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Arco del oratorio. 1047/81. Aljafería de Zaragoza. Orilla del Ebro, al oeste de Zaragoza.
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La Aljafería de Zaragoza, cuyo nombre original es Dar al-Surur, Casa de Júbilo, se concibió como un recinto fortificado, de planta trapezoidal, con torres circulares y muros articulados con arcos apuntados. Tienen un único acceso, flanqueado también por torres. La única torre cuadrada, en el lado norte, es fruto del aprovechamiento de una estructura anterior. La zona propiamente palatina está situada en el centro del recinto. En cada extremo de este patio encontramos las zonas habitadas, unidas por un canal que comunica los estanques de ambos ámbitos. El lado norte es el ámbito de la representación. La sala del trono se encuentra en esta zona.
El ámbito más destacable del conjunto +es la mezquita, a la que se accede por el lado este del pórtico de la sala del trono. Una puerta de herradura califal da acceso a una sala octogonal, que por sus dimensiones hace pensar en un pequeño oratorio. Orientado hacia el sudeste encontramos el mihrab, muy similar al de la mezquita de Córdoba. Las paredes están recubiertas con planchas de estuco. El segundo piso es una sucesión de ventanas geminadas que dan a nichos. Los arcos son polibulados y entrecruzados.
De este palacio, sede de la taifa de Zaragoza, nos tenemos que referir especialmente a la delicadeza y fantasía de los arcos. Los más bellos, en la fachada sur del patio, muestran una exuberancia y complicación que recuerdan más a tejidos que a arquitectura.
La arquitectura taifa utiliza preferentemente el ladrillo y la mampostería como materiales constructivos. En cuanto a los soportes, se mantiene la preferencia por la columna, con capiteles que derivan del arte califal del siglo X. Es característico en éstos el alargamiento del cañón, con lo que se señala claramente la estructuración de las dos zonas de los capiteles corintio y compuesto, a la vez que se da mayor independencia a las hojas de acanto, que se tallan con atauriques y lazos.
El arco de herradura acentúa la mayor anchura de la clave respecto a los salmeres, se mantiene la alternancia de las dovelas ¾generalmente una decorada y otra lisa¾ y se decoran con atauriques o media esfera gallonada las enjutas, es decir, los espacios entre el alfiz y la curva del arco. Asimismo se utilizan arcos lobulados y de herradura apuntados, que se entrecruzan con frecuencia con organizaciones decorativas como lacerías en forma de arcos. Con valor decorativo surgen el arco mixtilíneo, formado por sectores lobulados y otros quebrados ¾claro precedente de los que veremos en el arte hispanoflamenco¾, el polilobulado ¾cuyo primer lóbulo es convexo¾, y el mixto, es decir, el formado por dos ramas de diferente tipología. El valor decorativo que se concede al arco determina que se entrecrucen, se superpongan e incluso se opongan ¾invirtiendo uno de ellos¾, dando lugar al arabesco o combinación geométrica de gran efecto ornamental. En muchos casos, el papel estructural de los arcos exentos es nulo: ocultan una organización adintelada en la que el arco es como una colgadura que se sujeta a la estructura interna de ladrillo o madera.
Bibliografía
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