P.Mondrian: Composición en amarillo, rojo, azul y negro
1921.59,5 x 59,5 cm. Oleo sobre lienzo.
Gemeentemuseum, La Haya.


Piet Mondrian, máximo representante del neoplasticismo holandés, propone, a partir de la razón y de modelos teórico-prácticos concretos, una nueva ordenación geométrica del mundo en contra de la irracionalidad destructora de la primera guerra mundial. Tiende siempre a la máxima reducción de los elementos integrantes de la obra artística y convierte las líneas verticales y horizontales, así como los tres colores elementales (amarillo, azul y rojo) en la base de toda su gramática formal. Se caracteriza, en definitiva, por la elementalidad, racionalidad y funcionalidad de las formas.

Concreta de manera rigurosa su poética de los valores primarios o estructurales de la visión: la línea, el plano y el color. Critica al cubismo porque es aún poco racional, dado que del análisis no pasa a la síntesis. Debido a sus intereses filosóficos y religiosos, Piet Mondrian hace una crítica del cartesianismo cubista desde el punto de vista rigorista de Spinoza ("ordine geometrico"). Al igual que Spinoza. Piensa que nada se conoce sin la percepción, pero la esencia de las cosas no se conoce por la percepción, sino mediante una reflexión sobre la percepción: una reflexión en la que la mente actúa por sí sola, únicamente con los medios que le proporciona su propia constitución. Y debido a que la constitución de la mente es igual para todos, todo proceso de la mente tiene que partir de nociones comunes.

Toda la pintura de Mondrian es una operación sobre nociones comunes, sobre la elementalidad de la línea, del plano y e los colores fundamentales. Todas las obras realizadas entre 1920 y 1940 se parecen: son un enrejado de ordenadas que forman recuadros de distintos tamaños y colores elementales entre los que predomina el blanco (la luz); cada uno de ellos depende de una diferente situación perceptiva per o el resultado es siempre el mismo. Toda experiencia de la realidad tiene que revelar la estructura constante de la conciencia.

Un cuadro de Mondrian es una superficie "impresionada" con pocos colores: es la pantalla pictórica de los impresionistas que los cubistas habían transformado en pantalla plástica. Transforma la superficie (empírica) en plano (ente matemático). Al dividir la superficie mediante las coordenadas verticales y horizontales, resuelve en una "proporción" métrica todo lo que, en la naturaleza, se da como anchura y altura. Sólo queda lo que se da en la tercera dimensión y que son las infinitas sensaciones que varían según el color local, la distancia y la luz. Esta es la compleja materia que tiene que ser reducida a los "términos mínimos". En los compartimentos hay variaciones de "cantidad" de luz reducidas a distintas "cualidades" de color, tan distintas como puedan serlo dos números cualesquiera que, en cuanto a números, no son distintos el uno del otro.

Las líneas negras tienen una función muy precisa: sin ellas los colores se influirían y, según Mondrian, entre los colores no tienen que existir relaciones de fuerza sino métricas: no son los sentidos sino la mente quien tiene que valorarlos. Mondrian, de hecho, nos demuestra tres cosas: en primer lugar, que la percepción de un color no cambia, que la valoración del color no cambia, que la valoración del color percibido cambia con la amplitud del área que cubre y con su forma. En segundo lugar, que dos zonas de distinta extensión tienen el mismo valor cuando la diversidad de extensión está compensada por las distintas profundidades del tono. Finalmente, que la proporción perfecta se tiene cuando todos los valores del sistema se equilibran formando un plano geométrico y ya no una superficie geométrica.

La postura moral de Mondrian es eliminar el aspecto trágico de la vida, y es trágico todo lo que viene del inconsciente. Es trágico lo que Mondrian llama el "barroco moderno": el expresionismo, el surrealismo, la alegría de vivir de Matisse, las deformaciones de Picasso, la sonrisa de Chagall. El artista, para Mondrian, no tiene derecho a influir emotivamente y sentimentalmente al prójimo; si descubre una verdad tiene el deber de mostrar cómo ha llegado a ella. Consciente de la responsabilidad cultural del artista, hace de la pintura un proyecto de vida social. Pero no es una sociedad utópica, sin contradicciones, la que él imagina, sino una sociedad capaz de resolver sus contradicciones con el razonamiento y sin recurrir a la violencia.. Por esto, en su mente, su pintura encaja en una perfecta urbanística: su concepción del espacio tiene una profunda influencia en arquitectura.

A pesar de la voluntaria frialdad de su pintura, Mondria es, después de Cézanne,, la mál alta, lúcida y cultivada conciencia de la historia del arte moderno.

Bibliografía

Argan, G.C. (1976), El arte moderno 1770-1970. Valencia. Fernando Torres ed.
Kandinski-Mondrian. Dos camins vers l'abstracció (1994) (catálogo). Barcelona. Fundació La Caixa.
Piet Mondrian (1982) (catálogo). Madrid/Barcelona. Fundación Juan March/Ayuntamiento de Garcelona.
Pleynet, M (1978), "Mondrian veinticinco años después". La enseñanza de la pintura. Barcelona. Gustavo Gili
Schapiro, M. (1988), "Mondrian. Orden y azar en la pintura abstracta (1978). El arte moderno. Madrid. Alianza ed. Col. Alianza Forma 73




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