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Jan van Eyck: El matrimonio Arnolfini 1434. 82 x 60 cm. Óleo sobre tabla. National Gallery, Londres.
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"La revolución eyckiana aparece indisolublemente ligada al desarrollo de la pintura al óleo y a lo que en forma aproximativa podríamos definir como "conquista de la realidad. Durante siglos Van Eyck fue celebrado como el "inventor" de la pintura al óleo y se consideraba que era precisamente ese hecho y el empleo de la nueva técnica lo que permitía explicar la rara perfección e sus pinturas. En realidad la pintura al óleo era conocida desde bastante tiempo atrás y empleada en algunas ocasiones especiales. Lo que los Van Eyck hicieron fue perfeccionarla permitiendo su universalización al poner a punto una fórmula que permitía tanto la fluidez de la pasta pictórica como su rápido secado. Su descubrimiento sería de todos modos trascendental. Con el empleo del óleo los colores cobran una profundidad, una luminosidad y una transparencia desconocidas hasta entonces. El pintor puede tratar de una forma sutil los efectos lumínicos o espaciales y puede llenar sus obras de una brillantez, un preciosismo e incluso una sensualidad que no permiten la pintura al temple o al fresco. (...) Es más seguro que las experiencias que llevaron al perfeccionamiento de la técnica fueran fruto de la necesidad de encontrar un medio que permitiera la expresión de las cualidades que a los Van Eyck les interesaba desarrollar.(...)
Y la pintura de Van Eyck es, ciertamente, la pintura más realista que jamás se hubiera realizado hasta entonces, pero la naturaleza de este realismo debe ser reconsiderada a la luz de los estudios de Panofsky y otros historiadores que demuestran de forma fehaciente que, incluso en las obras aparentemente más "naturalistas" del pintor, hay una carga simbólica tan fuerte que el no iniciado corre el riesgo de equivocar por completo el significado de la representación.(...)
Panofsky ha realizado un magistral análisis del célebre retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa del que resulta que prácticamente todos los elementos que pueblan el interior burgués en donde aparecen representados los esposos contienen una significación simbólica destinada a poner de relieve el motivo al que se debe la realización del cuadro: los desposorios de la pareja." (Alvarez Lopera, J., ob., cit., pág. 82).
Se trata de un retrato de Arnolfini, un comerciante de Lucca establecido en Brujas, y su esposa Giovanna Cenami. Ambos personajes están de pie, cogidos de la mano, él con la derecha levantada y la mujer con la izquierda sobre el vientre, situados en una habitación que se abre al exterior por una ventana que permite ver los árboles frutales del huero o jardín próximo. A la derecha, una cama con un dosel y a su lado un sitial de alto respaldo rematado por una pequeña escultura de santa Margarita, de cuya base cuelga una escobilla; una alfombra se aprecia junto a sus pies. En la pared del fondo, un espejo convexo de forma circular y una ristra de cuentas, instrumento de contabilidad propio de banqueros, prestamistas y comerciantes. Arrimado al muro, un banco cubierto de almohadones y una tela roja. Detrás de la figura de Arnolfini, una mesita con frutas. Objetos de uso personal -dos pares de zapatillas y un perrito- completan el cuadro doméstico de la pareja. Da la impresión como si estuviéramos de visita en casa de los Arnolfini.
El análisis de los elementos iconográficos de esta composición llevó a Panofsky a formular la teoría de que este cuadro es algo más que un retrato. El gesto de la mano derecha de Arnolfini parece sugerir que esté a punto de pronunciar un juramento de fidelidad, es decir, su compromiso matrimonial con Giovanna, mientras que ella, dándole la mano, le corresponde de la misma manera (no se necesitaba sacerdote en la ceremonia matrimonial). El vientre abultado de la esposa no se debe tanto a una situación de embarazo, que subrayaría el tema del matrimonio, cuanto a la peculiar moda de la indumentaria de la época; pero su mano izquierda sobre el vientre sí que corresponde a un símbolo matrimonial utilizado por los pintores renacentistas.. La figurilla de santa Margarita que es la protectora del matrimonio en los Países Bajos, o la única vela de la lámpara -a plena luz del día no sirve para iluminar- simbolizando a Cristo que con su presencia santifica el matrimonio, o el perrito que representa la fidelidad y las frutas que nos recuerdan el estado de inocencia antes del pecado original, o el hecho de que ambos personajes estén descalzos, lo que puede indicar que la pareja está pisando un suelo santo y por esto se ha descalzado..., en conjunto nos hace pensar que no se trata sólo de un retrato, sino de un documento que atestigua el matrimonio de Arnolfini y Giovanna. Seguramente se llamó al pintor para que registrara este importante momento; esto explicaría por qué puso su nombre ("Johannes de Eyck fuit hic") y la fecha.
Observemos ahora el espejo, recurso usual en la pintura flamenca. Vemos en él toda la escena reflejada y, posiblemente, la imagen del pintor y testimonio de las capitulaciones nupciales. Ampliando la imagen podemos apreciar la cuidada caligrafía gótica de los números y los detalles de su marco, con diez medallones que ilustran episodios de la pasión. El espejo convexo devuelve la imagen de la habitación desde un nuevo punto de vista: la pareja Arnolfini está de espaldas y, delante de ellos, en el umbral de la puerta, dos personajes con indumentaria azul y roja, uno de ellos, quizás, el propio van Eyck, que reforzaría con este artificio óptico su presencial en la composición, insistiendo en su calidad de testimonio del matrimonio.
La escena tiene lugar en la intimidad de la alcoba; y la atmósfera íntima de esta estancia viene dada por la luz tamizada que entra por la ventana, una luz que, además de iluminar, unifica los distintos objetos y dota al cuadro, a pesar de su detallado realismo, de un tono de espiritualidad, de magia, de misticismo. Las paredes de la confortable habitación están bruscamente cortadas por el marco dando la impresión de que se extienden hacia delante, como invitando al espectador a acercarse, a incorporarse a la escena. Esta invitación está también sugerida por la reducida escala de la obra, por la riqueza de detalle, por la suavidad de los vestidos de piel y el brillo del metal pulido.
Respecto a la técnica subrayamos, antes que nada, la precisión miniaturística con la que ha sido ejecutada. El rostro del comerciante está modelado por la luz que entra por la ventana dejando al contraluz su amplio sombrero. La delicada suavidad de sus facciones, tratadas con una pincelada fluida, contrasta con la textura de los pliegues de piel y el terciopelo de la capa. La vibración luminosa de la lámpara de bronce sirve para establecer la diferencia entre los seres vivos y los objetos inanimados.
Observando la mano del personaje, advertimos un claro arrepentimiento: alargó los dedos índice y corazón para corregir una relativa desproporción de tamaño que el pintor notó al acabar la tela. Las fotografías con infrarrojos revelan que la mano de Arnolfini estuvo situada, en principio, en tres posiciones más atrasadas. En conjunto denota la importancia expresiva que el pintor concedió al gesto del comerciante, dado que es la clave para comprender el sentido de esta composición.
Bibliografía
Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
De la Wikipedia
http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Retrato_de_Giovanni_Arnolfini_y_su_esposa&oldid=cur El
Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa es un cuadro del pintor flamenco Jan
van Eyck; fechado en 1434, representa al rico mercader Giovanni Arnolfini y a su
esposa Jeanne Cenami, que se establecieron y prosperaron en la ciudad de Brujas
(hoy Bélgica), entre 1420 y 1472. Al día de hoy, los historiadores del arte
discuten exactamente la imagen que el cuadro presenta; la tesis durante mucho
tiempo dominante, introducida por Erwin Panofsky en un ensayo de 1934, sostiene
que la imagen corresponde al matrimonio de ambos, celebrado en secreto y
atestiguado por el pintor. Sin embargo, muchas otras interpretaciones se han
propuesto acerca del mismo, y el consenso actual es que la teoría de Panofsky es
difícilmente sostenible. En todo
caso, la pintura —desde 1842 en la National Gallery de Londres— se considera una
de las obras más notables de van Eyck. Es uno de los primeros retratos de tema
no hagiográfico que se conservan, y a la vez una informativa escena
costumbrista. La pareja aparece de pie, en su alcoba; el esposo bendice a su
mujer, que le ofrece su mano derecha, mientras apoya la izquierda en su vientre.
La pose de los personajes resulta teatral y ceremoniosa, prácticamente
hierática; algunos especialistas ven en estas actitudes flemáticas cierta
comicidad, aunque la extendida interpretación que ve en el retrato la
representación de una boda atribuye a ello su aire pomposo. El
estilo La obra
es un fiel reflejo de las características estilísticas de los primitivos
flamencos y, sobre todo, es un compendio del estilo de su autor. En su
composición sobresalen:
● la minuciosidad; al ser
una pintura concebida para la exhibición doméstica, lo que permite verla de
cerca, los detalles se plasman con una escrupulosidad microscópica, sólo posible
gracias al empleo del óleo y de plumillas especiales. Por ejemplo, en el espejo
del fondo —en cuyo marco están representadas diez escenas de la Pasión de
Cristo— se refleja toda la habitación vista desde atrás, incluyendo todo el
mobiliario, el matrimonio, otras dos personas y el ventanal con una vista de
Brujas;
● el deleite en la
reproducción de objetos; los flamencos se enorgullecen del bienestar material
que han logrado, de sus pequeñas posesiones, y las representan en sus obras: la
lámpara, los muebles finamente labrados, la ropa, etc. En esta obra aparecen,
además, otros objetos aparentemente injustificados; la tesis de Panofsky se
apoya en alto grado en ellos.
● el naturalismo; van Eyck
se preocupaba mucho por representar la realidad con la mayor exactitud posible,
aunque al ojo moderno la imagen parezca escasamente realista por la actitud
hierática de los retratados —incluso el perro. El movimiento es nulo en la
imagen; las formas tienen una solidez escultórica, y la escena, en general, es
rígida, teatral y poco espontánea;
● la preocupación por la luz
y la perspectiva; propias de van Eyck, que en ello se adelantó a su tiempo: la
luz que penetra por la ventana es suave y envuelve las formas delicadamente, la
claridad se disuelve, poco a poco, en una atmósfera tangible; el marco
arquitectónico y el recurso del espejo del fondo dan una sensación de
profundidad muy verosímil. El propio Velázquez se inspiró en esta obra al pintar
Las Meninas. El
contenido de la obra
Los Protagonistas
Giovanni
de Arrigo Arnolfini, rico comerciante italiano (oriundo de Lucca),
afincado en Brujas hacia 1421. Jeanne
o Giovanna Cenami procedía de una acaudalada familia italiana que vivía en
París; su matrimonio se había concertado con sumo cuidado. Por desgracia,
no resultó como se esperaba: no tuvieron hijos y, años después, Arnolfini
fue llevado a los tribunales por una amante despechada que buscaba
compensación
El
realismo Llama
la atención el realismo óptico basado en la minuciosidad microscópica y en una
magistral captación de la luz y la perspectiva, la quietud y, sobre todo, el
orgullo por el bienestar material que han logrado, y por sus pequeñas
posesiones: la lámpara, los muebles finamente tallados, la ropa… Éste es un
aspecto muy llamativo en esta obra; ya que aparecen infinidad de objetos sin
motivo aparente.
El
simbolismo Pero,
gracias, precisamente, a estos pequeños objetos, propios de una sociedad que
vive en la opulencia, el experto en Historia del Arte, Erwin Panofsky, logró
desvelar el significado de este cuadro: el cual interpreta como una alegoría del
matrimonio y de la maternidad. Para ello, nos desvela el sentido de multitud de
detalles que, aparentemente, carecen de importancia, pero que dan una nueva
dimensión al cuadro, algunos de estos pormenores son: En
primer lugar, la representación de los esposos, que es antagónica y revela los
diferentes papeles que cumple cada cual en el matrimonio. No olvidemos que
hablamos de una sociedad de hace más de 500 años, a caballo entre la Edad Media
y la Edad Moderna: él es severo, bendice o, quizá, jura (fides levata) —en
cualquier caso, ostenta el poder moral de la casa (potestas)— y sostiene con
autoridad la mano de su esposa (fides manualis), que agacha la cabeza en actitud
sumisa y posa su mano izquierda en su abultado vientre, señal inequívoca de su
embarazo (que no es real), que sería su culminación como mujer. Las mismas ropas
que llevan refuerzan este mensaje, a pesar de que la ambientación sugiere un
tiempo veraniego o, cuando menos primaveral, lleva pesadas túnicas que revelan
su alta posición socioeconómica, el tabardo de él es oscuro y sobrio (aunque los
remates de piel de marta resultaban particularmente caros), y ella luce un
ampuloso vestido, de colores vivos y alegres, con puños de armiño
(complementados con un collar, varios anillos y un cinturón brocado, todo de
oro).
● Las naranjas, importadas
del sur, eran un lujo en el norte de Europa, y aquí aluden quizá al origen
mediterráneo de los retratados. Conocidas como "manzanas de Adán", representaban
además la fruta prohibida del edén (quizá sean una evocación del paraíso
perdido), en alusión al pecado mortal de la lujuria, probable motivo de la
pérdida de la gracia.Los instintos pecaminosos de la humanidad se santifican
mediante el ritual del matrimonio cristiano.
● La cama tiene relación,
sobre todo en la realeza y la nobleza, con la continuidad del linaje y del
apellido. Representa el lugar donde se nace y se muere. Los tejidos rojos
simbolizan la pasión además de proporcionar un poderoso contrate cromático con
el verde de la indumentaria femenina. En todo caso, era costumbre de la época,
en las casas acomodadas de Borgoña, colocar una cama en el salón donde se
recibían las visitas. Aunque, generalmente, se usaba para sentarse,
ocasionalmente, era también el lugar donde las madres recién paridas recibían,
con su bebé, los parabienes de familiares y amigos.
● La alfombra que hay junto
a la cama es muy lujosa y cara, procedente de Anatolia, otra muestra de su
fortuna y posición.
● Los zuecos esparcidos por
el suelo —ellos van descalzos— representan el vínculo con el suelo sagrado del
hogar y también son señal de que se estaba celebrando una ceremonia religiosa.
La posición prominente de los zapatos es también relevante: los de Giovanna,
rojos, están cerca de la cama; los de su marido, más próximos al mundo exterior.
En aquel tiempo se creía que pisar el suelo descalzo aseguraba la fertilidad.
● Los rosarios eran un
presente habitual del novio a su futura esposa. El cristal es signo de pureza, y
el rosario sugiere la virtud de la novia y su obligación de ser devota. También
el cristal del espejo alude a la pureza del sacramento del matrimonio (speculum
sine macula).
● El espejo es uno de los
mejores ejemplos de la minuciosidad microscópica conseguida por van Eyck (mide
5’5 centímetros y cada una de las escenas de la pasión que le rodean mide 1’5
centímetros), y enlaza con el siguiente asunto. En torno al espejo se muestran
10 de las 14 estaciones del Vía Crucis (las paradas del camino de Cristo hasta
su muerte en el Gólgota). Su presencia sugiere que la interpretación del cuadro
debe ser cristiana y espiritual en igual medida que legal y recuerda el
sacrificio que tienen que soportar los esposos.
● La lámpara sólo tiene una
vela, que simboliza la llama del amor —era costumbre flamenca encender una vela
el primer día de la boda—.
● Giovanna lleva un elegante
vestido verde (el color de la fertilidad), propio de un retrato de aparato y un
cuadro de boda. No está embarazada, su postura se limita a delatar el vientre,
que entonces se tenía por una de las partes más bellas del cuerpo. También cabe
pensar que su pose y la exagerada curvatura del vientre sugieran su fertilidad y
deseada preñez que nunca resultó.
● En el cabezal de la cama
se ve la talla de una mujer con un dragón a los pies.
● El perro pone una nota de
gracia y desenfado en un cuadro que es, por lo demás, de una apabullante
solemnidad. El detallismo del pelo es toda una proeza técnica. Lo
único que faltaría es el sacerdote y el testigo, necesarios en todas las bodas,
pero ambos personajes aparecen reflejados en el espejo, junto a la pareja: un
clérigo y el propio pintor, que actúa como testigo, y que, con su firma, no sólo
reclama la autoría del cuadro, sino que testifica la celebración del sacramento:
"Johannes de Eyck fuic hic 1434" (Jan van Eyck estuvo aquí en 1434). El cuadro
sería, por tanto, un documento matrimonial. No obstante, es también un cuadro
evidentemente intemporal porque se refiere simultáneamente a hechos que tienen
lugar dentro del matrimonio, pero en fases diversas a lo largo del tiempo. Al
margen del significado metafórico, cabe preguntarse cuál es el motivo de ese
espíritu ilusionista, de ese deseo de reproducir con prodigiosa fidelidad la
epidermis del mundo. Sabemos que las obras flamencas estaban ideadas para ser
vistas de cerca; asimismo mostraban el orgullo que sentía la alta sociedad
flamenca por sus ciudades, por sus viviendas y por sus objetos, pero estas
razones, con ser aceptables, no llegan al fondo de asunto. En este
sentido, es una creencia extendida que Jan van Eyck despliega en sus cuadros un
himno a la naturaleza; de ahí que estén poblados de símbolos que se descifran
con placer. El más mínimo detalle, una brizna de hierba, por ejemplo, nos
recuerda la obra divina; es, pues, un modesto homenaje del pintor a la belleza
natural. Es un sentimiento positivo que probablemente Jan van Eyck compartió con
la alta sociedad flamenca y que está en el espíritu prehumanista de la Baja Edad
Media. La
controversia Erwin
Panofsky hizo hincapié en el hecho de que una ceremonia religiosa, tan
importante como el matrimonio, no se celebrase en una iglesia, sino en una
alcoba privada, lo que podría señalar que se trataba de una unión privada y
reservada. En efecto, en aquella época, se consideraba que una unión era legal,
aunque se celebrase sin sacerdote, siempre que hubiera un documento que lo
atestiguara y testigos que diesen fe de ello. El cuadro cumple precisamente
estas cualidades. Así, pues, podría ser el testimonio de una boda de secreta.
Evidentemente, el cuadro y el matrimonio en sí están envueltos en un halo de
misterio. Por de pronto, carecemos de documentos sobre el encargo entre los
Arnolfini y Van Eyck; los primeros documentos sobre la pintura son ya del siglo
XVI. De todos modos, sabemos que Giovanni Arnolfini vino de Italia a comerciar a
Brujas, amasó una inmensa fortuna y entró en el círculo más selecto del gran
duque de Borgoña (para quien trabajaba Jan van Eyck). Pero
los motivos reales del cuadro siguen estando ocultos. Las nuevas investigaciones
de la National Gallery de Londres (radiografías, infrarrojos...), demuestran que
la mayoría de los objetos, a los que Panofsky trata de dar un sentido, se
pintaron después de crear lo fundamental del cuadro; y que todos ellos son
pequeños tesoros, carísimos caprichos que, en aquella época, muy pocos podían
pagar; al mismo tiempo la riqueza llama a la fertilidad, a la procreación... Lo
más evidente es que Arnolfini hace una demostración del poder comercial que
había alcanzado, como un auténtico «self-made-man» del siglo XV. Se ha
llegado a plantear si lo pintado es real o es una recreación de Van Eyck: aparte
de una demostración de su virtuosismo pictórico. En aquella época no era
habitual pintar fuera del estudio, así que es fácil entender que se trata una
ilusión creada por el pintor, en connivencia con Arnolfini. Podría referirse a
una promesa de matrimonio y de la vida que le espera a la esposa; podría
reflejar la ceremonia misma del matrimonio. Últimamente se habla de un posible
exorcismo, o ceremonia para recuperar la fertilidad ya que Arnolfini y su esposa
no tuvieran hijos. Este tipo de ceremonias, para recuperar la fertilidad eran
habituales en la época. De hecho, tras las manos de la pareja hay una horrible
gárgola sonriente que podría simbolizar el mal que se cierne sobre el
matrimonio, la causa de su castigo: Giovanni Arnolfini era un mujeriego, un
adúltero. Pero
hay más motivos para la controversia: en 1990, un investigador francés de la
Sorbona, Jacques Paviot, descubrió en el archivo de los duques de Borgoña un
documento de matrimonio de Giovanni Arnolfini datado en 1447: trece años después
de que fuese pintado el cuadro y seis años después de que muriese Jan van Eyck.
Cierto que en Brujas en el siglo XV hubo cuatro Arnolfinis y dos de ellos se
llamaban Giovanni, pero en el documento se habla inequívocamente del más rico,
el que tenía tratos con el archiduque, el del cuadro de Van Eyck.
Identificación del estilo La obra
pertenece al estilo de los primitivos flamencos: la escuela flamenca de pintura
será una de las importantes del mundo, desde el siglo XV hasta el siglo XVIII,
por eso, para distinguir este primer periodo del siglo XV, es denominada Escuela
de Primitivos Flamencos. Esta escuela suele pintar cuadros de temática
religiosa, que trata como escenas costumbristas, aunque también desarrolla el
retrato y el paisaje. Utilizan la técnica al óleo y su estilo se caracteriza por
la minuciosidad, el deleite en la reproducción de objetos, el naturalismo y el
amor al paisaje. Entre los artistas más importantes de esta escuela tenemos a
Jan van Eyck, autor de esta obra, Roger van der Weyden y El Bosco.
Identificación de la obra El
Retrato del Matrimonio Arnolfini es, sin duda, una obra maestra del arte de los
primitivos flamencos. Según la propia firma del autor, fue pintada en 1434.
Formó parte de la colección real española, pero fue robada por el ejército
francés durante la Guerra de la Independencia. En 1842 la National Gallery de
Londres la adquirió por 730 libras. Van
Eyck representa la boda de Arnolfini, un próspero banquero italiano establecido
en Brujas hacia 1421. Pero lo más significativo es que da fe de la revolución
que estaba viviendo el arte flamenco, paralela a las innovaciones italianas. El
cuadro, lleno de simbolismo, actúa en varios planos:
● como retrato de dos
importantes miembros de la sociedad ejecutado por el más eminente artista local
● como testigo de su boda
● como sumario de las
obligaciones que entrañaba el matrimonio a mediados del siglo XV.
● como ilusión, como engaño,
como promesa, como exorcismo, en resumen, como un misterio. Van
Eyck hace además gala de su suprema destreza como pintor y maestro de las
últimas técnicas (en especial la pintura al óleo), por la que alcanzó renombre
en toda Europa.
Identificación del autor El
hombre del turbante rojo; posible autorretrato de Jan van Eyck Jan van
Eyck (1380-1441) es, con su hermano Huberto, el iniciador del estilo. Ambos
nacieron en un lugar cercano a Mastrique. Al principio trabajaron juntos, pero
Huberto murió en 1426 y quedó sólo Jan, quien vivió al servicio de Felipe el
Bueno, duque de Borgoña, con gran desahogo económico. Su
estilo se caracteriza por el hieratismo y la inmovilidad, y sus mayores
preocupaciones eran la verosimilitud, la perfección, el tratamiento de la luz y
la perspectiva. Además de ésta, sus obras más importantes son el
Políptico de la Adoración del Cordero Místico de la
catedral de San Bavón de
Gante (1432),
la
Virgen del Canciller Rolin y la
Virgen del canónigo Van der Paele.
Relación de la obra con su época histórica
La obra
fue pintada en Flandes, durante el siglo XV. En esta época aparece una sociedad
avanzada con una economía basada en los productos textiles de lujo y en el
comercio, favorecido por su excelente situación estratégica (por allí pasan las
grandes rutas comerciales terrestres que van de Italia y Francia hacia el
Atlántico Norte: Inglaterra y países nórdicos y las rutas marítimas que iban del
Mar del Norte al Cantábrico). La burguesía flamenca, debido a su alto desarrollo
intelectual, gusta del lujo y de las obras de arte. Y esas obras de arte son
para el propio disfrute, o sea, para llevárselas a casa o para instalarlas en
capillas privadas. Por eso la pintura es la técnica ideal (manejable, barata y
propensa a reflejar los gustos burgueses).
Incidentes sufridos por la pintura ● En
1434 Jan van Eyck termina la tabla, posiblemente respondiendo al encargo de
los propios retratados. ● Antes
de
1516 los documentos la sitúan en poder de Don Diego de Guevara (muerto en
Bruselas en
1520), caballero español de la corte de los
Habsburgo (él mismo fue retratado por
Michael Sittow, conservándose esta obra en la
National Gallery of Art de Londres). El citado caballero vivió casi toda su
vida en Holanda y probablemente conoció a la familia Arnolfini en sus últimos
años. Cerca de 1516 regaló el cuadro a
Margarita de Austria, gobernadora, en aquella época, de los
Países Bajos. ●
1516: El
retrato figura entre las posesiones de Margarita de Austria, cuando se
realiza un inventario de sus obas de arte durante su estancia en
Malinas. El documento se escribió en
francés y describe «una gran pintura llamada Hernoul le Fin con su esposa en
una alcoba, la cual fue entregada a su alteza por Don Diego, cuyo emblema está
en la cubierta de la citada pintura; realizada por el pintor Johannes.» Una nota
en el margen añade «Es necesario colocar un par de postigos para poder cerrarla,
los cuales su alteza ya ha mandado hacer». ●
1523-4:
En otro inventario conservado en Malinas aparece una descripción similar aunque
el nombre de los retratados que ahora figura es "Arnoult Fin". ●
1558: En
1530 Margarita de Austria había dejado en herencia la obra a su sobrina,
María de Hungría, quien en
1556 se vino a vivir a
España. De nuevo el retrato es inconfundiblemente descrito en el inventario
hecho al morir la hermana del
emperador en 1558, cuando éste pasa a la colección de
Felipe II. El rey español encargó varios retratos de sus nietas, cuyas poses
están claramente inspiradas en las de los Arnolfini y que se conservan en el
Museo del Prado. ●
1599: Un diplomático
alemán asegura haber visto el cuadro colgado en las paredes del
Real Alcázar de Madrid. Según su relato, se le habían pintado en el marco
unos versos de
Ovidio: «Mira lo que prometes: ¿qué sacrificio hay en tus promesas? En
promesas cualquiera puede ser rico». ●
1700: Otro inventario, éste realizado tras la muerte
Carlos II, confirma que el cuadro seguía en el Alcázar con sus postigos y
los versos de Ovidio. ●
1794: Tras el incendio que destruyó el antiguo Alcázar, se documenta ahora
en el nuevo
Palacio Real de Madrid. ●
1816: Repentinamente la obra aparece en Londres como propiedad de coronel
escocés James Hay, que supuestamente había luchado en España. Este soldado
alegaba que, tras haber sido gravemente herido en la
batalla de Waterloo —el año anterior—, vio la pintura en la habitación donde
había estado convaleciente en Bruselas. La obra le gustó tanto que persuadió a
su dueño para que se la vendiera. Sin duda, todo este relato era una patraña. ●
Aproximadamente en
1828 Hay deja la obra a un amigo en depósito, desde entonces no se tiene
noticia de ella, al menos durante trece años. ●
1841: Vuelve a haber noticias públicas sobre el cuadro. ●
1842: El retrato es adquirido por la recién creada Galería Nacional de
Londres, por un valor de 730
libras esterlinas y es inventariado con el número 186.
Referencias
Campbell, Lorne. National Gallery Catalogues (new series): The Fifteenth Century
Netherlandish Paintings. Londres, National Gallery Publications/Yale UP. ISBN
185709171.
Delumeau, Jean. La Civilización del Renacimiento.
Barcelona, Editorial Juventud.
ISBN 84-261-0906-3. Hauser,
Arnold (1979).
Historia social de la Literatura y del Arte (volumen 1).
Madrid, Guadarrama. Punto Omega.
ISBN 84-335-0019-8. Koster,
Peter (2003).
«The arnolfini double portrait: a simple solution». Apollo: The international
magazine of arts Número 499 (páginas 3-14). ISSN 0003-6536.
Panofsky, Erwin (1984).
Estudios sobre iconología.
Madrid, Alianza.
Panofsky, Erwin (1934).
«Jan van Eyck's "Arnolfini' Portrait"».
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Panofsky, Erwin (1993).
Renacimiento y renacimientos en el arte occidental.
Madrid, Alianza. Pijoán,
José (1990).
«El arte del Renacimiento en el centro y norte de Europa.». Summa Artis Historia
General del Arte. (Tomo XV). Editorial Espasa Calpe, S.A.
ISBN 84-239-5200-2. Varios
autores (1998).
«El Renacimiento». Gran Historia del Arte Planeta El Renacimiento, primera parte
(Tomo 5). Editorial Planeta
ISBN 84-395-7423-1.
Panofsky, E. (1934), "Jan van Eyck's Arnolfini portrait", a Burlington Magazine, núm. 64, págs. 112-127
Desempeñó cargos de importancia en la corte de Felipe el Bueno, duque de
Borgoña, a cuyo archiducado pertenecían entonces los Países Bajos
Hay, en segundo lugar, multitud de detalles objetos que aparecen sin
justificación aparente, como si careciesen de importancia. Todo lo que contiene
el cuadro proclama la riqueza de la joven pareja, desde la ropa y los muebles
hasta la fruta en el alféizar de la ventana. Lo cierto es que esta pareja parece
haber recopilado objetos de muchos países de Europa: Rusia, Turquía, Italia,
Inglaterra, Francia... Sin duda, Arnolfini, rico mercader, trabó amistad o
negocios con empresarios de toda Europa. Como se sabe, Brujas, donde se instaló
Giovanni, era un hervidero de burgueses de todas partes; y este mercader que
protagoniza el cuadro se jactaría de sus relaciones con todos ellos. En
definitiva, lo cierto es que todos tienen un significado nítido que da una nueva
dimensión a la obra:
Por cierto que estos pequeños espejos convexos eran muy populares en aquella
época; se llamaban «brujas» y se usaban para espantar la mala suerte. A menudo
se encontraban junto a ventanas y puertas, para buscar efectos lumínicos en las
estancias. Que se sepa, ésta es la primera vez que se usan como recurso
pictórico, la idea tuvo mucho éxito y fue imitada, como hemos visto. El experto
Craig Harbison ve en el espejo el centro de gravedad de todo el cuadro, es lo
que más nos llama la atención, una especie de "círculo mágico" calculado con
increíble precisión para atraer nuestra mirada y revelarnos el secreto mismo de
la historia del cuadro: "But there's the key!".
Pero también recuerda la candela que luce siempre en el sagrario de la iglesia,
la permanente presencia de Cristo.
Es probable que sea Santa Margarita, patrona de los alumbramientos, cuyo
atributo es el dragón; pero por la escobilla que hay al Lado podría ser Santa
Marta, patrona del hogar, que comparte idéntico atributo.
En los retratos, los perros suelen simbolizar, como aquí, la fidelidad y el amor
terrenal.
Es casi seguro que
Velázquez conoció profundamente el cuadro y se inspiró en él, al usar el
espejo como recurso pictórico en varias de sus creaciones, por ejemplo
Las Meninas o
La Venus del espejo.
Resulta más probable que el coronel Hay participase en la
batalla de Vitoria (1813)
en la que las tropas
francesas, que escoltaban a
José Bonaparte en su huida, fueron derrotadas por un ejército multinacional
de
británicos,
españoles y
portugueses al mando del
Duque de Wellington. Tras la refriega, los británicos se incautaron de un
cargamento de obras de arte que los franceses habían desvalijado de la colección
real española. Unos 90 cuadros, pero no éste, pasaron a manos de Wellington y
están en su casa de Londres,
Apsley House.
El caso es que el coronel Hay ofreció como obsequio la pintura al príncipe
regente,
Jorge IV, para lo que se sirvió de la mediación de Sir
Thomas Lawrence. El príncipe tuvo la obra dos años, en
Carlton House, antes de devolvérsela a Hay en
1818.
Actualmente sigue expuesta en el citado museo, pero han desaparecido tanto los
postigos laterales como el marco con los versos de Ovidio.
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