Rembrandt: La ronda nocturna.
 Rembrandt: La ronda nocturna. Rembrandt: La ronda nocturna
1642. 359 x 438 cm. Oleo sobre lienzo, (originalmente mayor).
Rijksmuseum, Amsterdam .


En la pintura, bautizada equívocamente La ronda nocturna (a causa de la suciedad que lo cubría a finales del siglo XVIII; como se pudo comprobar tras restaurarla en 1946, la escena tiene ambientación diurna), Rembrandt presenta a la compañía del capitán Cocq y del teniente Willem van Ruytenburch recibiendo sus órdenes para salir de la puerta de la ciudad, que se ve al fondo, quizá con motivo de la entrada de María de Médicis en Ámsterdam en 1638.

El capitán y el teniente aparecen adelantados al grupo; aquél da la señal de partida, mientras los miembros de la compañía, dispuestos en varios planos en profundidad, están realizando acciones diversas. Un complicado juego de diagonales se entrecruza con la disposición en planos recedentes llenando de dinamismo la escena y el bullicio, la desorganización, de la partida se acrecientan con la intromisión de elementos ajenos a la compañía: una niña, un perro... La unidad del conjunto se consigue, sobre todo, merced al color ¾ese acorde tan utilizado por Rembrandt de rojos, amarillos y negros¾, a la luz y al poder sugestivo del claroscuro. Rembrandt da aquí una de sus más aplastantes demostraciones del dominio de los recursos pictóricos, pero al transformar el retrato en "acontecimiento" ¾y por tanto a los "personajes" en "actores¾ dejó insatisfechos a sus clientes. Para conseguir la unidad dramática el pintor había tenido que renunciar a conceder a todos los milicianos el mismo peso en la representación, o lo que es igual, idéntico grado de ostentación. Rompía así uno de los convencionalismos básicos del género y ello hace comprensible el relativo fracaso del cuadro que aunque fue aceptado contribuyó más al descrédito que a la fama de l'artista.

Rembrandt los presenta con gran atrevimiento, no como un grupo ordenado, sino en medio de un desorden bastante animado, como si se hubieran reunido apresuradamente y se prepararan a marchar. Es una pintura muy grande. Las figuras son de tamaño natural o ligeramente mayores. Esto y la mano extendida del capitán y los chuzos y escopetas levantados nos hacen sentir que estamos presentes, mientras que la iluminación teatral y la sugestión del movimiento en todas partes contribuyen al entusiasmo. Sin embargo, estamos viendo, a pesar de la confusa imprecisión de las imágenes, lo mismo que si presenciáramos una avanzada de un grupo real de soldados aficionados. A nivel pictórico, todo está perfectamente ordenado y en su lugar. ¿Cómo se lo ingenió Rembrandt para conseguirlo sin perder verosimilitud?

Para responder a esta pregunta debemos observar las armonías del color y, aún más, las bases geométricas de su dibujo. La principal armonía de colores la crean los amarillos del uniforme del teniente y el vestido de la niña que corre entre el grupo situado a la izquierda del capitán, y los rojos de su fajín y los uniformes de los individuos con escopetas a la izquierda de la niña y detrás del teniente. Estos acentos de color están relacionados entre sí y se repiten en todas partes. Observemos de nuevo el chuzo del teniente y el bastón del capitán, las escopetas, el asta del estandarte y las lanzas que más sobresalen. Los elementos más próximos apuntan hacia nosotros en diferentes direcciones y el chuzo del teniente indica la dirección de la marcha. Pero la postura de cada uno de ellos sobre el lienzo es, o bien paralela a este chuzo (si están a la derecha del capitán) o forma un ángulo recto con él (si están situados a la izquierda como su bastón). El tambor, que aparece como si se inclinara alejándose de nosotros, sigue también esta segunda alineación. De este modo, un orden geométrico oculto mantiene unidos precisamente los elementos de la composición que le dan mayor viveza.

Bibliografía

Alvarez Lopera, José y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Mainstone, M. Y R. (1989), El siglo XVII. Barcelona. Gustavo Gili, págs. 65-66
Rosenberg, J. (1986), Rembrandt: vida y obra. Madrid. Alianza ed.




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