Joan Miró: La masía.
 Joan Miró: La masía. Joan Miró: La masía
1921-22. 123,8 x 141,3 cm. Óleo sobre lienzo.
National Gallery of Art Washington. Donación de Mary Hemingway.


Con La masía, punto culminante de la etapa figurativa, Miró realiza el paso definitivo hacia la concreción de lo que será su personal lenguaje sígnico. En él aparecen todos los temas que, a lo largo de su obra, se irán repitiendo: el sol, la mujer, los animales del campo, los utensilios domésticos, tratados aquí de manera realista, aunque dotados de una especie de vida propia, como si quisiera individualizar el valor de cada uno de ellos.

Durante el agosto de 1918 escribió: "Mientras voy trabajando una tela la voy amando, con amor hijo de la lenta comprensión. Comprensión lenta de la gran riqueza de matices -concentrada- que da el sol. Fruición de llegar a comprender en un paisaje a una pequeña hierba -¿por qué despreciarla?-, hierba tan graciosa como un árbol o una montaña. A excepción de los primitivos y de los japoneses, casi nadie se acuerda de esto tan divino. Todos buscan y pintan sólo las grandes masas de árboles o montañas, sin escuchar la música que desprenden las diminutas flores y las pequeñas hierbas y sin hacer caso a las pequeñas piedras del barranco". La materia de las obras mironianas no procede de los sueños, ni de las reflexiones intelectuales, ni siquiera de los sentimientos o de las emociones: es una cuestión de energía. Tampoco fue un abstracto: "Todo lo que usted ve en mis cuadros, existe. Cada una de las formas, cada color, deriva de un trozo de realidad. Los conceptos "color puro", "forma pura", carecen para mí de sentido", comentaba en una de sus múltiples entrevistas. Y lo que existe son las formas y los colores de Mont-roig (y posteriormente de Mallorca), los objetos naturales y artesanales que recogía y guardaba en su taller. Y cuando se fue a París la primera vez, en 1919, escribió a sus amigos que estaba pintando "más montroigianamente que nunca". El amor por el objeto, por las cosas táctiles (siempre se recuerda el hecho que cuando estudiaba en la academia de F. De A. Galí, éste viendo que su alumno no captaba el volumen, le hacía tocar un objeto con los ojos cerrados y lo tenía que representar), y el amor por el paisaje (debido al legado del "noucentisme") marcarán la evolución de Miró. No nos deben, pues, extrañar, las manifestaciones de Joan Miró que recoge Sebastián Gasch: "Os aseguro que donde soy más feliz es en Cataluña; el catalán puro creo que es Tarragona. Soy mucho más feliz yendo en suéter y bebiendo en porrón entre los payeses de Mont-roig que no en París, entre duquesas con grandes palacios y con smoking. Toda mi obra está concebida en Mont-roig, todo lo que he hecho en París está concebido en Mont-roig, nunca pensando en París, al que detesto. Cuando pintaba La masía sentía, pues, una gran agresividad para con la gente de aquí, que creía ser de aquí. Cuanto más crecen las raíces de la tierra, más crece la agresividad contra la gente de aquí que no es de aquí. Recuerdo que una vez Doménec Carles, yendo juntos al Club de Natación, reventaba furiosamente la luz de aquí i exaltaba la de París. Yo tengo un desprecio absoluto, en cambio, por el paisaje de la señora parisina. La masía me hacía sentir una agresividad incluso física. Cuando la terminé, volví a París y fue esta tela la que allí me hundió" (Gasch, S., ob., cit., pág. 18)

"La masía culmina y sintetiza todo el primer período de Miró, y contiene de forma más o menos explícita ciertos temas y preocupaciones que retomará en los años siguientes. La obra fue comenzada en Mont-Roig, continuada en Barcelona y concluida en París y constituye la memoria ilustrada del mundo familiar de Miró.

En el centro de este pequeño universo se yergue un eucalipto que proyecta sus ramas al cielo. Bajo su presencia protectora conviven, en un orden preciso, sus pobladores, los utensilios del hombre y una naturaleza domesticada. Cada elemento es individualizado en virtud de un tratamiento detallado y de la atención separada que le concede Miró. El color, más que acentuar la relevancia de determinados componentes, da uniformidad y un aire de melancólica monotonía al conjunto.

Ciertas audacias formales perturban, no obstante, la relajada visión del paisaje: el ritmo escalonado que precede ala casa o la singular concepción del corral (con una perspectiva elemental, empírica o pre-isométrica, y la desaparición del enrejado, solución plástica que facilita el acceso visual al interior).

La masía incorpora también algunos rasgos distintivos del cubismo: la simultaneidad de puntos de vista, por ejemplo, es apreciable en la imbricación entre una visión frontal general y algunos registros que muestran la visión superior, la introducción de tipografía (con la emblemática cabecera del periódico L'intransigeant) o una cierta geometrización de las formas; incluso las facetas cubistas pueden distinguirse en el interior del corral.

"Nueve meses de trabajo arduo y constante! -Nueve meses pintando y borrando cada día y haciendo estudios y destruyéndolos después!" La masía era el resumen de toda mi vida en el campo. Desde un gran árbol a un pequeño caracol, quise poner todo cuanto yo amaba en el campo. Creo que es insensato darle más valor a una montaña que a una hormiga (algo que los paisajistas no saben apreciar), por eso no dudaba en pasarme horas y horas para dar vida a la hormiga. Durante los nueve meses que trabajé en La masía invertía siete u ocho horas diarias. Sufría terriblemente, bárbaramente, como un condenado. Borraba mucho. Y empezaba a deshacerme de influencias extranjeras para ponerme en contacto con Cataluña." (Trabal, F., ob. cit.)

"Empecé La masía en Mont-roig, del natural, volví a trabajar en él en Barcelona y lo concluí en París (...) En París, al retomar el cuadro comprendí inmediatamente que había algo que no funcionaba. Echaba en falta el motivo. Entonces, para poder trabajar del natural las hierbas del primer plano, fui a recoger algunas al Bois de Boulogne y las llevé luego al taller. Pero, una vez allí, me di cuenta de que no podía pintar las hierbas de Mont-roig a partir de las del Bois de Boulogne. Así que, para poder proseguir con el cuadro, pedí finalmente que me enviasen hierbas auténticas de Mont-roig dentro de un sobre. Por supuesto, cuando llegaron, estaban ya secas. Pero, no obstante, y gracias a ellas, pude continuar mi trabajo." (Vallier, D., ob. cit. Pág. 164)

"No me propuse hacer una síntesis de mi obra precedente, sino que esto fue surgiendo a medida que trabajaba la tela. He de confesar que nunca tuve la conciencia de que con La masía terminaba el período realista y comenzaba una nueva época, porque no tenía ni idea de lo que a partir de entonces me deparaba el azar. (Permanyer, Ll. Ob., cit., pág. 45)

Bibliografía

Gasch, S. (1963), Joan Miró. Barcelona. Ed. Alcides. Biografies Populars 12.
Permanyer, Lluís (1978), "Revelaciones de Joan Miró sobre su obra". Madrid; Barcelona: Gaceta Ilustrada, nº 1124 (23 abril), págs. 45-46
Trabal, F. (1928), "Una conversa amb Joan Miró". Barcelona. La Publicitat, nº 16932 (14 julio) (Reedición: Sabadell: Fundació La Mirada, 1992)
Vallier, Dora (1960), "Avec Miró". París: Cahiers d'Art, nº 33-35, págs. 161-174




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