Frank Gehry: Museo Guggenheim.
 Frank Gehry: Museo Guggenheim . Frank Gehry: Museo Guggenheim.
1997. Titanio, vidrio y caliza.
Bilbao .


El estilo del arquitecto Frank Gehry, procedente de la arquitectura minimalista americana caracterizada por el empleo de materiales baratos e inusuales, se puede englobar dentro de la arquitectura deconstructivista, que se define por un espíritu anticlásico, el, gusto por lo asimétrico y por las tramas y ángulos encontrados.

Ganador del concurso internacional convocado por el Gobierno vasco para revitalizar la ciudad de Bilbao, Gehry proyectó un museo a base de volúmenes de titanio, vidrio y piedra caliza, que se alza en la margen de la ría del Nervión, sobre un solar antes ocupado por unos astilleros. Calificado de genial por unos, de "escultura habitada" por otros, de exabrupto por algunos, se trata de un edificio con una superficie edificada de 24.290 metros cuadrados, de los cuales 10560 m2 se destinan a salas de exhibición. En el proyecto se ha utilizado el programa de diseño Catia, creada para la industria aeroespacial, que interpreta los bocetos y los convierte en volúmenes tridimensionales. Sin ello no hubiera sido posible el diseño de formas de un carácter escultórico tan marcado. "Me pidieron que hiciese un edificio que tuviera presencia internacional. Bilbao no está en el mapa de viajes de todo el mundo y por esto tenía que destacar mucho". Y este enfoque es coherente con las ideas de Gehry acerca del papel que ha de desempeñar la arquitectura museística. "Hace años que discuto esto con los artistas. El razonamiento de fondo es siempre que, si tu edificio no es importante, si no tiene presencia, si no logra estar a la altura el juzgado, de la biblioteca y de los demás edificios importantes, lo que manifesta es que el arte que contiene no es importante. La idea de ellos es: 'hazlo como sea, pero con galerías que podamos utilizar'. Y es lo que he pretendido hacer."

El edificio se alza en una zona industrial en la orilla de la ría del Nervión y sus volúmenes interconectados dominan sobre su entorno. Mediante sus inusuales formas, y los confuso de su aspecto, el arquitecto ha querido establecer un nexo entre la ciudad histórica y la zona industrial de Bilbao. Su cubierta metálica unifica las distintas zonas del museo en una composición en forma de flor: des vestíbulo central irradian unos volúmenes que, en planta, recuerdan pétalos, aunque el perfil general del edificio evoca las formas de los barcos. Las salas forman volúmenes independientes que se maclan con el resto, dando sensación de unidad. Las superficies de titanio, cóncavas y convexas, se curvan en sentidos opuerstos.; el titanio tiene unas propiedades reflectantes que se complementan con el brillo del agua de la ría. Los espacios entre los elementos principales son acristalados, lo que confiere a los volúmenes escultóricos independientes aún más sentido de unidad.

El vestíbulo tiene una altura de 50 m. La luz natural inunda el interior a través de varios lucernarios y de muros vidriados con estructura de acero. Este lugar es el foco principal tanto para la distribución interior como para la expresión exterior del edificio.

El resultado son unas galerías capaces de albergar cualquier cosa, desde una delicada acuarela de Kandinsky a una hiriente escultura de 180 toneladas de Richard Serra. Las galerías se despliegan en abanico desde un atrio catedralicio. Varios de los motivos de diseño preferidos de Gehry se han llevado a nuevos extremos. Los paneles de cristal que cubren el hueco del ascensor evocan las escamas de un pez que salta y se retuerce; las pasarelas que suben por las paredes interiores son "como autopistas verticales"; las curvas de escayola que coronan el atrio sugieren los nervios moldeados de un dibujo de Willem de Kooning. Por doquier, los espacios interiores exigen algo de arte.

Bibliografía

Argan, G.C. (1976), El arte moderno 1770-1970. Valencia. Fernando Torres ed. 2ª ed.
Benevolo, L. (1977), Historia de la arquitectura moderna. Barcelona. Gustavo Gili.
De Fusco, R. (1981), Historia de la arquitectura contemporánea. Madrid. H. Blume.




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