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Catedral de Durham . 1093-1133. Inglaterra.
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A pesar de la variedad de las soluciones arquitectónicas que se pueden englobar bajo el nombre de románico, su denominador común es el predominio de la arquitectura religiosa y, en particular, de su edificio emblemático, la iglesia; el uso de la bóveda de piedra para cubrir los espacios; la búsqueda de articulación de los distintos espacios y volúmenes, sobre todo de la nave con el ábside, y el carácter director de la arquitectura respecto a la pintura y la escultura.
Parece ser que la solución de utilizar la bóveda de piedra para cubrir los espacios interiores nació tanto de la necesidad de seguridad (los incendios afectaban a menudo las cubiertas de madera), como de la búsqueda de solidez y monumentalidad, y del deseo de articular los espacios interiores con los exteriores.
Pero la bóveda de piedra presenta un problema técnico: transmite y distribuye tangencialmente las cargas que soporta. Por tanto, el uso de la bóveda implica pensar en todo un conjunto aerticulado capaz de absorber estos impulsos. El edificio románico se diseñará, pues, en función de un juego de tensiones y contra-tensiones generadas por la bóveda de piedra.
Dos modelos básicos se elaboraron para solucionarlo. El sistema lombardo, que contrarresta el impulso de las bóvedas de la nave central con las naves laterales, de menor altura, y un matroneo (galería que en las basílicas de los siglos V y VI se reservaba a las mujeres). Este sistema no permitía abrir ventanas en los laterales per o creaba un interesante ritmo de arcuaciones en el interior. El otro es el sistema normando, más complejo y elaborado, que juega con tres elementos: las naves laterales, el matroneo y el claristorio (conjunto de ventalnales que iluminan lateralmente la nave central). En ambos casos se da una alternancia de los soportes: las columnas (o pilares sencillos) suelen reservarse para aguantar la bóveda de las naves laterales; en cambio, el impulso de la bóveda central se descarga sobre pilastras más gruesas. Todo tiende a subrayar el deseo de rimar el espacio y a no caer en la monotonía y la uniformidad.
La catedral de Durham, paradigma del sistema normando, fue el primer edificio importante de Inglaterra en cubrirse por completo con bóveda de piedra y es el primer ejemplo que se conserva de construcción de bóvedas nervadas ojivales. Es la solución que más tarde se empleará en las construcciones góticas.
Los gruesos pilares están labrados con motivos en zigzag, acanalados, cuadrículas y espirales de la decoración normanda, lo que refuerza su impresión de masa y un ritmo alternado. Se trata, pues, de una versión decorativa y monumental del románico, conocida como románico anglonormando.
Era un centro de peregrinaje para los visitantes de la tumba de san Cutberto (c. 624-687) y los benedictinos se establecieron allí hacia el año 1070.
La bóveda de crucería que incorpora es parecida a la bóveda de arista, pero tiene aplicados a la superficie de la bóveda arcos individuales denominados nervios. La bóveda de crucería que cubre la nave central es uno de los primeros ejemplos de este tipo de bóveda. Mediante este sistema, la estructura se aligera, lo cual derivaría más tarde en las bóvedas de crucería del gótico. Los arcos perpiaños se apoyan sobre pilares compuestos que dividen la nave en crujías dobles de forma rectangular. Los arcos diagonales, de medio punto, arrancan de modillones gemelos bajo el nivel del cuerpo alto de ventanas. Los modillones, en los que se han esculpido unas caras haciendo muecas, se encuentran sobre la vertical de las columnas circulares, que alternan con los pilares compuestos. El empuje de la cubierta de la nave principal es soportado por la estructura de las naves laterales. Se forma una especie de arbotante entre los arcos de cuarto de círculo de la nave lateral y lasa pilastras embebidas en el muro exterior. Sobre los pilares compuestos se apoyan los arcos perpiaños (transversales), los formeros (longitudinales) y los diagonales. Por tanto, soportan la mayor parte de las cargas provenientes de la bóveda nervada. Se alternan con columnas circulares, sobre las que sólo se apoyan los arcos diagonales y los formeros. Una delgada línea de mármol azul, que atraviesa la nave cerca de la fachada occidental, marca el límite de la entrada de las mujeres durante la Edad Media.
Lo que más llama la atención en Durham es la decoración de sus macizos pilares. Se trata de dibujos tallados y coloreados en forma de espiral y rombos, que alternan con pilares compuestos aún más macizos, de modo que este interior presenta un aspecto más rítmico que el de las iglesias francesas.
Bibliografía
Durliat, M. (1983), Introducción al arte medieval en Occidente. Madrid. Cátedra. 3ª ed. Cuadernos Arte Cátedra nº 6
Schapiro, M. (1984), Estudios sobre el románico. Madrid. Alianza ed.
Shaver-Crnadell, Anne (1985), La Edad Media. Barcelona. Gustavo Gili. Col. Introducción a la Historia del arte. Universidad de Cambridge.
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