Estela de Naram-Sin
 Estela de Naram-Sin Estela de Naram-Sin.
Hacia el 2250 ane. Altura: 2 m. Ancho: 1,05 m. Gres. Susa.
Musée du Louvre, París


De acuerdo con los textos, la historia de las ciudades sumerias se presenta como una serie de luchas por la hegemonía, la primera de las cuales pudo estar protagonizada por Kish, situada en una zona estratégica de comunicaciones entre la Alta y la Baja Mesopotamia. En todo caso, el título de "lugal de Kish" conservó siempre un gran prestigio y pasó a ser sinónimo de rey de todo el territorio de la Baja Mesopotamia. Otro foco de interés fue la ciudad santa de Nippur, morada del dios Enlil y centro religioso de Sumer. Las ciudades más importantes, Kish, Uruk, Ur, Lagash y Umma entre otras, compitieron por la supremacía en Sumer durante todo el dinástico Arcaico (2900-2334 ane). Esta etapa abarca el desarrollo de las ciudades sumerias hasta el reinado de Sargón (2334-2279 ane) de Acad, que significó el predominio de los semitas de la región de Kish sobre el resto del territorio de la Baja Mesopotamia.

Lugalzagesi, que durante su reinado había conseguido conquistar todo el territorio de Sumer, fue derrotado por Sargón de Acad. El nieto de Sargón, Naram-Sin, continuó la empresa de consolidación del Imperio, aunque, tras su reinado, éste se debilitó rápidamente.

En la Estela de Naram-Sin, el soberano aparece representado venciendo y pisoteando a sus enemigos. La escena recuerda la "Estela de los buitres", pero, en esta ocasión, Naram-Sin no sólo cuenta con la ayuda divina, sino que él mismo lleva la corona con cuernos de los dioses. Naram-Sin fue el primer rey semita elevado a la categoría de dios. A diferencia del caso egipcio, fue una costumbre, según afirma Frankfort, "restringida, de incidencia muy limitada". La escultura acadia presenta como notas dominantes la exaltación de sus reyes y proezas bélicas, la captación del paisaje y un sentido naturalista de las poses, que muestran un cierto dominio de la naturaleza por parte del escultor.

El rey acadio Naram-Sin marcha hacia la cima en actitud grandilocuente, lleva un casco con cuernos, símbolo de poder y potencia, viste una túnica ligera de piel y está armado con arco, hacha y jabalina.

Los soldados, en penosa ascensión por la ladera de la montaña y en hilera, siguen al rey, mientras que los vencidos caen muertos o suplicantes. Cabe subrayar la captación, a través de pocas figuras, de la idea de un ejército numeroso.

En la parte superior hay tres símbolos divinos, uno de ellos muy estropeado en forma de estrella. Originariamente debían de haber siete. La acción transcurre en un paisaje montañoso, indicado por la colina cónica, unos árboles y unas líneas onduladas por donde marchan los soldados. El ejército acadio marcha en formación y en sentido ascendente, con armamento y vestido ligero: casco, faldellín, armados con arco, lanza o hacha. Dos soldados llevan las insignias del imperio. Por encima de todos, la figura del rey, de tamaño superior a los demás, como corresponde a su categoría. Lleva una tiara con cuernos, propia de las divinidades, y una túnica ligera. Avanza pisoteando los cadáveres amontonados de dos enemigos; otro cae muerto delante de él, atravesado por una jabalina. El caudillo de los lulubitas y algunos soldados imploran piedad a Naram-Sin. Un soldado enemigo se despeña por la montaña. Una inscripción grabada identifica la escena y a su protagonista.

Los personajes siguen las convenciones del relieve mesopotámico: el tamaño mayor corresponde al rey, sus soldados y los enemigos son de dimensiones más reducidas. La cabeza y las extremidades se muestran de perfil y el torso de frente. Las proporciones de los cuerpos son correctas y elegantes, con un naturalismo que es una novedad en el arte mesopotámico. Los músculos de las extremidades, hombros y pecho están modelados suavemente, pero de forma nítida y expresan la fuerza y la energía de los protagonistas. El avance ascendente de los guerreros acadios define unas líneas diagonales que conducen al espectador hacia la escena culminante en la que Naram-Sin se impone sobre el caudillo de los enemigos.

Se trata de uno de los ejemplos más notables de las llamadas estelas de la victoria, género que nace con las primeras dinastías sumerias y que conmemora los triunfos militares y el aplastamiento del enemigo. En la mayoría de estas obras los dioses aparecen como proveedores de la victoria; pero en la de Naram-Sin el protagonista absoluta y el agente el triunfo es el rey, y por ello lleva el atributo divino de la tiara con cuernos. Compositivamente, sorprende la capacidad de síntesis del artista para representar una escena multitudinaria con la máxima economía de elementos iconográficos.

Bibliografía

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Pitarch, Antonio (1982), Arte antiguo. Próximo Oriente, Grecia y Roma. Barcelona. Editorial Gustavo Gili. Col. Fuentes y documentos para la Historia. 448 p.




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