Altar Pérgamo
August Prima Porta Retrato de Augusto de Prima Porta
. Hacia 19 ane. Altura: 204 cm.
Museo del Vaticano. Roma


Los escultores romanos se preocuparon por representar el rostro o el busto. A través de un estilo sobrio y lineal, buscaban la reproducción exacta, de una inmediatez cruda, aceptando los "defectos" de la naturaleza, e investigando las huellas que la vida imprime en las facciones del modelo.

El derecho a los antepasados era uno de los principales títulos de nobleza del patricio romano, cuya posesión se reguló mediante una ley, el "ius imaginum" y, por lo tanto, el mayor desarrollo del arte del retrato coincidió con el periodo de reacción aristocrática de la dictadura de Sila. Las familias de la aristocracia poseían un auténtico árbol genealógico formado por los retratos de sus antepasados, y cuando uno de sus miembros dejaba la casa familiar tenía el derecho de llevarse una serie completa. Por esto los retratos antiguos se seguían copiando continuamente.

Durante la República, los retratos de Pompeyo, Cicerón y César presentan una dureza de rasgos de expresión que no encontramos en la obra helenística. El tipo de retrato republicano es producto de unos intereses políticos y sociales más que de una particular inclinación estética, y su acentuado realismo suele presentarse como afirmación del carácter austero y voluntarioso del pueblo romano.

Con Augusto, y cuando las clases ilustradas tenían su paradigma en Grecia, los retratos oficiales tendieron al helenismo. El neoaticismo fue un fenómeno estético surgido en los talleres atenienses del siglo I ane, con un carácter nostálgico de recuperación del pasado artístico nacional que se mantenía vivo. El neoaticismo de Augusto es, antes que nada, arte oficial y fenómeno cultural de elite, y sus productos alcanzaron altas cotas de calidad. Una gran parte de los retratos de Augusto muestran claramente el idealismo ático y el tono heroico helenístico, aunque una cierta acentuación de los rasgos fisonómicos mantiene el recuerdo de las tradiciones realistas.

La divinización de Claudio en vida, impuso nuevos modos en el retrato del emperador (semidesnudo, con corona de laurel...). Con Trajano el retrato experimentó un cambio radical: superada la concepción del retrato imperial, idealizado (de tradición griega), y la de los retratos realistas de los encargos privados, se asiste a la fusión de los dos elementos -privado y público- en una sola imagen. A partir de Adriano se generalizó el uso de la barba. Progresivamente, se fue simplificando el modelado y se acentuaron los rasgos, alcanzando una mayor expresividad y comunicación psicológica.

"El Doríforo de Policleto era el cenit de la escultura clásica, y los romanos apreciaban profundamente el aire de serenidad y dignidad conferido a la figura debido a la pose construida con extremo cuidado. Se decidió entonces preparar un molde destinado a la representación de Augusto, con la intención de que transmitiera a sus súbditos a la vez respeto a su autoridad y admiración a su gracia y control. Pero la estatua griega difícilmente podía ser tomada como modelo tal como quedó, ya que presentaba algunas características que ofendían el buen gusto romano" (Woodford, S, ob., cit., pág. 91)

Al estar colocada contra la pared, todo el énfasis se concentraba en el plano frontal; por ello los lados están algo descuidados y el torso está inacabado. Se pierde el equilibrio interno y el ritmo del Doríforo, pero se crea un nuevo ritmo, expresión de la autoridad de la persona imperial: se levanta el hombro del mismo lado que la alzada cadera, la curva del brazo alzado se corresponde con la curva de la pierna que descansa en el lado opuesto. Así el Doríforo fue transformado en Augusto; la estructura clásica fue romanizada.

Bibliografía

Bozal, V. (1992), La escultura, Vol. 2 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio, S.A. de Ediciones.
Woodford, Susan (1985), Introducción a la Historia del Arte. Grecia y Roma. Barcelona. Gustavo Gili.




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