Hans Holbein, el Joven: Los embajadores.
 Hans Holbein, el Joven: Los embajadores. Hans Holbein, el Joven: Los embajadores
1533. 207 x 210 cm. Oleo sobre tabla de roble.
National Gallery, Londres.


Los personajes del cuadro son cortesanos franceses, embajadores del rey Francisco I ante la corte de Enrique VIII. La obra se pintó en Londres, donde ambos diplomáticos tenían la misión de proteger los intereses de su país y evitar la ruptura de Inglaterra con el papado.

La crisis que refleja el cuadro era tanto política como intelectual: los protestantes desafiaban la autoridad de la Iglesia católica, y los descubrimientos científicos socavaban antiguas creencias, Holbein coloca a sus embajadores como avanzada del pensamiento en uno y otro conflictos. En la Semana Santa de 1533 Inglaterra rompió definitivamente con el papado e instituyó la Iglesia anglicana, con el rey como máximo representante. La causa inmediata fue la negativa del pontífice a conceder a Enrique VIII el divorcio de Catalina de Aragón, su primera esposa, para casarse con Ana Bolena, a la que suponía embarazada del hijo y sucesor que él tanto anhelaba. La misión de los embajadores fracasó y el cisma de la Iglesia condujo a la fragmentación de Europa.

El embajador de la izquierda es Jean de Dinteville, el cual encargó este retrato de él y de su amigo George de Selve, que visitó Inglaterra en 1533. Dinteville lleva al cuello el collar de la Orden de San Miguel, una de las más importantes de la caballería, fundada en Francia por Luis XI en 1469. Descansa su mano derecha sobre una daga en la que se lee: AET.SVAE 29, abreviatura latina con la que se señala que el retratado tenía 29 años.

El globo terrestre se ha colocado de forma que muestre los países que interesaban a Dinteville. Holbein modifica la reproducción, tomada de un globo real, para incluir detalles como el nombre del castillo de Dinteville, Polisy, cerca de Troyes. El globo podría aludir a la revolucionaria teoría copernicana de que era el Sol, y no la tierra, el centro del sistema solar. El libro abierto junto a la escuadra es una publicación sobre matemática aplicada que proclama la amplitud y modernidad de los saberes de los embajadores.

Tras la cortina de brocado verde asoma un crucifijo que indica la presencia guiadora de Cristo en los destinos de los embajadores, sus anhelos intelectuales e intereses nacionales, al paso que les recuerda su condición de pecadores y mortales.

La forma extraña que se aprecia en el suelo carece de sentido vista de frente; pero si uno se aproxima al cuadro por un lado y lo mira desde unos 2 m. A la derecha, a ras de los ojos de los embajadores, aparece una calavera. El artista se ha valido de la anamórfosis, forma extrema de la perspectiva descrita por vez primera en los cuadernos de Leonardo. La calavera, que proyecta la sombra de la muerte en el suelo, era la insignia personal de Dinteville (que tiene una calavera de plata en la capa); aquí cobra especial relevancia porque la salud de Dinteville era extremadamente frágil. El personaje de la derecha es George Selve, que visitó Londres en abril de 1533; era el obispo electo de Lavau, en Francia. Su brazo derecho descansa sobre un libro en cuyo borde está escrito: AETATIS SUAE 25 ("tiene 25 años"). Junto a su mano izquierda, un reloj de sol señala el 11 de abril de 1533, fecha decisiva para los embajadores. El laúd, símbolo tradicional de la armonía, tiene una cuerda rota en alusión a la creciente discordia entre católicos y protestantes. Junto al laúd reposa un libro de himnos latinos -traducidos al alemán por Martín Lutero- abierto en la página del Ven, Espíritu Santo y Los diez Mandamientos. Se ha apuntado que la elección de los himnos, ambos con doctrinas asumibles por todos los cristianos, expresan el anhelo de Holbein de que la Iglesia se reformase en la línea propuesta por los protestantes pero sin romper con Roma.

Los mosaicos del suelo son una copia exacta del piso del santuario de la abadía de Westminster, que debieron impresionar al artista alemán durante su estancia en Inglaterra. El cuadro muestra el profundo conocimiento de Holbein de los principios estéticos del arte italiano y noreuropeo. Al arte italiano debe la perfección de la perspectiva y la corporeidad de las figuras; del arte septentrional vienen el interés por el detalle, la irreprochable técnica del óleo y el gusto por las pieles y los brocados.

Bibliografía

Cumming, Robert (1997), Guía visual de pintura y arquitectura. Madrid. Ediciones El País/Santillana, pág. 84-85
Salvini, Roberto y Grohm, Hans Werner (1972), La Obra pictórica completa de Holbein. Barcelona. Noguer y Caralt Editores. 112 p.




Percepciones | Historia del arte | Estética