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Hans Hartung: T. 1956-9 1956. 180 x 137cm. Antibes, Colección Anne-Eva Bergman.
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A partir de 1946 empieza su etapa gestual y basa su lenguaje expresivo en tomar la velocidad como medio para obtener sus resultados, aunque, comparado con los otros artistas del signo-gesto, en su obra domina la simplicidad.
Es el primero en superar el mito racionalista; a la fórmula racionalista de Mondrian contrapone el acto que realiza una voluntad ética. Nace así la poética del gesto: decidido, rápido, exacto y sin posibilidad de volver atrás. De la espacialidad indefinida del fondo, el signo trazado por el gesto hace un espacio que tiene la medida y la estructura de la acción; si para Mondrian el actuar dependía del conocer, para Hartung el conocer depende del actuar.
Pero el gesto que crea el espacio es también un gesto negativo que borra todo noción precedente de la realidad. Con Hartung nace la que podríamos llamar iconografía o semántica de la negación del mundo.
Desde el punto de vista cromático, restringe al máximo la gama y tiende solamente al empleo de dos colores. Desde el punto de vista técnico, se mantiene fiel al procedimiento tradicional.
Concibe gran parte de sus obras como fondos de color uniforme, sobre los cuales aparecen amplios gestos que marcan una serie de direcciones en el espacio. Mientras los fondos se realizan en colores cálidos, o por lo menos, luminosos, los rasgos gestuales aparecen en colores oscuros, preferentemente negros. Este tipo de contraposición engendra deliberadamente dos espacios netamente diferenciables, poniéndose de relieve la supremacía de lo gestual frente a la uniformidad y monotonía del fondo.
El signo de Hartung no es un signo estático e inmóvil, fijado una vez para siempre, sino que es una continua evolución de formas esquemáticas que poseen en sí el doble valor de las grafías y las atmósferas cromáticas.
A pesar de la sensación de inmensa libertad que emana de los gestos, cuya configuración suele ser análoga a la trayectoria de un brochazo de pintura con sus zonas terminales en punta, se observa un cuidado extremo en la ejecución de tales obras. Cuesta creer que ha intervenido el azar en el trazo de tales gestos, más bien parecen producto de una idea prefijada y pensada de antemano por el artista.
Bibliografía
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Cirlot, Lourdes (1983), La pintura informal en Cataluña, 1951-1970. Barcelona. Anthropos.380 p.
Dorfles, gillo (1973), Ultimas tendencias del arte de hoy. Barcelona. Labor. NCL 26. 4ª ed. 207
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