Mark Rothko: Rojo, blanco y marrón.
 Mark Rothko: Rojo, blanco y marrón. Mark Rothko: Rojo, blanco y marrón
1957. 253 x 208 cm. Oleo sobre lienzo.
Kunstmuseum Basel.


A partir de 1947-48 comienza a pintar telas inmensas, del tamaño de grandes paredes, con gamas cromáticas no excesivamente amplias. Prefiere, por lo general, los colores cálidos, llegando a veces a extremos asombrosos en el modo de conjuntar colores aparentemente inconectables.

Sus composiciones se basan en esquemas geométricos rectangulares de distintos colores, sin marcar jamás los contornos, de modo que se pasa de una zona a otra por disolución cromática. Esto otorga a sus telas esa especie de atmósfera emanada de otros mundos, convirtiéndolas en auténticas experiencias espaciales.

Rothko declara que "un cuadro no es la imagen de una experiencia; es una experiencia". El pintor logra crear un tipo de espacio nuevo gracias al modo de aplicar los colores que constituyen el factor determinante de toda su obra.

En contraste con la obra de Pollock, se ha dicho de las pinturas de Rothko desde 1947 que contenían "campos de color flotantes", tranquilos y calmos comparados con la pintura del dripping. Hay un sentido de movimiento dentro de obras como Rojo, Blanco y Marrón. La pintura ha sido aplicada con un pincel grande y ancho, y aunque se pueden apreciar algunas sutiles diferencias en el tono, intensidad y saturación (junto con un bordeado deliberadamente áspero, mostrando el punto de contacto entre brocha y lienzo), la extensión de pintura por todo el lienzo evita de nuevo que el espectador se sienta atraído por un único punto de vista dentro de la composición. Contrastadas áreas de color destacan o subyacen en otras áreas como si flotaran en el espacio, pero la cualidad global de las pinturas como una totalidad queda preservada.

En su estilo de madurez, sus pinturas consisten en variaciones sobre unas cuantas formas simples, como rectángulos de colores suspendidos en espacios coloreados, o formas que enmarcan vacíos, o cortinas de oscuridad detrás de un fondo elevado. Estas formas debían contener un simbolismo religioso, y a menudo ésta es la sensación que producen. Esto no las explica demasiado, porque representan más bien lo que el sentimiento religioso del hombre capta cuando no conoce religión alguna. Los espacios abstractos de Rothko son como moradas del espíritu, desde cuyas ventanas no se divisa nada, cuyas puertas están cerradas del todo y cuyo camino está bloqueado por un peso gigantesco e infranqueable. Es la expresión de una desesperación espiritual (se suicidó en 1970).

Bibliografía

Argan, G.C. (1977), El arte moderno 1770-1970. Valencia. Fernando Torres ed. 3ª ed. Vol II, pág. 718.
Dorfles, Gillo (1973), Ultimas tendencias del arte de hoy. Barcelona. Labor. NCL 26. 4ª ed. 207
Lambert, Rosemary (1994), El siglo XX. Barcelona. Gustavo Gili. 4ª ed.
Wood, P., Frascina, F., Harris, J., Harrison, Ch. (1999), La modernidad a debate. Madrid. Akal. Col Akal/Arte contemporáneo.




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