Henry Moore: Figura recostada en tres piezas: vestida.
 Henry Moore: Figura recostada en tres piezas: vestida. Henry Moore: Figura recostada en tres piezas: vestida.
1975. Bronce. Longitud: 446 cm.
Henri Moore Foundation.


"La trayectoria artística de Henry Moore (1898-1986) se inicia mediante la búsqueda de formas capaces de romper con la estatuaria tradicional y académica del ochocientos, formas que encuentra -también en esto de manera similar a otros muchos artistas- en el arte primitivo, las tallas africanas, las tumbas etruscas, la escultura precolombina, etc. El arte de Moore está ligado al nacimiento y desarrollo del arte de vanguardia en Inglaterra, a la configuración de una nueva cultura artística y poética que, en el caso de las artes plásticas, tanto debe a hombres como Roger Fry y Clive Bell (...).

Ahora bien, se equivocaría quien pensase que Moore se ajusta a los criterios de la vanguardia o se limita a dejarse llevar por la influencia exótico-primitiva. Nada más lejos de la realidad. Moore no cumple ninguno de los programas de la vanguardia, y aunque asiste a algunas exposiciones surrealistas, aunque sus contactos estilísticos con Arp parecen bastante convincentes, su estatuaria no responde a movimiento alguno ni se debe, tampoco, a exotismo alguno. No hay posibilidad de interpretar a Moore en clave surrealista, expresionista o cubista, aunque posea algunos rasgos de todos esos movimientos. No hay posibilidad de valorarlo como un ecléctico ni tampoco reintroducirlo en ismo alguno a partir de una clave psicologista. Es cierto que muchas de sus formas poseen una configuración organicista que alentaría ese tipo de disquisiciones, otras nos ponen ante verdaderos tótems de estricta contemporaneidad en su primitivismo, algunas parecen indicarnos la escultura minoica..., pero todos éstos no son sino auxiliares de los que Moore se sirve, de los que parte, no a los que llega.(...)

El problema planteado por Moore en su escultura de los años treinta responde a esta pregunta: ¿cuál es la relación entre la figura humana y el volumen? ¿Cómo definir la figura humana en y por el volumen?. No son dos preguntas, es una. El escultor no pretende establecer relaciones expresivas al modo tradicional, no intenta utilizar el volumen para expresar esto o aquello sino para definir la figura humana. Moore tantea y estudia el comportamiento del volumen y el espacio, el espacio en que está el volumen, el espacio que perfora la masa, la dirección que el material -como si gozara de vida- indica, la relación entre las masas, la continuidad y el acoplamiento, la monumentalidad (...)

La observación de elementos naturales que coleccionaba (huesos, guijarros, troncos, caparazones...) le sirve de inspiración y le revela la asimetría como principio dinámico. Su interés por la continuidad de las formas muy pronto le lleva a experimentar con la masa horadada, a partir de la cual renovará la relación entre la escultura y el espacio circundante. No ignora las posibilidades de la abstracción, pero la mayoría de sus obras conserva un carácter biomórfico, e incluso antropomórfico.

"Todo arte -afirma Moore- es abstracto en cierta medida. Rechazar la abstracción o la realidad es no comprender la naturaleza del arte (...) En lo que a mí respecta, no puedo separar una escultura de lo viviente. Las formas que se ven en la naturaleza, la figura humana o los árboles se hallan mezcladas con mi escultura, e intervienen en ella en tanto que elementos de vida".

Esta ósmosis entre representación humana y comprensión de las formas orgánicas será llevada a cabo por Moore esencialmente a través del tema de la figura extendida o en reposo, que prefiere a todas las demás y que le sirve de pretexto en sus construcciones más audaces:
"Existen tres posturas fundamentales de la figura humana: de pie, sentada, tendida (...) De las tres posturas, la posición extendida es la que da más libertad desde el punto de vista de la composición y del espacio. La figura sentada tiene que estar sentada sobre algo. No puede separarse de su pedestal. Una figura tendida puede colocarse sobre cualquier superficie. Es, a la vez, libre y estable."

El estudio de los huesos le demostró también que la forma exterior es consecuencia directa de una función cuyas exigencias implican una continuidad de la tensión del volumen hasta el interior mismo de éste, aunque esté horadado por necesidades de articulación. Dicho estudio le revela la relación positiva/negativa que existe entre los elementos de una misma estructura. Lo experimenta a través de pequeñas construcciones de varias piezas, que conceden al espacio interior un lugar preponderante; muy pronto la unidad de la escultura estará constituida por el espacio y la forma.

Y cuando Moore logra tener acceso a la monumentalidad, desarrolla una escultura-paisaje que establece con la naturaleza una relación mucho más estrecha, ya que realiza cada una de sus piezas en un sitio en particular:
"Me he dado cuenta de la ventaja que representaba una composición en dos partes separadas, para establecer la relación entre figura y paisaje. Las rodillas y los pechos son montañas. Una vez separadas las dos partes, es imposible pensar que se trata de una figura realista, lo cual -por consiguiente- justifica que se lleve a cabo como un paisaje o un peñasco. Se puede adivinar cómo será una única figura. En el caso de una figura en dos piezas, empero, la sorpresa es mucho más grande, ofrece perspectivas inesperadas (...). El punto de vista frontal no permite predecir el punto de vista desde atrás. Cuando se gira alrededor de la obra, las dos partes coinciden en parte o bien se separan, existe un espacio entre ellas. La escultura es como un viaje. Al regreso, se posee un punto de vista diferente. El mundo tridimensional está lleno de sorpresas...".

Bibliografía

A. Le Normand-Romain, A. Pingeot, R. Hohl, B. Rose i J-L. Daval (1996), La escultura. La aventura de la escultura moderna en los siglos XIX y XX. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones, pàg. 199-201
Bozal, V (y otros) (1992), La escultura. Tomo 2 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones, pàg. 251-254
Henry Moore (1981). Catálogo. Madrid. Ministerio de Cultura, Palacio de Velázquez, palacio de Cristal, parque del Retiro.




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