Sarcófago de Cerveteri
 Sarcófago de Cerveteri Sarcófago de Cerveteri
510-500 ane. 2,20 x 1,41 m. Terracota y policromía.
Procedente de la necrópolis de Cerveteri. Museo Nazionale de Villa Giulia, Roma.


Las dificultades para establecer la filiación del arte etrusco son considerables. Las piezas más interesantes entre las conservadas son la figura de Apolo (h. 500. Villa Giulia, Roma) en terracota, la Estatua del Guerrero (h. 500. Museo Nazionale, Chieti) y los sarcófagos de arcilla con figuras funerarias (siglos VI-V. Villa Giulia, Roma), por ejemplo el Sarcófago de Cerveteri.

A pesar de sus considerables dimensiones, en realidad no se trata de un sarcófago sino de una urna cineraria.

Al igual que sucedía con la religión judía y la cristiana, la etrusca fue "revelada" al pueblo por unos profetas semidivinos; todas sus enseñanzas fueron recogidas en la "disciplina Etrusca"·, conjunto de libros que exponían las fórmulas rituales para conocer y seguir de forma expresa la voluntad de los dioses. Según su religión, los etruscos tenían una existencia estrictamente determinada por las divinidades y la curiosidad por conocer qué les deparaba el destino se manifestó en una obsesión constante por la práctica de las artes adivinatorias. También consideraban que el difunto seguía "vivo" dentro del sepulcro, que sigue viviendo en el más allá, de ahí que el deber del artista era, por una parte, reproducir fielmente los rasgos del difunto y, por otra, recrear en el mundo subterráneo la alegre seguridad cotidiana. Los esposos de Cerveteri, tumbados en el "kliné", aparecen sonrientes, amorosamente enlazados en su último banquete.

Los esposos se hallan semitendidos, como si estuviesen instalados en su casa; la mujer en primer término, y detrás el marido, que apoya su brazo derecho sobre el hombro de su compañera. Parece que estén conservando mientras asisten al banquete funerario celebrado en su honor, si no participan ya de las bienaventuranzas de la otra vida. El hombre es alto y esbelto; en su rostro, de labios afeitados, una barbita puntiaguda viene a reforzar la agudeza del mentón; sus ojos, como los de su consorte, parecen brillar de inteligencia y optimismo. La urna está concebida con un alto nivel de realismo. Se distinguen perfectamente la estructura de la cama con un pequeño capitel, y el colchón con las almohadas. No hay, sin embargo, ninguna pretensión naturalista. La parte superior de los esposos muestra un trabajo de modelado muy cuidadoso, mientras que las piernas casi desaparecen. El artista se ha encontrado con la dificultad de mostrar una multiplicidad de planos: así, por ejemplo, la flexión de la cintura es plenamente geométrica y antinaturalista, al igual como ocurre con los anchos hombros, que recuerdan la estructura rígida de los kouroi. Son, pues, características de esta representación, la influencia jónica adaptada a un repertorio etrusco y presentada de manera inorgánica, el gusto por la curva y un dominio técnico excepcional. De esta pareja de esposos se desprende, gracias a la viveza de la observación y al sentido de captación del gesto, una impresión de vida profunda y de espiritualidad.

Bibliografía

Bianchi-Bandinelli, R. (1974), Los etruscos y la Italia anterior a Roma. Madrid. Aguilar.
Staccioli, Romolo A. (1980), El arte etrusco. Barcelona. Editorial Médica y Técnica. 64 p.




Percepciones | Historia del arte | Estética