Miguel Angel: David.
 Miguel Angel: David. Miguel Angel: David
1501-4. Márbol. Altura 410 cm.
Galleria dell'Accademia. Florencia.


"Miguel Angel regresó a Florencia en la primavera de 1501, porque su familia reclamaba su ayuda o porque se enteró de que la Señoría había decidido acabar el David que Agostino di Duccio debía tallar en un enorme y duro bloque de mármol y que tanto él como más tarde Antonio Rossellino sólo habían logrado "estropear". Algunos han visto en el trabajo de Miguel Angel un "cliché inexpresivo" (Marcel Marnat). Según esta perspectiva, el David encarna virtudes "republicanas y cívicas". Ilustración oficial de determinada idea de la res publica florentina, plasma de manera ideal lo que ya sugería el San Jorge de Donatello, quien según Mary MacCarthy era un paradigma de las virtudes masculinas. El David de Miguel Angel carece de la provocadora sensualidad del David de Donatello y de la rareza seductora y andrógina del David enjuto y seco de Verrocchio. Con sus cejas fruncidas y su frente dotada de un pliegue musculoso, encarna a la perfección la fortezza, la cólera justa del hombre valiente que tanto necesita la amenazada república florentina. Miguel Angel supo sacar partido de manera admirable del bloque de mármol demasiado estrecho, y extraer de allí una figura cuyos gestos, posición y actitud sugieren una concentrada energía pronta para desplegarse en la acción. Durante la Edad Media era la manus fortis, el equivalente bíblico de Hércules y el "patrono" de Florencia en cuyo sello figuraba su imagen. Quizás la representación hiperrealista de los músculos y de las venas de la mano derecha del David hagan alusión a ello."

"David no es la primera estatua de Miguel Angel, pero sí la que ofrece ya el apogeo de su estilo inicial. La escultura, de 4,10 m de altura, es una síntesis de Hércules y David y simboliza las dos principales virtudes cívicas del renacimiento florentino, el coraje y la fortaleza. Conocida como "El gigante", se convirtió pronto en uno de los símbolos de la ciudad. Erguido, David lleva la mano izquierda a la honda, que cae sobre el hombro y la espalda, mientras que el brazo derecho pende verticalmente. La cabeza se mueve también hacia la derecha, sesgadamente, ofreciendo el perfil al espectador que mira frontalmente. Una pierna, ligeramente doblada, avanza hacia delante, mientras la otra, tensa, obliga a una ligera comprensión del torso, a la manera de algunos kouroi griegos. La obra está hecha para ser vista de frente y tiende a marcar lo desmesurado de las proporciones: la mirada se desliza por las piernas y el tronco hasta alcanzar el gesto contenido del rostro, consciente del eje sobre el que gira, del que es ligeramente excéntrica. A diferencia de Donatello o Verrocchio, Miguel Angel no se ajusta a la visión tradicional del David. Ningún indicio, salvo la honda, de la narración bíblica, y aun esa honda no se pone en primer plano ni siquiera es fácilmente perceptible; ningún indicio del esfuerzo realizado o de la "hazaña" de David, recordada en las otras esculturas por la cabeza de su oponente, por el gesto de triunfo, por el "heroísmo" de la acción y de la actitud. Su triunfo no está motivado, aquí, por acto alguno, sino por su presencia. Su mirada no es la de quien descubre al enemigo o contempla al vencido, la el que sonríe satisfecho ante el aplauso; es sólo una mirada, que no se dirige a parte alguna y que, por ello, reclama las nuestras, todas, para la escultura. Con su David Miguel Angel ha llevado hasta sus últimas consecuencias los rasgos centrales del humanismo renacentista, humanismo entendido aquí como apogeo y cima de lo que el ser humano es por ser humano. El David de Verrocchio, o el de Donatello, han derrotado a Goliath, y ésa es la razón de su triunfo, de su mirada brillante, de su satisfacción y arrogancia. Pero el David de Miguel Angel no le debe nada a nadie, ni a nadie la nobleza de su ser. No está haciendo nada, no lo ha hecho, y nada indica en esta estatua que vaya a hacerlo."

Símbolo del poder de las familias poderosas florentinas y de la ciudad-estado, el David es una figura erguida que casi no ocupa espacio; del eje que cae verticalmente desde la cabeza al pie únicamente se sale la pierna oblicua, i este es el principio del sucederse de continuas sacudidas de movimiento: la brusca flexión de la sien, el giro súbito de la cabeza, el brazo doblado hacia la espalda.

Miguel Angel, que tenía 26 años, se encontró con un bloque de mármol ante el que habían fracasado otros escultores. Las características del bloque eran una dificultad a superar, pero también una condición que el artista aceptaba ya que le permitía concentrar en la imagen la máxima energía, e incluso concebir la figura del héroe en el momento de la concentración de la voluntad en vistas a la acción a ejecutar. El artista no representa la acción, sino su impulso moral, la tensión interior que precede el desencadenamiento del acto.

El David es un paradigma del hombre renacentista, de la belleza de la anatomía humana y de los sentimientos de pasión y piedad que se ocultan bajo un gesto terrible. La figura está en tensión: la pierna derecha, sobre la que se apoya, el pie izquierdo que se aleja, la mano con la honda, el codo doblado, el cuello girado..., ningún miembro está estático o relajado; sin embargo, se rompe cualquier sensación simétrica (equilibradora) con una mayor tensión del brazo y pierna izquierdos.

El movimiento es contenido, centrípeto, con líneas de fuerza que retornan al bloque de piedra. La cabeza nos permite percibir la pasión del rostro, con su intensa sensación de vida interior, de figura que respira, casi jadeante, a la expectativa de un acontecimiento culminante. Es la misma expresión patética, fuerte, dramática, del Moisés, del Esclavo... Es la terribilitá de Miguel Angel.

Bibliografía

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