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Templo de Amón. Imperio Nuevo. Hacia 1530-323 ane. Karnak.
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Los diferentes edificios que constituyen el templo de Amón en Karnak están dispuestos a lo lago de la ruta procesional que comunicaba el embarcadero del Nilo con el cercano templo de Luxor. El conjunto ocupa una superficie de 21,4 hectáreas y fue construido a lo largo de un período de 1.200 años, ya que era remodelado periódicamente para crear un conjunto cada vez más grandioso. Las principales salas y patios están dispuestos a lo largo de un eje central, aunque, posteriormente, el conjunto se amplió lateralmente con otras puertas monumentales y edificios ceremoniales.
Ubicado junto al Nilo, los materiales se transportaban por el río y mediante un canal se llevaban a Karnak. Desde el canal, una avenida de acceso, flanqueada por esfinges de piedra con cabeza de carnero, símbolo de Amón, conducía hasta el pilono exterior. En solemne procesión, se llevaba ceremonialmente la efigie del dios Amón a lo largo de la avenida hasta unas barcazas, en las que, periódicamente, emprendía una peregrinación a otros templos sagrados.
Los pilonos, construcciones macizas y en talud que servían de fachada, se construían arrastrando los bloques de piedra sobre rampas de adobe y tierra. El pilono exterior, de 42,6 metros de altura, llevaba unos mástiles donde se colocaban inmensos estandartes que marcaban la entrada al templo. Sus muros trapezoidales acabados en una cornisa, enmarcan una gran puerta rectangular, y simbolizan la unión del Alto y del Bajo Egipto, las montañas por donde sale el sol, y la fortaleza que protege el dios contra las fuerzas nocivas.
En la parte norte del segundo pilono del templo está representada, en alto relieve, la barca sagrada de Amón, que sale en procesión durante la celebración de la fiesta del año nuevo y se dirige a Luxor. En la parte sur, la barca, representada en relieve inciso, retorna de Luxor y entra en el templo.
Dentro del patio exterior, o sala hípetra, se encuentra el templete de Taharka, que se usaba en las ceremonias y marcaba el límite de la zona de acceso público.
La sala hipóstila de Karnak presentaba 122 columnas y un pasillo central que contaba con 12 columnas de 23 metros de altura y 3,6 metros de diámetro; a cada lado se levantaban 7 filas de 9 columnas que se perdían en la oscuridad, creando un efecto de infinitud espacial. Está considerada como la obra más espectacular y grandiosa de la arquitectura egipcia, si dejamos a una lado las pirámides de Guizeh. El recinto tiene 102 metros de ancho por 53 metros de largo en el sentido del eje del templo. La construcción de la zona norte se atribuye al faraón Seti y la sur a su hijo Ramsés II. Se trata de una dependencia cubierta con un techo de piedra que precede el santuario de Amón, el oculto, como significa en egipcio.
Para conseguir una luz ambiental, tenue y matizada, se ideó un sistema de celosías de piedra que, apoyándose sobre las columnas más bajas con capiteles en forma de loto cerrado, alcanzan la misma altura de 23 metros de las columnas con capitel papiriforme de la doble hilera central. Las finas ranuras de estas celosías de piedra calcárea blanca que contrastan con el gres rojizo de los arquitrabes y columnas, apenas dejaban pasar los rayos de luz, interceptados por gigantescos capiteles en forma de parasol abierto de papiro de 15 metros de circunferencia. El resultado era una claridad cambiante en el centro de la vía procesional central, que el resto de columnas convertían en misteriosa penumbra.
Las columnas y muros de la sala hipóstila están decorados con relieves pintados en los que se narran victorias dinásticas, ritos ceremoniales y escenas de la vida cotidiana.
El santuario albergaba la efigie sagrada de Amón, a la que se bañaba ritualmente, ungía y ofrecía alimentos. La vida dentro del templo era regulada por la salida y la puesta del sol, los ciclos de los planetas y las crecidas del Nilo. En los ritos sagrados y en las creencias sobre la creación y la inmortalidad se utilizaba la oscuridad y la luz, materializadas en la alternancia entre los espacios interiores y exteriores.
Bibliografía
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Wiesner, Joseph (1983), Arte Egipcio. Madrid. Ediciones Universitarias Nájera. Col. Historia del Arte Universal. 220 p
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