Sainte-Chapelle
 Sainte-Chapelle Sainte-Chapelle.
1243-1246.
París.


"En aquella época, esta teología afirmó más que nunca el principio de la luminosidad. Para combatir con más fuerza las seducciones del catarismo, los mejores pensadores sagrados hicieron referencia al sistema de jerarquías descrito por Dionisio el areopagita. Se empeñaron en consolidar este monumento recurriendo a razones más severas y en enriquecerlo por medio del progreso de los conocimientos físicos. (...) Para [Roberto] Grosseteste, Dios es también luz y el universo una esfera luminosa que se expande desde un punto central en las tres dimensiones del espacio. Todo el saber humano procede de una irradiación espiritual de la luz increada. Si el pecado no hiciera opaco el cuerpo, el alma percibiría directamente los fuegos del amor divino. En el cuerpo de Cristo, Dios y hombre, el universo corporal y el universo espiritual vuelven a encontrar su unidad original. Jesús -y la catedral que es su símbolo- son considerados como el centro del cual todo procede y en el que todo se ilumina, la trinidad, el verbo encarnado, la Iglesia, la humanidad, la criatura.

De estas concepciones se deriva una estética. 'De todos los cuerpos, la luz física es el mejor, el más delectable, el más hermoso; lo que constituye la perfección y la belleza de las formas corporales es la luz'. Roberto expresaba como filósofo, lo que sentían oscuramente los franciscanos, en su alabanza de Santa Clara: 'Su angélico rostro era más claro y más hermosos después de la oración, por la alegría que en él resplandecía; el gracioso y liberal Señor colmaba verdaderamente con sus rayos a su pobre pequeña esposa de modo tal que pudiese difundir a su alrededor la luz divina.' Y el dominicano Alberto el Grande define la belleza como un 'replandor de la forma".

Mucho más aún que las iglesias de las que proceden, las catedrales de la segunda generación se iluminan pues con esplendores divinos. En París, las partes elevadas de la Santa Capilla no son nada más que una trampa aérea tendida para apresar todos los rayos. Los muros desaparecen. Por todas partes, la luz penetra un espacio interior que se ha vuelto perfectamente homogéneo." (Duby, G., ob., cit., págs. 188-189)

"La forma más importante del estilo gótico francés de segunda mitad del siglo XIII se denomina "radiante". Este nombre, en francés rayonnant, proviene de los rayos de la tracería de barra que componen los grandes rosetones del período. Las paredes se estrechan cada vez más hasta convertirse en simples y delgadas columnitas que separan los espacios vidriados del edificio. De este modo, cada vez está más justificado comparar un edificio gótico a una jaula de piedra.

Uno de los ejemplos más logrados del estilo radiante es la pequeña capilla de Luis IX de Francia (1214-1270), construida entre 1243 y 1246 en el Palacio Real de París. Se llama la Sainte-Chapelle: la Capilla Santa. El rey, más conocido por san Luis, había construido la capilla parta guardar en ella la Corona de Espinas y un fragmento de la Vera Cruz que durante una cruzada había comprado el emperador bizantino. Aunque no compartamos la credulidad de la época (pues es imposible que una corona hecha de espinas pueda conservarse trece siglos), nos impresiona la sagacidad política de Luis y su gusto arquitectónico. La idea que inspiró el edificio, según dijo un papa contemporáneo, era que Cristo había coronado a Luis con su propia corona. Y lo que Luis construyó fue una especie de magnífico relicario a gran escala. (...)

La Sainte-Chapelle estaba originalmente mucho más ornamentada y recordaba con más fidelidad a un relicario. La mampostería estaba dorada. Había frescos de fondos dorados que imitaban elementos metálicos. Había estatuas colocadas en los laterales del edificio entre los ventanales. Pero el elemento que más evoca la brillantez de colorido de los relicarios contemporáneos es el efecto de las vidrieras polícromas, que cubrían casi completamente los espacios entre los soportes verticales. Los ventanales son altos, delgados, con formas de tracería de una complejidad inédita, y tan delicados como los dibujos utilizados en la orfebrería de la época." (Shaver-Crandell, A., ob., cit., págs. 89-90)

Bibliografía

Baltrusaitis, J. (1983), La Edad Media Fantástica. Antigüedades y exotismos en el arte gótico. Madrid. Cátedra.
Duby, G. (1983), Tiempo de catedrales. El arte y la sociedad. 980-1420. Barcelona. Argot.
Panofsky, E. (1951), Arquitectura gótica y escolástica. Buenos Aires. Infinito.
Shaver-Crandell, Anne (1985), La Edad Media. Barcelona. Gustavo Gili. Col. Introducción a la Historia del Arte. Universidad de Cambridge.
Simson, O. Von, (1982), La catedral gótica. Madrid. Alianza. Col. Alianza forma 10




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