zigurat de Ur
Zigurat de Ur Zigurat de Ur.
Hacia 2050 ane. Altura: 23,33 m
Ur


Los pocos restos conservados de templos de las distintas culturas mesopotámicas nos obliga, más que a comentar en profundidad un tipo de templo, a hacer un breve recorrido que, desembocando en el zigurat, nos muestre cómo la complejidad del sistema de producción y de organización social se traduce en una complicación de la estructura de los templos. Podemos remontarnos a la cultura de El Obeid, originada hacia el 5.000 ane en el sur de Mesopotamia, que se caracteriza por una agricultura de regadío y la creación de una cerámica delicada. En el yacimiento de Eridu se ha encontrado un pequeño santuario cuadrado, con las paredes reforzadas mediante un contrafuerte interno, muy similar a las casas de sus habitantes, y que todo hace pensar en que los fieles podían entrar en él, lo que permite suponer que la relación dioses-humanos debería ser muy directa.

A partir de este momento comenzó un trabajo sistemático de canalización, lo que desembocó en una organización social jerarquizada, que se tradujo en una jerarquización del hábitat. En la cúspide, los edificios públicos, en particular, los templos. La existencia de templos pone de relieve una centralización del poder económico y político en torno a un sacerdocio profesional, que monopoliza toda la actividad administrativa de la comunidad. Si le añadimos las diferencias que se observan en los ajuares de las tumbas, podremos deducir que la sociedad empieza a estratificarse, que no todo el mundo tiene la misma posibilidad de acceder a los bienes materiales. Y todo es debido al hecho que la irrigación y la introducción del arado de tracción animal ha incrementado la producción agraria, lo que ha implicado una división del trabajo en la que un reducido grupo de individuos ya no se dedica a tareas productivas sino de gestión i organización.

Una parte del excedente generado se invertirá en la construcción de templos que, desde un punto de vista constructivo se caracterizan por el uso del adobe y el ladrillo hechos con arcilla secada al sol (debido a la falta de madera y piedra); gruesos muros para dotarlos de consistencia y para aislar del frío y calor extremos de la zona; construcción sobre terrazas o plataformas para aislar los edificios de la humedad provocada por las crecidas de los ríos Tigris y Éufrates; revestimiento externo de mosaico para proteger el edificio de la lluvia y el viento y, a la vez, dotarlo de magnificencia; uso de la bóveda, en lugar del arquitrabe, consecuencia de los materiales utilizados y del interés en construir espacios interiores de gran amplitud.

Se trata, pues, de una arquitectura adaptada al medio, adecuada a la climatología, monumental y, a al vez, práctica. Dos modelos de templo podemos reconstruir en la etapa sumeria (3.000-2.300 ane) según los restos arqueológicos: los templos de Eridu, formados por una gran terraza sobre la que se levantan, de forma escalonada, tres pisos rectangulares; los dos primeros contenían las capillas y altares dedicados a la divinidad, y el tercero probablemente serviría de observatorio astronómico: serían los precedentes de los zigurats de la etapa neosumeria. Y el templo de Khafaji (cerca de Bagdad), que consiste en una muralla oval que rodea dos recintos, uno de exterior con un patio donde hallamos las oficinas, talleres y establos para el ganado, y otro de interior con el santuario de la diosa, las cámaras del tesoro y los edificios de culto.

En el período neosumerio (2.150-2015 ane) aparece el zigurat a "Templo montaña". Deriva del templo sumerio de tres pisos y puede llegar a tener siete pisos de proporciones decrecientes, con rampas y escalinatas que conducen al pequeño templete ubicado en el piso superior. Se trata de una construcción maciza (no se puede, pues, entrar en un zigurat), hecho de adobe recubierto de ladrillos esmaltados, a la que atribuimos las siguientes funciones: observatorio astrológico para estudiar el firmamento, las fases de la luna, el movimiento de los cometas...; lugar de culto, donde se ofrecen sacrificios a los dioses y se celebran espectaculares procesiones; centro de adivinación, donde los astrólogos-sacerdotes leían el futuro e interpretaban los presagios. Simbólicamente, el templo representaba la gran escalera por donde la divinidad podía descender a la tierra; era, pues, una invitación de los humanos a los dioses para que éstos se dignaran vivir entre los mortales y se alojaran en el santuario construido a los pies del zigurat.

"El zigurat de Ur surgió en medio de la más alta cultura entonces existente. No estaba completamente aislado. Incluso hoy se ven desde su cúspide los zigurats de Eridu y de Al'Ubaid. Se alzaba en un paisaje urbano y agrícola, bien regado por numerosos canales (...) n aquella época el Éufrates pasaba por delante de los dos puertos de la ciudad de Ur. No lejos de allí se unía al Tigris, y poco después desembocaba en el mar cerca de Eridu, que estaba unida a Ur por un canal. Por consiguiente Ur, situada en el punto estratégico más alto de este país llano, estaba destinada a convertirse en la capital del Estado civilizado más antiguo. El zigurat de Ur fue uno de los primeros que atrajeron la atención de los arqueólogos. Ya en 1854 J.E. Taylor, cónsul británico en Basora, emprendió las excavaciones, pero los grandes descubrimientos fueron hechos entre 1922 y 1934 por Woolley. Debajo del zigurat halló partes de edificios que se remontaban a miles de años atrás.

El período de la III Dinastía de Ur, que vio la forma clásica del zigurat, corresponde al apogeo definitivo y máximo esplendor de Sumer, después de un largo período de servidumbre. Ninguno de sus soberanos fue más renombrado que Ur-Nammu, fundador de la dinastía y constructor de los zigurats de Ur, Eridu, Al'Ubaid y Nippur. (...) Como todos los edificios religiosos de Mesopotamia desde el comienzo hasta el final, el zigurat fue erigido en sentido diagonal a los puntos cardinales, aunque como en el caso de los templos, la planta rectangular (aquí 56 x 52 metros) hizo esta orientación sólo aproximada.

Ur-Nammu (...) cubrió el suelo de la primera terraza con una capa de ladrillos cocidos, de 2,5 metros de espesor. Su soberbia fabricación les ha permitido durar hasta hoy, y es a esos ladrillos a los que debemos la supervivencia de la forma original del zigurat de Ur. (...) Es también el zigurat más primitivo con terrazas, nichos y paredes inclinadas tan maravillosamente conservados. Estas últimas se elevan hasta una altura de 15 metros sobre el patio en el cual se alza el zigurat. Les seguían una segunda y una tercera terrazas hasta alcanzar una altura total de 21,33 metros.(...)

Apoyadas contra la pared noroeste, dos escaleras simétricamente opuestas descienden majestuosamente hasta el patio del templo. La escalera principal, en el eje central del zigurat, sobresalía de la estructura y se unía con las dos escaleras laterales al nivel de la primera plataforma, donde era coronada por una poterna. A partir de aquí la escalera central se hacía más estrecha y conducía a la plataforma superior. Todo esto creaba una magna perspectiva para las procesiones sacerdotales. Un enorme pilar incrustado en el cuerpo del zigurat soportaba el tramo de escaleras. (...)

La amplia escalera central se iniciaba muy lejos del cuerpo del zigurat y continuaba hasta la plataforma superior. La idea de una escalera entre el cielo y la tierra quedaba así maravillosamente plasmada. No fue la satisfacción de necesidades puramente materiales, sino el deseo de una realización simbólica del vínculo entre dios y hombre lo que dio origen a esta nueva y expresiva forma arquitectónica." (Giedion, S., ob, cit., págs. 228 ss)

Bibliografía

Azcárate, José Mº de (1992), La arquitectura: de los orígenes al Renacimiento. Tomo 3 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Frankfort, H. (1982), Arte y arquitectura del Oriente Antiguo. Madrid. Cátedra
Giedion, Sigfried (1992), El presento eterno: Los comienzos de la arquitectura. Madrid. Alianza ed.. Col. Alianza Forma nº 22. 3ª reimpr.




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