Correggio: Noli me tangere.
 Correggio: Noli me tangere. Correggio: Noli me tangere
Hacia 1525. 130 x 103 cm. Oleo sobre tabla pasado a lienzo.
Museo del Prado, Madrid. .


Formado en Mantua, Antonio Allegri (1489?-1534) llamado Il Correggio, recibió la influencia de la obra tardía de Mantegna, y se enriqueció con el sfumato de Leonardo y con el colorismo veneciano, consiguiendo disolver las figuras n el espacio, así como una sensación de ingravidez. El fresco de la cúpula de la iglesia de san Giovanni Evangelista, en Parma, fue un precedente de las perspectivas ilusorias de las cúpulas barrocas y manifestaba la influencia de Miguel Angel. Con sus pinturas murales, presentó la novedad de la composición libre de vínculos arquitectónicos. En la composición de su pintura de caballete, de tema religioso o mitológico, domina una línea oblicua.

Es el pintor de la gracia: sus niños y adolescentes, de sonrisas insinuantes, y sus figuras femeninas de tierna sensualidad, reflejan un mundo de placer refinado. La extremada elaboración formal de su pintura es templada por la viveza del color y por un claroscuro que suaviza formas y tonos. Su dinamismo y su sentido de la profundidad espacial, su osada composición en diagonal y la ondulante plástica de las figuras, son un claro precedente del barroco.

La Magdalena del Noli me tangere del Museo del Prado, se despliega helicoidalmente con tal dosis de expansividad que a duras penas se consigue equilibrarla y fijarla sobre la superficie. Jesús y la Magdalena cruzan sus miradas llenas de arrebato y amor sobrenatural; ella, rubia, vestida de brocado amarillo, está postrada delante del joven jardinero, también algo infantil. En la rica gama cromática destaca el predominio de colores fríos, amarillos y azules sobre todo. El paisaje es de tonos irisados.

Pero en estas obras de caballete lo que antes llega al espectador -quizá por ser las características más a flor de superficie- son la gracia, la suavidad y la dulzura correggiescas. Una gracia y una suavidad que a veces no concuerdan bien con el espíritu religioso que se piensa debería presidir estas obras, pues, fruto de una exquisita sensualidad, traicionan un hedonismo y un goce de vivir absolutamente terrenales. Esa luz correggiesca que acaricia las formas y se recrea suavemente en la piel está cargada de fuerza táctil del mismo modo que posturas, gestos y expresiones son a veces demasiado evidentemente equívocos.

Acentúa la vibración de los contornos de las formas humanas y busca efectos de vibración cromática en su colorido. Le encantan las carnes flexibles y rosadas de los niños y las mujeres, en las que las curvas redondeadas borran la precisión de los músculos, tendones y huesos. Su ideal de forma es la de lo femenino.

Las bases ideológicas de la obra de Il Correggio, quien inicia la verdadera corriente emocional, sensual y popular de la pintura del siglo XVI, s encuentran en los movimientos reformistas interiores de la iglesia, que se dan en Italia a principios de siglo en oposición al mundo cortesano de la Roma papal. Camaldulenses (1522), teatinos (1524), capuchinos (1525), barnabitas (1530), jesuitas (1534)... encuentran su expresión formal en el arte de Il Correggio.

Bibliografía

Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Argan, G.C. (1987), Renacimiento y Barroco. I. De Miguel Angel a Tiépolo. Madrid. Akal.




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