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Hugo van der Goes: Tríptico Portinari. 1475-76. Tabla central: 253 x 304; laterales: 253 x 141. Museo degli Uffizi, Florencia.
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Tras alcanzar ya en plena madurez un momento de equilibrio y serenidad de estirpe "clásica" en la Adoración de los Reyes del retablo de Monforte (hacia 1470/72, Museo de Berlín), Van der Goes entra en una senda eminentemente subjetiva, "expresionista" en cierta manera, cuyas obras maestras serán el Tríptico Portinari de los Uffizi (realizada en Brujas pero con destino a la iglesia del hospital de Santa Maria Nuova de Florencia), la Natividad del Museo de Berlín y La muerte de la Virgen (casi el testamento pictórico del artista) del Museo Comunal de Brujas. El tríptico de los Uffizi muestra en su tabla central una Natividad, mientras que en las alas, protegidos por santos y con escenas alusivas al acontecimiento figuradas en el fondo (el viaje a Belén de María y José en la de la izquierda y el de los Magos en la de la derecha), aparecen el donante Tommaso Portinari (agente de los Médicis en Brujas), su esposa y los hijos de ambos.
"Hugo van der Goes presenta a los pastores acercándose a la Sagrada Familia desde la derecha, sus gestos apresurados están teñidos de intensidad y veneración. María está arrodillada a la izquierda en solemne del Niño que yace, aislado y esplendoroso, en el centro del cuadro. Una corte de pequeños ángeles, elegantemente ataviados con ricos vestidos, flotan por la escena y se unen a la adoración del infante Salvador. Hugo ha contrastado de modo elocuente a los ángeles, envueltos en lujosas túnicas de seda y mantos ricamente bordados, con las burdas vestimentas y las facciones ordinarias de los pastores, hombres sencillos que muestran una conmovedora expresión de piedad ante la visión del Niño santo bañado de esplendor y luz." (Woodford, S. ob, cit., pág. 61)
Como tantas veces se ha escrito la Natividad del Tríptico Portinari es una obra hecha a base de contrarios conciliados en un precario equilibrio que no parece que pueda mantenerse más allá de un instante. De ahí la atmósfera electrizante que impregna la escena y el desasosiego que se desprende de ella. Van der Goes ha captado lo más profundo de las lecciones de Van Eyck y Van der Weyden y llena sus figuras con la monumentalidad y la consistencia física del uno y el pathos exaltado del otro. Pero lo que le interesa fundamentalmente es expresar una atmósfera y lo hace a base de individualizar los elementos hasta el punto de comprometer la unidad del conjunto. Dispone el escenario según las leyes de la perspectiva, pero renuncia a proporcionar adecuadamente a los personajes según su colocación en el espacio. Los aísla, por otra parte, tanto sentimental como físicamente, dejando grandes vacíos entre ellos. Hace contrastar la piedosa quietud de la Virgen o de san José, ambos serenamente idealizados, con la casi violenta intrusión de unos pastores absolutamente rústicos.
Bibliografía
Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Bermejo Martínez, Elisa (1980), Pintura de los Primitivos Flamencos en España. Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Panofsky, Erwin (1998), Primitivos flamencos. Madrid. Ediciones Cátedra. Col. Arte. Grandes temas. 600 p
Woodford, Susan (1985), Cómo mirar un cuadro. Barcelona. Gustavo Gili. págs. 23-24 y 61
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