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Alfombra de la Serie llamada del Almirante. Siglo XIV. Instituto de Valencia de Don Juan.
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Los diversos elementos del mobiliario, que había de ser fácilmente transportable en la vida errante de los monarcas y grandes señores, presentan en España abundantes caracteres mudéjares hasta el siglo XVII. El gran número de alfombras y tapices paliaba la escasez y la tosquedad de los muebles y hacía más soportable la pobreza y desnudez de los muros y suelos de las estancias, así como suavizaba su frialdad. Las tradiciones islámicas en cuanto a las alfombras perduraron en la España cristiana con gran altura estética y calidad material hasta el siglo XVII, particularmente en Alcaraz (Albacete), con las series llamadas "del Almirante" y "Holbein". No menos abundantes fueron los objetos de uso doméstico elaborados con cuero, como eran los resistentes cordobanes o los decorativos guadamecíes aplicados a la hechura de cajas de cajas, baúles, sillas o sillones, cojines, cortinas o manteles. Desde el siglo XIV, por lo menos, se usaron los guadamecíes como frescas alfombras para el verano o como cobertores de cama.
La alfombra constituye un capítulo esencial del arte islámico. Introducida en el mundo musulmán por los nómadas de Asia central, se perfeccionó hasta tal punto que viene a ser como la suma de los valores artísticos de esta civilización. Es la síntesis de una cultura, de un modo de vida, de un pensamiento religioso y es, quizás, la obra que necesita un mayor tiempo de ejecución.
"Todas las alfombras tienen una cenefa, compuesta por una o más bandas paralelas de anchura varia. La parte central puede subdividirse en varios recuadros o bien decorarse con motivos estilizados y simbólicos repetidos según una disposición geométrica; puede haber un medallón central más o menos extenso, y cuartos de medallón en las esquinas, o también decoraciones con adornos florales, escenas, figuras humanas o animales. Son características las alfombras de oración (namasé para los persas, namaslik para turcos y caucásicos), que representan con frecuencia un mihrab del que pende una lámpara, o bien un nicho ocupado por un jarrón de flores.
Según su técnica, las alfombras se pueden subdividir en tres tipos: de nudos (goliboft), tejidas (kilim o karamani) y de punto-cadena (sumak)· (Mandel, G., ob. cit. pág. 56-57)
Bibliografía
Mandel, Gabriele (1993), Cómo reconocer el arte islámico. Barcelona. Ediciones y Distribuciones Universitarias. 64 p.
Marçais, G. (1985), El arte musulmán. Madrid. Cátedra. Col. Cuadernos Arte Cátedra 16. 3ª ed. 256 p.
Morales, Alfredo J. (1991), Las claves del arte islámico. Barcelona. Ed. Planeta. Col. Las claves del arte 13. 120 p.
Pérez Higuera, Mª Teresa (1997), Arte del Islam. Madrid. Historia 16. Historia Viva. 48 p.
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