A. Perret: Casa de la rue Franklin nº 25 bis.
 A. Perret: Casa de la rue Franklin nº 25 bis. A. Perret: Casa de la rue Franklin nº 25 bis.
1903.
París.


Auguste Perret (1873-1954) construyó lo que seguramente es la primera casa de pisos con estructura de hormigón armado. Se trata de una vivienda de ocho pisos, edificada en un solar de poca profundidad, lo que imposibilitaba la existencia de un patio de luces interior, por lo que sólo se podían tomar luces directas desde la calle.

"Perret proyecta entonces una planta en U, y en la parte central retranqueada encaja dos balcones a 45 grados, aumentando así la superficie de fachada para resolver la iluminación directa de los espacios interiores. La planta tipo presenta, además de la escalera y de los servicios, cinco piezas, tantas como determina el tratamiento de las paredes descrito. Estos locales pueden ser modificados en número y en forma, gracias a la disposición de los pilares, sin más que disponer de otra manera los tabiques que los separan. El arquitecto consigue aí una planta libre a pesar de la estrechez de la superficie disponible". (De Fusco, R. ob. cit., pág. 188-191)

De las distintas lecturas que podemos hacer de este edificio, subrayamos las siguientes aportaciones: un articulación de los valores expresivos y distributivos de la obra en torno a la estructura de hormigón; la eliminación de los muros en la planta baja ; la variación en altura del edificio (tras cinco pisos de alzado uniforme, retranquea los superiores con dos niveles de áticos y una azotea); el establecimiento del ritmo lineal a través de los elementos estructurales de hormigón armado; el revestimiento de cerámica, que en las vigas y soportes es de tiras lisas, mientras que en los paneles tiene motivos florales, con los que se distingue la estructura portante de la parte soportada del edificio (el garaje de la calle Ponthieu de 1905, se cierra con un gran rosetón de hierro y cristal, en la iglesia de Notre Dame-du-Raincy de 1922 y en la de Santa Teresa de Montmagny de 1926 el cerramiento se construye con una malla de pequeños motivos geométricos, también de hormigón armado); el predominio de los vanos sobre los macizos ante la dificultad de dar luces a todos los espacios; la traducción a elementos lineales y pórticos rígidos la fluidez plástica del hormigón; la disposición en planta de las pilastras que le permite el máximo aprovechamiento y la mayor libertad de los espacios internos.

"La verdadera importancia no consiste tanto en la novedad como en el hecho de que el elemento estructural ha experimentado la voluntad conformadora de un espíritu arquitectónico que le ha conferido una expresión, un ritmo, una ordenación: "l'architecture n'es pas dans la matière, elle est dans l'ordonnace"; recordémoslo en particular para este ejemplo, porque los historiadores, presos del entusiasmo de la primicia, han olvidado demasiadas veces su sabor". (Rogers, E.N. (1955), Auguste Perret. Milán. Il Balcone, pág. 25).

Una de sus mayores aportaciones al lenguaje arquitectónico moderno es la de haber definido con absoluta claridad las relaciones entre los elementos de soporte y los soportados, así como el haber experimentado con soluciones y elementos que serán patrimonio común del lenguaje arquitectónico posterior, válidos hasta la actualidad, y que Le Corbusier tan sabiamente desarrollará: la cubierta plana con jardín colgante, la presencia de los amplios entrantes y salientes en la fachada, el uso de las vidrieras, la plata que utiliza al máximo el espacio que deja libre la construcción en esqueleto...

Bibliografía

Gillo Dorfles (1980), La arquitectura moderna. Barcelona. Ariel. Col. Ariel quincenal 151, págs. 36-39
Renato de Fusco (1981), Historia de la arquitectura contemporánea. Madrid. Blume. Págs. 173-76 y 188-191
Fernando Chueca Goitia (1992), La arquitectura: del Barroco a nuestros días. Barcelona. Carroggio S. A. de Ediciones. Tomo 4º de la Historia del Arte. Pág. 217-218
Giulio Carlo Argan (1976), El arte moderno. Valencia. Fernando Torres ed. 2ª ed. Vol. 1, pág 236-237




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