Iglesia de San Jorge
 Iglesia de San Jorge Iglesia de San Jorge .
Nave central. Siglo X. Frescos.
Oberzell


Las pinturas de la iglesia de San Jorge de Oberzell en la isla de Reichenau pertenecen al período otoniano y, realizadas probablemente en tiempos del abad Witigowo (985-997), son contemporáneas al auge de la gran escuela de miniaturistas de esta isla, con cuyos productos las une un inequívoco aire de familia.

A ambos lados de la nave central, perfectamente enmarcados entre grandes orlas que discurren por encima de los arcos y bajo las ventanas, se representan milagros de Cristo. Las escenas se desarrollan en un a modo de escenario teatral ante fondos arquitectónicos a los que la ingenuidad perspectivística con que están interpretados dota de un innegable encanto.

Sin embargo, en estas escenas monumentales, desarrolladas en primer plano y de gran claridad constructiva, la virtualidad del plano se impone a dichas sugerencias espaciales o a las que producen ciertos agrupamientos de personajes. En San Jorge encontramos ya tipos, actitudes y recursos que hallaremos un siglo después en las pinturas francesas de la región de Turena: una utilización similar de los elementos arquitectónicos, determinados artificios en las agrupaciones de personajes e incluso una cierta semejanza de gama cromática con el uso de colores claros. Aparece aquí también, utilizando ya un nivel monumental (pues en el campo de la miniatura su uso es anterior), un tratamiento de los fondos destinado a marcar el desarrollo de la pintura románica. Consiste en la compartimentación del fondo en cuatro franjas superpuestas de colores lisos (marrón, verde, azul y ocre, de abajo hacia arriba) sobre las que recortan los personajes. En Oberzell estas franjas podrían ser producto de un proceso de abstracción mediante el cual se han reducido a manchas lisas de color los planos esenciales de la visión del paisaje: al marrón de la tierra de los primeros planos se superponen el verde sugeridor de la campiña y el azul del cielo. La banda superior de ocre no encuentra en cambio una correspondencia tan lógica. Sea como fuere, lo cierto es que ello dota a las pinturas de Oberzell de un cierto ilusionismo (no sólo en cuanto a sugerencias de elementos naturales sino también por producir una cierta sensación de recesión espacial) que desaparece, con alguna excepción, posteriormente.

Bibliografía

Conant, Kenneth John (1987), Arquitectura carolingia y románica. Madrid. Ed. Cátedra. 560 p.
Domenge Mesquida, Juan (1994), Historia del arte de la Alta Edad Media. Barcelona. Planeta. 118 p.
Durliat, Marcel (1985), Introducción al arte medieval en Occidente. Madrid. Cátedra. Col. Cuadernos Arte Cátedra 7. 6ª ed. 384 p.




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