Hombre con arco.
 Hombre con arco. Hombre con arco.
Pintura rupestre. VI-V milenio.
Barranco de la Gasulla


Las pinturas del levante peninsular son muy distintas de las del arte franco-cantábrico. No se trata de la representación de ningún animal que de lugar a determinadas ceremonias mágicas, sino que son, sencillamente, evocaciones de páginas vividas, recuerdos, narraciones para disfrutar o explicar, aunque no se pueda descartar la posibilidad de que en un determinado momento hayan tenido un cierto sentido religioso, pero en cualquier caso muy indirecto.

Son escenas de la vida ordinaria y, por lo tanto, tienen una gran importancia para comprender el nivel y las características económicas de quienes las pintaron. En general, predominan las escenas colectivas o individuales de caza, y los animales que en ellas aparecen son los que protagonizaban la vida diaria de los hombres y mujeres de aquella época: cabras, ciervos, jabalíes y, en menor cantidad, lobos, zorras y pájaros. También podemos encontrar escenas de danzas, recolección de la miel...

En la misma pared o techo encontramos figuras más visibles que otras, figuras superpuestas y figuras repintadas que a veces presentan la duda de si todas constituyen elementos de una misma representación o si constituyen una narración que se va enriqueciendo, incluso variando, cada vez que se explica.

Se trata de una pintura ciertamente narrativa, pero no sabemos si se trata de una narración elaborada para ser conservada o si es lo que queda de una explicación realizada o es sencillamente la plasmación de una evocación individual: un recuerdo, un pensamiento, un deseo. Lo que queda claro es que en un sentido muy preciso estas pinturas representan al propio pintor y explican sus características individuales y su manera de ser. Si la pintura paleolítica es un diálogo entre la pintura y el artista, esta es un mensaje entre el artista y nosotros.

Técnicamente se trata de pinturas sencillas en las que predomina el sistema de la tinta plana más que el contorno lineal. El color utilizado es el rojo oscuro vinoso, aunque hay toda una gamma de rojos, desde los más oscuros hasta los más claros. Es frecuente el uso del color negro, y casi nunca el blanco. El espesor del colorante es el que da en realidad el tono.

El grado de realismo también varía; en unas podemos identificar los animales dibujados, e incluso apreciar la edad de los machos por los detalles de los cuernos; en otras, la estilización introduce serias dudas sobre su identificación.

La gran novedad de las pinturas rupestres levantinas es la plena aparición de la figura humana. Ya sea en la lucha, en la danza, en la caza o en la recolección, el protagonista es siempre la figura humana. Aunque los detalles no parecen interesar al pintor, se pueden ver siempre los elementos necesarios para interpretar el sentido de la escena representada. Los hombres se plasman desnudos de cuerpo, con los cabellos largos, a veces singularizados con plumas, arco y flechas, con las piernas vendadas y con colgantes con borlas. Las mujeres, desnudas de medio cuerpo, con la cintura delgada y ceñida, y con faldas largas hasta la rodilla y acampanadas. El arquero es la figura más representada. aparece a la espera o corriendo, con las piernas abiertas para evocar la rapidez. El arco es sencillo o doble, y las flechas, con punta y guías de pluma. Cuando no dispara lleva, en la misma mano que el arco, o en la otra, unas cuantas flechas.

Bibliografía

Aparicio Pérez, José (1982), El primer arte valenciano. El arte rupestre levantino. Organismos Oficiales de la Administración. 96 p.
Art rupestre y cultura material del neolític valencià. Valencia. Diputación de Valencia. 1988. 112 p
Beltrán Martínez, Antonio (1980), El arte rupestre del Levante Español : de cazadores a pastores. Encuentro Ediciones, 156 p.
Cháfer Reig, Gontrán (1996), Arte rupestre en Moixent (Valencia). Moixent. Ayuntamiento de Moixent. 150 p
Hernández Pérez, Mauro S. (1988), Arte rupestre en Alicante. Autor-editor de obra propia. 320 p.



Percepciones | Historia del arte | Estética