experiencia, sino ser o llegar a ser libre.

"Dos años después del éxito de los cubistas en el Salón, un año después del escándalo de los futuristas en París -y también un año después de la Guitarra de Picasso, punto de referencia de la escultura moderna- Marcel Duchamp cambia con un solo gesto los raíles por donde circula el arte moderno, que de este modo se lanza en una nueva dirección y durante mucho tiempo.

En 1913 toma la horquilla delantera de una bicicleta, junto con su correspondiente rueda, y coloca el conjunto al revés, sobre un taburete de estudio. A continuación, forma con su nombre esta construcción de objetos, como si se tratase de una obra de arte. A partir de ese momento, este montaje adquiere un valor de obra de arte, no porque lo sea en el sentido tradicional, con mayúscula -además la pregunta sobre si lo es en realidad permanece sin respuesta- sino porque el público, el aficionado o el coleccionista se comportan ante ese objeto exactamente igual que ante una obra de arte. El taburete del taller soluciona de un plumazo el problema de la peana, cosa que Brancusi no había logrado con su híbrida gama de formas artístico-decorativas. Sin embargo, el escabel no es simplemente un pedestal: representa el sillín de la bicicleta.

Desde entonces se advierte que Duchamp ha colocado el mundo cabeza abajo: el sillín en la parte inferior, y la rueda, arriba. La rueda se mueve sin desplazarse de lugar. Agita el aire circundante como si fuese una escoba mecánica y, además, resulta bastante más convincente que las Formas únicas de la continuidad en el espacio de Boccioni". El mismo Duchamp nos explica en qué consisten los ready-made:
"Ya en 1913 tuve la feliz idea de montar la rueda de una bicicleta sobre un taburete de cocina y observar cómo giraba.

Algunos meses más tarde compré una reproducción barata de un paisaje invernal y lo titulé Pharmacy, después de haberle agregado dos pequeños redondeles en el horizonte. En Nueva York, en el 1915, compré en una tienda de viejo una pala de nieve y le agregué esta inscripción: In advance of the broken arm (Anticipando el brazo roto).

Fue un poco más o menos por aquel entonces cuando se me ocurrió la palabra readymade para designar ese género de manifestaciones.

Ahora bien, hay un punto que me interesa sobremanera dejar bien claro y es el hecho de que la selección de esos readymade jamás me ha sido dictada por una delectación estética. Dicha elección siempre está basada en una reacción de indiferencia visual, al mismo tiempo que en una ausencia total de buen o mal gusto..., una anestesia completa, a fin de cuentas. (...) De inmediato advertí el peligro de una repetición arbitraria de tal forma de expresión y decidí, en consecuencia, limitar la producción de readymade a una reducida cantidad por año. Me daba cuenta en esa época de que el arte es para los espectadores, más que el artista mismo, un medio de provocar una obsesión comparable al opio, y quería proteger mis readymade contra tales impurezas".

Estas declaraciones encierran algunos aspectos fundamentales del dadaismo. Rechaza la tradición estilística y los fundamentos esenciales de la actividad artística, así como todos los tópicos que a ella se ligan: la capacidad creadora, la inspiración, el oficio, por lo que hace referencia al "creador", al artista; los géneros, la problemática de las diversas artes, las condiciones estéticas, formales y técnicas, por lo que respecta a la obra de arte. Nada queda en pie de una escultura, y de la veneración hacia ella y hacia el escultor, nada puede decirse de técnicas o estilos, de problemas formales; no se trata de una escultura sino de una manifestación, es decir, la expresión de una actitud que, en cuanto tal, si desea provocar, no puede caer en la redundancia y el aburrimiento.

Bibliografía

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Bozal, V (y otros) (1992), La escultura. Tomo 2 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones, pàg. 257-162
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Mink, J. (1996), Marcel Duchamp 1887-1968. Colònia. Ed. Taschen
Cabanne, Pierre (1984), Conversaciones con Marcel Duchamp. Barcelona. Anagrama.




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