Catedral de Chartres
 Catedral de Chartres Catedral de Chartres .
1194-1245
Chartres.


La arquitectura gótica, originada entre Normandía y Inglaterra, en el siglo XI, e implantada en Francia desde el abad Suger de Saint-Denis, a mediados del siglo XII, desarrolla el tema de la bóveda ogival (o de crucería) que ya existía en edificios románicos, como en san Víctor de Marsella, e incluso anteriores, como las naves de Durham del 1096 o el mirhab de Kairuan del siglo IX. Este sistema permitía una concentración de cargas que podían ser contrarrestadas con contrafuertes y arbotantes y, a la vez, permitía sustituir los muros por ventanales y vidrieras.

La verticalidad, la linealidad y la transparencia predominaban sobre los valores táctiles, de masa y la horizontalidad del período románico. Panofsky relaciona estas características con la hegemonía del pensamiento escolástico: para el triunfo de la bóveda de ogivas fue necesaria la mentalidad racionalista que invadió Europa después de la ruptura con el mundo bizantino. El pensamiento de Alberto Magno (1206-1280), Tomás de Aquino (1225-1274), Dante (1265-1321), Ramon Llull (1232-1315)... quería racionalizar totalmente la visión del Universo y fusionar el mundo material y el espiritual en un mismo esquema mental geométrico y riguroso. Por esto predominan los valores lineales: aristas, molduras, tracerías caladas..., que harán desaparecer las masas hasta trepanar al máximo la arquitectura. Lineal y calada, necesitaba verticalizarse y concentrar las cargas, y por ello utilizó la técnica de crucería. Al igual que las Summae, que encarnan el ideal de sabiduría de esta Edad de la Razón, una catedral gótica quiere ser un edificio jerárquico en el que todo tiende hacia una unidad suprema, y en el que están presentes todas las cosas del mundo, des de las plantas y los animales hasta los hombres, en un camino ascendente que pasa por los santos y los cortos de ángeles hasta llegar a Dios. Un aforismo escolástico pedía acudir a los sentidos para hacer más clara la razón, y la geometría estaba presente tanto en la teología como en los tratados científicos. El edificio gótico, concebido geométricamente, dejando interpenetrar el espacio exterior con el interior a través de las vidrieras y los rosetones, participa en este conflicto entre la fe y la razón, con la piedra y la luz, colabora en la tarea de demostrar la fe con argumentos racionales. A finales del siglo XIII este mundo mental se acabará: la arquitectura humanizada, la renacentista, será ya otra cosa.

El arco apuntado y la bóveda de crucería definen la arquitectura gótica desde un punto de vista de la técnica constructiva; se suele subrayar las soluciones que ofrece -arbotantes, contrafuertes, pináculos, gárgolas, agujas, rosetones...- o los signos figurativos -verticalidad, linealidad. Cabe considerar, sin embargo, que el carácter gótico de un edificio lo confiere la nueva concepción del espacio y la idea de continuidad que se establece entre los distintos elementos de la construcción.

En el interior románico cada tramo se caracteriza por una cierta proporción entre longitud, altura y anchura; en cambio, las relaciones de toda la iglesia sólo las podemos percibir de forma indirecta, como suma de todos los tramos; por ello muchas iglesias románicas nos parecen bajas en comparación a su longitud. Por el contrario, en el interior gótico los tramos no pueden aislarse: la relación o comparación debe hacerse entre altura, longitud y anchura totales, y por ello las tres dimensiones tienen que ser mensurables y no muy distintas entre ellas. La altura, pues, tiene que estar en proporción con todo el edificio, y no sólo con un tramo. Por esto las iglesias góticas son tan altas: se quiere equilibrar con la altura las dimensiones planimétricas.

Paradigma de catedral y prototipo del gótico francés es la catedral de Chartres. El incendio de 1194 devastó gran parte de la ciudad, incluida la catedral, de la cual sólo quedó la fachada occidental. La reconstrucción se inició de inmediato: la diócesis de Chartres posiblemente era en esta época la más grande y rica de Francia. Las dimensiones del edificio son: longitud total: 130 m, transepto 64 m., anchura de la nave principal 16,5 m., anchura total 33 m, altura de la bóveda 37,5 m.

Su fachada principal, la del pórtico real, reúne muchos de los estilemas del gótico. Los tres pórticos dan a entender a quien contempla el edificio que se trata de una iglesia de tres naves y que la central es de mayor altura que las laterales. Las torres subrayan el impulso ascensional y están proporcionalmente relacionadas con la fachada (la altura de la torre de la izquierda es el doble de la de la fachada; su flecha es un tercio de la altura total de la torre). Cornisas horizontales la dividen en 3 pisos: en la base los tres pórticos, muy decorados escultóricamente; en el piso del medio, tres grandes ventanales que dan luz al interior; en el tercero, el rosetón, de 12 metros de diámetro, con una estructura geométrica constituida por 3 círculos concéntricos, simbolizando, a la vez, a Cristo (el sol) y a María (la rosa). Los pilares adosados al muro, a la vez que separan pórticos y ventanas, subrayan la subdivisión en 3 naves del interior, y equilibran el conjunto contrarrestando, con sus líneas verticales, las horizontales de las cornisas.

Si el exterior da una sensación de macizo por la presencia de los contrafuertes y de los gruesos arbotantes, el interior se nos presenta dividido en dos zonas separadas por el amplio transepto de tres naves; por un lado, la cabecera con cinco naves de cuatro tramos y un doble deambulatorio de siete tramos con capillas radiales; por otro, la nave central, cuyo alzado presenta tres pisos: arcada principal, triforio y el piso de ventanas. "El piso superior, de una altura inhabitual, comienza bajo el nivel del nacimiento de las bóvedas, punto en que éstas empiezan a curvarse. De modo que este piso y la arcada principal son casi de la misma altura: zonas amplias, luminosas y separadas por el triforio sin ventanas. Entre cada intercolumnio del piso superior hay un gran óculo lobular, o ventana circular con borde festonado, sobrepuesto a un par de apuntadas ventanas. Más abajo, los intercolumnios de la arcada principal se iluminan mediante ventanas abiertas en las paredes exteriores de la nave lateral. (...)

Cada pilar de la arcada principal está formado por un núcleo muy grueso rodeado de cuatro columnitas, dispuestas alrededor del núcleo a intervalos regulares para proporcionar "esquinas" a los pilares. (...) al contemplar la nave desde arriba, vemos una alternancia de pilares de núcleo octogonal combinado con columnitas cilíndricas y de pilares de núcleo cilíndrico rodeados de columnitas octogonales. (...)

El alzado del muro forma una red regular. Los tres pisos están separados uno de otro por molduras ligeramente salientes. Entre ellas, la cinta oscura del triforio recorre todo el interior del edificio; pero en la red domina la dirección vertical. La catedral de Chartres no solamente es alta, sino que parece alta, principalmente a causa de la fuerte proyección de los pilares y de los fustes de la pared." (Shaver-Crandell, A., ob., cit., págs. 71-72)

Uno de los elementos que contribuye a la configuración del espacio interior son las vidrieras. Chartres conserva la mejor colección de vidrieras originales góticas de Europa. Desde un punto de vista técnico la ejecución de una vidriera requiere, de entrada, un diseño sobre el que se estudiaba la manera de ordenar las piezas y los tonos de color. Se tallaban, con hierro candente, trozos de láminas de vidrios de colores, de grosores diferentes si se querían obtener gradaciones tonales, y, siguiendo el dibujo del artista, se montaban mediante un emplomado. Los rasgos de la cara se definían y perfilaban con la técnica de la grisalla (aplicación, con pincel, de tintas de color oscuro). Cada escena se enmarcaba en recuadros polibulados. Las escenas, que debemos leer de abajo a arriba, tienen pocas figuras, de tipo bidimensional, y con la expresión centrada en el gesto. El dibujo es refinado y preciso, los colores son fuertes con predominio de los rojos, los azules, los amarillos y los verdes. Los colores básicos combinados proyectan sobre la piedra gris calcárea del interior una luz tamizada que suaviza la dureza del cincelado de la piedra.

Bibliografía

Baltrusaitis, J. (1983), La Edad Media Fantástica. Antigüedades y exotismos en el arte gótico. Madrid. Cátedra.
Duby, G. (1983), Tiempo de catedrales. El arte y la sociedad. 980-1420. Barcelona. Argot
Durliat, M. (1983), Introducción al arte medieval en Occidente.Madrid. Cátedra. 3ª ed. Cuadernos Arte Cátedra nº 6
Panofsky, E. (1951), Arquitectura gótica y escolástica. Buenos Aires. Infinito.
Shaver-Crandell, Anne (1985), La Edad Media. Barcelona. Gustavo Gili. Col. Introducción a la Historia del Arte. Universidad de Cambridge.
Simson, O. Von, (1982), La catedral gótica. Madrid. Alianza. Col. Alianza forma 10




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