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Laocoonte H. 25 ane. Mármol. Museo Vaticano, Roma.
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Después de Alejandría y Pérgamo, la más característica escuela helenística fue la de Rodas. Allí se establecieron varios discípulos de Lisipo. El estilo de los escultores rodios nos lo proporcionan dos grandes obras, el grupo Farnesio y el grupo de Laocoonte.
El grupo de Laocoonte fue hallado en las ruinas del palacio de Tito en Roma, original de Agesandro en colaboración con sus dos hijos, Polidoro y Atenodoro de Rodas, y ya había sido admirada por Plinio.
"Representa la terrible escena que también ha sido descrita por Virgilio en la Eneida: el sacerdote troyano Laocoonte exhortó a sus compatriotas a que rechazaran el gigantesco caballo en el que se ocultaban los soldados griegos. Los dioses, al ver impedidos sus planes de destruir Troya, enviaron dos gigantescas serpientes de mar para que se apoderaran del sacerdote y de sus dos infortunados hijos y los estrujaran entre sus anillos. Es ésta una de las más despiadadas acciones perpetradas por los olímpicos contra los pobres mortales, tan frecuentes en las mitologías griega y romana. Nos gustaría saber el efecto que causó esta historia al artista griego que concibió este impresionante grupo. ¿Quiso hacernos sentir el horror de la escena en la que se hace sufrir a una víctima inocente por haber dicho la verdad? ¿O lo que principalmente deseó fue mostrar su capacidad al representar una lucha terrible y en cierto modo sensacionalista entre hombres y bestias? No le faltaron razones para sentirse orgulloso de su arte. La manera como los músculos del tronco y los brazos acusan el esfuerzo y el sufrimiento de la desesperada lucha, la expresión de dolor en el rostro del sacerdote, el desvalido retorcerse de los dos muchachos y el modo de paralizar este instante de agitación y movimiento en un grupo permanente, han excitado desde entonces la admiración. Pero a veces no puedo por menos de sospechar que éste era un arte que se proponía llamar la atención de un público que disfrutaba también con la visión horrible de las luchas de gladiadores. Acaso es una equivocación poner reparos al artista por tal motivo. Lo probable es que en esa época, la del período helenístico, el arte perdiera en gran parte su antigua conexión con la religión y la magia. Los artistas se preocupaban por los problemas intrínsecos del arte. Por ello, la representación de una lucha dramática semejante con todos sus movimientos, su expresión e intensidad emotiva, era precisamente la clase de empresa que había de probar el temple de un artista. Lo injusto o justo del hado de Laocoonte no le preocupó lo más mínimo al escultor." (Gombrich, E.H. obr. cit., pág 90-91)
El rostro de Laocoonte se ha comparado al rostro de Alcioneo (relieve del Altar de Pérgamo), pero mientras en éste la expresión del dolor está anclada en la sustancia misma del rostro, en la de Laocoonte no es más que una piel superpuesta, una máscara temblorosa, que tiene más de mueca que de sentimiento.
En este grupo de Laocoonte se exagera más aún el efecto teatral de anatomía que echamos de ver en el altar de Pérgamo. Al dolor físico de la estrangulación causada por las enormes serpientes mandadas por Apolo, se añade el inmenso dolor moral con que el sacerdote troyano Laocoonte ha de presenciar la muerte de sus hijos.
En este grupo, los tres cuerpos humanos aparecen estrujados por las dos serpientes: el padre tiene el tórax hinchado, y los músculos y venas se marcan sobre la piel de manera muy exagerada; la cara está tan contraída, que casi resulta grotesca puesto que ningún cuerpo humano es capaz de deformarse con semejante tensión.
Bibliografía
Conti, Flavio (1993), Cómo reconocer el arte griego. Barcelona. Ediciones y Distribuciones Universitarias. 64 p.
Gombrich, E.H. (1984), Historia del Arte. Madrid. Alianza ed. 5ª ed.
Storch de Gracia, José Jacobo (1997), Arte griego 2. Madrid. Historia 16. Historia Viva. 48 p.
Winckelmann, Johann Joachim (1998), Reflexiones sobre imitación del arte griego en pintura y escultura. Barcelona. Ediciones Península. Col. Nexos 24. 2ª ed. 168 p.
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