Catedral de Ely
 Catedral de Ely Catedral de Ely .
1090-1130. Estilo normando.
Ely.


El edificio más característico del Románico es el monasterio, pero dentro de él la iglesia constituye su parte esencial y es lo que ha llegado en mayor número y mejor estado de conservación a nuestros días. Su prototipo es de planta de cruz latina, con crucero adosado en planta, y de tres naves (una sólo en las más reducidas). La cabecera suele tener una o tres capillas ¾en relación de ordinario con el número de naves¾, constituidas por un tramo recto cubierto con bóveda de cañón y un fondo semicircular que se cubre con bóveda de horno. En los tipos que tienen girola en la cabecera, las capillas ¾tres o cinco¾ se abren a ella, intercalando entre capilla un tramo en el que se abre una ventana; así se resuelve el problema de la iluminación de esta nave de girola, que da vuelta por detrás del altar mayor. Debajo de la capilla mayor suele haber una cripta, abovedada, con columnas o pilares; desde el punto de vista arquitectónico esta cripta tiene gran importancia, por cuanto suele ser la parta más sólida del edificio; su existencia y abovedamiento obligan normalmente a colocar la capilla mayor más alta que el resto del templo.

El problema conjunto de la iluminación de la nave central y el técnico de contrarrestar los empujes de su bóveda se le plantean al arquitecto románico desde el primer momento, resolviéndolos de diversas maneras. Hay que tener en cuenta que la mayor anchura de la nave central obliga a que la bóveda de cañón que la cubre tenga mayor altura que la de las laterales, ya que es de sección semicircular. Las soluciones que tienden a igualar las alturas de las tres naves ¾bien rebajando la bóveda de la central, bien disponiendo arcos peraltados en las laterales¾ favorecen el equilibrio de la gran bóveda, pero implican una pérdida de luminosidad. Más frecuente y lógica es la solución de dar mayor altura a la nave central, prolongando los pilares y los muros sobre los arcos formeros ¾esto es, los arcos que se construyen en dirección a la cabecera¾, con lo que, en estos muros, se pueden abrir ventanas por encima de las naves laterales; con esto, se gana luminosidad, pero a costa de la seguridad del templo, ya que entonces queda al aire el gran bloque del cuerpo central de la nave principal, que habrá que reforzar con contrafuertes adosados. Esta elevación de la nave inicia, por otra parte, una constante en la arquitectura medieval: la tendencia a ganar altura, opuesta al sentido horizontal de las basílicas paleocristianas, que culminará en el Gótico.

Las soluciones apuntadas no son las únicas. Un tercer tipo muy difundido a lo largo de los caminos de peregrinación, de mayor solidez constructiva y que responde, al mismo tiempo, a la necesidad de albergar a los peregrinos, divide las naves laterales en dos pisos: uno inferior, generalmente cubierto con bóvedas de aristas, en el que se abren ventanas que proporcionan luz rasante al templo; y otro superior, a modo de galería o tribuna que se cubre con bóveda de cuarto de esfera. En esta galería se abren ventanas al exterior y la luz que penetra por ellas llega a la nave central a través de otras ventanas o triforios; por otra parte, la citada bóveda de cuarto de esfera traspasa los empujes de la nave central a los muros y contrafuertes exteriores.

Bibliografía

Durliat, Marcel (1985), Introducción al arte medieval en Occidente. Madrid. Cátedra. Col. Cuadernos Arte Cátedra 7. 6ª ed. 384 p.
Kubach, Han Erich (1989), Arquitectura románica. Madrid. Aguilar. 224 p.
Leriche-Andrieu, F. (1991), Iniciación al arte románico. Madrid. Encuentro Ed. Col. La noche de los tiempos. 148 p.
Oursel, Raymond (1987), La arquitectura románica. Madrid. Encuentro ed. Col. Europa románica-Zodiaque 11. 522 p.
Yarza, Joaquín y Melero, Marisa (1996), Arte medieval II. Madrid. Historia 16. Historia Viva. Col. Conocer el arte 5. 190 p.




Percepciones | Historia del arte | Estética