Leonardo da Vinci: Adoración de los Magos.
 Leonardo da Vinci: Adoración de los Magos. Leonardo da Vinci: Adoración de los Magos
1481. 246 x 243. Oleo y bistre sobre tabla.
Galleria degli Uffizi, Florencia.


"Con la Adoración de los Magos Leonardo alcanza su madurez y plantea los términos de una renovación radical de los modos representativos. Hasta ahora había basado sus composiciones en un equilibrio estático, disponiendo personajes, arquitecturas o elementos de la naturaleza en una serie de planos recedentes. En la Adoración el equilibrio, esencialmente dinámico, se establece a partir de un triángulo paralelo al plano de la tela (en el que se inscriben las figuras de la Virgen con el Niño y los Magos arrodillados) y un semicírculo poblado de personajes que contemplan admirados la escena, dispuesto en profundidad. La agitación que se desprende de la complejidad de interrelaciones establecidas dentro de cada grupo de personajes y del movimiento centrípeto del círculo de espectadores queda compensada por algunos acentos estáticos y verticales: los dos personajes de los extremos y los dos árboles ligeramente excéntricos, elementos configuradores de un triángulo que amplifica el del grupo central, dentro de un juego de sutiles correspondencias en el que hay que inscribir también las líneas maestras de la arquitectura del castillo semiderruido del fondo. Los elementos innovadores no se reducen, por lo demás, al marco de la ordenación formal. En el cuadro de Leonardo han desaparecido los elementos habituales hasta entonces -la choza, el cortejo real...- para dar paso a una concentración en el momento esencial de la adoración y en las reacciones de protagonistas y espectadores. El cuadro queda así convertido en la captación de un momento dramático capaz por sí solo de resumir el sentido de la historia y de abrazar en su síntesis toda la diversidad de la naturaleza -cuyos variados motivos se explayan a lo lejos- y de las reacciones humanas. "Harás las figuras en tal postura que sirva para demostrar lo que la figura lleva en el alma", escribió Leonardo en uno de sus códices, y es justamente esta fusión de forma y expresión la condición necesaria para alcanzar la síntesis visual que propone en la Epifanía." (Alvarez Lopera, J., ob., cit., pág. 123)

La concordatio entre cultura clásica y cultura cristiana llevada a cabo en Roma por Julio II, tiene sus primeras manifestaciones en obras como esta Adoración. En ella se pone en evidencia la adoración de la Ciencia, de la Sabiduría Antigua -los reyes vienen de Oriente- a la nueva fe y a la religión cristiana, personificada en el grupo de la Virgen y el Niño, que extiende su mano hacia uno de los dones que se le ofrecen, símbolo de la unión de las dos mentalidades.

La composición está llena de contenidos simbólicos, los caballos que se mueven en el fondo, las ruinas..., son un compendio o imitación del mundo clásico que entra en movimiento con el advenimiento del Salvador. Los dos personajes, a derecha e izquierda, adquieren un valor filosófico y simbólico: se puede ver en el contraste entre juventud y vejez, el de la belleza física y la belleza moral, la contemplación y la acción y una representación de la dualidad del espíritu leonardesco.

Con esta obra -incompleta-, que cierra el primer período florentino de Leonardo, toma posición respecto a toda una tradición que parte de Lorenzo Monaco y llega a Botticelli, que elimina el carácter sagrado de la representación y la transforma en una celebración de la familia y de la docta corte de los Médicis.

Leonardo interpreta el tema en clave simbólica, y no histórica, y agrupa las figuras en círculo alrededor de la sagrada aparición y no en forma de séquito como era lo habitual. Elimina incluso la cueva, y sitúa a los reyes entre un grupo de personajes agitados, que corren, gesticulan y se arrodillan. También Botticelli trata el tema más como epifanía, o manifestación de lo divino, que como adoración; pero Leonardo rechaza considerar el aspecto social del tema (el homenaje de los señores y sabios a Dios) y va directo al núcleo filosófico, exponiendo y demostrando su propio concepto del furor.

Epifanía es el fenómeno, y es, por tanto en el fenómeno y no en la abstracta idea donde se manifiesta lo divino. El fenómeno sorprende, emociona, turba, suscita reacciones diversas, pone en movimiento toda la realidad: incluso los caballos se encabritan ante el fenómeno de la aparición divina. El fenómeno se ve y se medita: a la derecha, un joven gira la cabeza hacia el exterior e invita a la gente a mirar, mientras que en la izquierda un anciano inclina la cabeza y reflexiona. El fenómeno sucede en la naturaleza: la Virgen está en un paisaje abierto y está sentada sobre un pequeño relieve del terreno, cerca de un árbol del que se ven, en la parta baja, las ramas cortadas y, en la parte alta, las nuevas ramas. En el fondo, grandiosas arquitecturas en ruinas: con la aparición-fenómeno caen las ramas secas y vuelve a florecer el tronco de la vida, se hunde el escenario remoto de la historia y renace la naturaleza. Tanto las figuras próximas como las lejanas están zarandeadas por el furor; pero en las lejanas el furor es lucha de guerreros a caballo y en las próximas (afectadas por la manifestación de lo divino) es incontenible ímpetu de afectos y movimientos. Así pues, es el fenómeno lo que une en una continuidad cíclica, el mundo natural y el mundo humano, las perturbaciones cósmicas y los sentimientos. La Virgen no sobresale: es una delicada figura, resuelta con pocas líneas curvas y ligeramente inclinada. Es como un huso que gira sobre sí mismo y forma a su alrededor un remolino de vacío y un torbellino. La masa de las figuras se precipita en él pero es frenada por la barrera invisible de este espacio vacío: el movimiento es, por tanto, incompleto, porque nada en la realidad es acabado, todo es conflicto de fuerzas contrarias. El mundo de Leonardo no es ya natura naturata sino natura naturans.

Bibliografía

Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Argan, G.C. (1987), Renacimiento y Barroco. I. De Giotto a Leonardo da Vinci. Madrid. Akal.




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