![]() | |
![]() |
Rafael: La Escuela de Atenas 1509-1510. Fresco. Base: 7,70 m. Stanza della Segnatura, Vaticano. .
|
Considerada como la culminación del arte renacentista, es una obra en la que Rafael, que tenía 26 años, plantea una ordenación ideal de la cultura humanista en clave cristiano-platónica: el saber humano como complementario de la revelación. Así, el ciclo de los frescos de las Estancias está consagrado a la celebración de las ideas de Verdad, Belleza, Bien; en la Disputa es la Verdad revelada por la religión cristiana la que es exaltada, en la Escuela de Atenas lo es la Verdad racional de la especulación filosófica.
Los doce últimos años de la vida de Rafael transcurrieron en Roma al servicio de los papas. "Apoyado por Bramante, recibió a su llegada a fines de 1508 un encargo de importancia similar al que por entonces comenzara Miguel Ángel en la Sixtina: la decoración de la Stanza della Segnatura, así llamada por tener lugar en ella las sesiones del Tribunal de la Segnatura, o del Sello. El programa, de una unidad sin fisuras, comprendía representaciones en el techo de personificaciones alegóricas de la Teología, la Justicia, la Filosofía y la Poesía, a las que correspondían sobre las paredes cuatro grandes composiciones murales: la Disputa del Sacramento, los orígenes del Derecho civil y del canónico con alegorías de La Prudencia, la Templanza y La Fortaleza, La Escuela de Atenas y El Parnaso. Artes y Derecho, Filosofía y Teología, se nos muestran aquí como los pilares básicos del edificio intelectual del Renacimiento. Unidos en un mismo programa no sugieren caminos antitéticos (Inspiración -Arte- frente a Norma -Jurisprudencia-, Razón -Filosofía- frente a Fe -Teología-), sino complementarios, expresando así la aspiración de la época a lograr una síntesis en la que las antiguas contradicciones quedasen superadas dentro de una construcción ideológica, que llevaría asimismo a afirmar en los frescos de las paredes la continuidad entre la Antigüedad y el presente y, por tanto, la conciliación del espíritu y las realizaciones de aquélla con el Cristianismo" (Alvarez Lopera, J., ob., cit., pág. 136)
La decoración de las "Stanze" constituye, pues, la definición de un auténtico programa doctrinal. En cada una de las tres estancias (Segnatura, Heliodoro e Incendio del Borgo) se desarrolla un programa cuya significación no consigue su pleno sentido si no es en relación con la integridad argumental de la serie: el "Espejo doctrinal" de la Verdad; la acción de Dios a favor de la Iglesia; y la intervención de la Iglesia en los asuntos temporales.
Estas pinturas contienen un verdadero "speculum doctrinae" basado en la visión del Humanismo cristiano. El ciclo parte de la visualización del principio de verdad, tanto en su aspecto racional, filosófico o científico (La Escuela de Atenas), como en el de la revelada o teológica (El triunfo del Sacramento o La Disputa), en relación con el Bien, a través de las Virtudes, la Ley (Gregorio IX aprueba las Decretales) y el Civil (Triboniano entrega las Pandectas a Justiniano), y la Belleza (Parnaso). Se trata del punto de partida doctrinal de la "concordatio" entre Cristianismo y cultura clásica y de la historicidad del presente. El programa desarrolla la idea de la no contradicción entre la ciencia, el pensamiento de la Antigüedad y la doctrina de la Iglesia, como símbolo de los tiempos nuevos, y de la legitimación del papel asumido por el papado en los asuntos terrenales.
La tradición medieval de asociar las Personificaciones de cada Arte o Virtud con ciertos autores y representantes típicos, por ejemplo la Geometría con Euclides o la Justicia con Trajano, invalida la idea de que la presencia en la estancia papal de griegos y romanos famosos constituía un síntoma del "paganismo" renacentista, y pone en evidencia que las pinturas se tienen que tomar interrelacionadas si queremos captar tanto la interpretación intelectual como la artística.
El ciclo está organizado de tal manera que su composición tiene que leerse del techo al suelo. Básicamente nos presenta cuatro figuras alegóricas entronizadas y debajo, como si fuese en la Tierra, distintos grupos de personas (por ejemplo la personificación de la Poesía y, a sus pies, los frescos que conocemos como parnaso con Apolo, las Musas y un grupo de poetas, con Safo en primer lugar). Cabe considerar que las paredes son exposiciones o ampliaciones de las ideas expresadas por las personificaciones del techo. Tengamos presente que en la corte eclesiástica exceptuando unos pocos nominalistas, se aceptaba la opinión de que "universalia sunt ante rem", que las cosas de este mundo no son más que encarnaciones, aunque incompletas, de ideas o principios generales.
Lo que se deduce del conjunto de la parte alta de la Stanza es lo que figura en las inscripciones: el conocimiento y la virtud en tanto que expresiones de lo divino. Estas inscripciones que acompañan las personificaciones tienen que constituir el punto de partida de cualquier interpretación. Son: "causarum cognitio", con el grupo de filósofos que llamamos Escuela de Atenas; "numine afflatur", que constituye la afirmación del origen divino de la Poesía, ejemplificada en el Parnaso; "Divinarum rerum notitia" (conocimiento de las cosas divinas), con el grupo de personajes que se ha llamado la Disputa; "Ius suum cuique tribuit" (a cada uno lo suyo), que es el lema de la Justicia, bajo la que vemos dos escenas que ilustran la promulgación de la justicia y el establecimiento de la ley civil.
Por tanto, las claves del significado de la Segnatura se encuentran en las distintas representaciones alegóricas de la bóveda: la verdad revelada (Teología y Adán y Eva); la Verdad racional (Filosofía y Creación); el Bien (Justicia y juicio de Salomón); y la Belleza (Poesía y Apolo y Marsias), tema este último que, para los neoplatónicos florentinos, simbolizaba el triunfo de la armonía sobre las pasiones. También hay las representaciones de los cuatro elementos en relación con las alegorías principales: aire (Teología), tierra (Justicia), agua (Filosofía) y fuego (Poesía).
Bajo la "Causarum Cognitio" (comprensión de las causas) encontramos el conjunto de filósofos que una guía francesa del siglo XVI designó por primera vez con el nombre un tanto equívoco de Escuela de Atenas. Causarum Cognitio aparece entronizada y llevando dos volúmenes titulados Moralis y Naturalis, los dos grandes apartados de la filosofía. La filosofía natural está representada por Platón, que lleva el Timeo, el diálogo que trata de la creación y la naturaleza del universo. El gesto de su mano quizás se refiere más al conocimiento de las causas que al contraste doctrinal con su discípulo Aristóteles, que lleva la Etica, la filosofía moral que nos imparte. Los otros filósofos representan, asimismo, la búsqueda de las causas en la filosofía natural y moral, y éste es sin duda el tema de los grupos reunidos al pie de Minerva, diosa de la Sabiduría, y Apolo, maestro de la Etica.
A la izquierda está el grupo de filósofos con Sócrates marcando con los dedos silogismos ante un grupo de jóvenes, entre los que se distingue Alcibíades (o quizás Alejandro) con casco y armado. Otro anciano, quizás Pitágoras, escribe números en un grueso libro, mientras que un joven le ayuda aguantándole una mesa. A la derecha, otro filósofo, Arquímedes o Euclides, explica algo, señalando el devenir de las cosas. Lo que, a la vez, no deja de ser una referencia a la nueva poética anticlasicista planteada por Miguel Angel en las recientes pinturas de la bóveda de la Sixtina. La alternativa formulada por Miguel Angel al sistema regular del clasicismo surge como respuesta a la idea de una armonía inmutable y un equilibrio universal. En este sentido, Miguel Angel desarrolla unos planteamientos en correspondencia con el principio de Heráclito que "...la más bella armonía es la que nace de lo que se encuentra en lucha. Todo se hace por discordia". Aunque no afirmamos que las formulaciones de Miguel Angel sean una visualización de las ideas de Heráclito, es evidente que Rafael representó a Miguel Angel como el representante en el presente de los principios formulados en la antigüedad por Heráclito.
Rafael ha conseguido, gracias a su espíritu receptivo y a su gran capacidad técnica, la unidad de acción, sometiendo elementos, temas y personajes a una síntesis armoniosa, la monumentalidad, el reposo festivo y solemne de las figuras y la armonía de los opuestos, alma y cuerpo, síntesis de la dualidad entre Antigüedad y Modernidad, entre paganismo y cristianismo. En Rafael se identifican la belleza y la bondad, la estética y la ética.
Bibliografía
Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Argan, G.C. (1987), Renacimiento y Barroco. II. De Miguel Angel a Tiépolo. Madrid. Akal.
Gombrich, E.H. (1983), Imágenes simbólicas. Madrid. Alianza ed. Col. Alianza Forma 34, págs. 135-175
Percepcions | Història de l'art | Autoavaluació