Fidias: friso panateneas
Fidias: friso panateneas Fidias: Procesión de las panateneas.
447-432 ane. Mármol. Altura: 102 cm. Procede del friso del Partenón.
Musée du Louvre, París


La gran manifestación del clasicismo s encuentra en la "decoración" escultórica de dos templos, el de Zeus en Olimpia y el Partenón de la Acrópolis ateniense. Del templo de Zeus en Olimpia el frontón que mejor se conserva es el del oeste, con el combate entre centauros y lapitas, presidido por Apolo. Si la muerte de la Medusa era la aparición de un mundo nuevo, la victoria de los lapitas sobre los centauros es el testimonio del poder de este nuevo mundo. Y esta aparición del mundo nuevo se asume y consolida de forma definitiva en el Partenón.

"Dioses y hombres se mueven ahora en el mismo ámbito y con una 'familiaridad' que en el templo anterior (el de Zeus en Olimpia) era todavía impensable. El friso que recorre el Partenón nos narra, a partir del oeste, la procesión de las Panateneas, mientras que en las metopas volveremos a encontrar escenas de la batalla entre centauros y lapitas. (...) La procesión que narra el friso se celebraba periódicamente en Atenas para presentar el nuevo peplo a Atenea. En ella intervenían los ciudadanos y también los dioses, se hacían sacrificios y había música. La procesión ocupa los cuatro lados del friso (...) y es posible apreciar la extraordinaria diversidad de figuras que aparecen: divinidades, sacerdotes, sacerdotisas, ciudadanos, músicos, jinetes, animales para el sacrificio, etc. Prescindiendo por un momento del punto de vista temático, cabe decir que el friso del Partenón aparece como la más alta expresión y el más intenso resumen del arte griego."

La procesión de las Panateneas es, por una parte, una imagen narrativa que describe un acontecimiento real con personajes reales y una disposición similar a la de la procesión cívica; pero por otra, la obra no es la simple ilustración de un acontecimiento cívico. Observando el conjunto, vemos que los escultores adoptaron una composición bien sencilla: la sucesión y redundancia linealmente entendidas, recurriendo a la superposición de figuras o motivos cuando temáticamente era necesario (se acentúa en el caso de los jinetes, que se ofrecen como grupo). Esta composición introduce un ritmo, una cadencia en todo el friso que no se apoya en el entrelazamiento sucesivo, sino en el puro sucederse. La verticalidad de las figuras recuerda las imágenes de las estelas funerarias. Y con estos procedimientos, los escultores sólo cuentan con un elemento para introducir variantes en el ritmo: el espacio, que no pretende simular un espacio real, sino que se limita a ser el plano sobre el que destacan las figuras. Con este tratamiento del espacio se consigue intensificar el efecto visual de algunas imágenes al concentrar en ellas la mirada del observador o al separarlas de otras, e invalidar lo que de anecdótico pudiera haber en el tema.

La intervención de Fidias en esta obra no está suficientemente aclarada. Fidias (Atenas, 490-431 ane) es el máximo exponente de la escultura ática del siglo V ane, el ápice del clasicismo griego y la representación más pura de sus características. Sus personajes se inscriben en un mundo de belleza serena, de euritmia compositiva, de majestad en la expresión y el gesto, de grandiosidad llena de olímpica calma, de perfección técnica y de equilibrio entre naturalismo e idealismo.

Nadie como él supo crear un mundo de seres plásticamente más perfectos, ni de equilibrio expresivo más absoluto. Sus personajes son los verdaderos prototipos que sólo raras veces, y de manera imperfecta, se reflejan en los mortales. Por ello su arte se compara, a menudo, con el sistema de las ideas de Platón.

El punto culminante de su vida artística fue la construcción del Partenón, en tiempos de Pericles, quien le encomendó la dirección de las obras, según comenta Pausanias. Por este motivo, parece que se le pueda atribuir, aunque no la totalidad de la decoración escultórica del Partenón, sí el croquis de conjunto del friso de las Panateneas y las figuras de los frontones.

En cualquier caso, las esculturas del Partenón se convirtieron en la obra fundamental de la estatuaria y aunque podemos encontrar piezas aisladas que rivalizan con estas esculturas, ninguna obra monumental alcanza su nivel.

Bibliografía

Bozal, V. (1992), La escultura. Vol. 2 de la Historia del arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones. Pàg. 101-106
Susan Woodford (1995), Introducción a la historia del arte. Grecia y Roma. Barcelona. Gustavo Gili. 4ª ed.




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