Persépolis.
 Persépolis. Persépolis..
Siglos V-IV ane. 300 x 400 m. Arte persa aqueménida.
Persépolis.


Al noreste de Shiraz se encuentran las ruinas de la Ciudadela de Persépolis. Sus muros rodeaban los palacios que hicieron construir Darío I, Jerjes I y Atajerjes I. Estos palacios tomaron elementos de diversas tradiciones: meda, mesopotámica, griega y egipcia. La ciudadela formaba parte de un complejo que incluía la colina fortificada al este, los edificios al pie de la explanada de la ciudadela, las tumbas reales en el acantilado de Naqsh-i Rustam, donde Darío y tres de sus sucesores fueron enterrados, y una gran ciudad donde vivía la gente común, que aún hoy no ha sido encontrada.

Para acudir a la audiencia real, se ascendía por una doble escalera decorada con relieves y se entraba en el gran complejo palacial accediendo, por la puerta oeste, a los propileos: un monumental vestíbulo cuadrangular con el techo sostenido por cuatro columnas y con las puertas guardadas por toros androcéfalos alados. Por la puerta sur de los propileos, tras cruzar un espacio abierto, se llegaba a la Apadana. Éste es el nombre de la gran sala de recepción de Darío, cuya cubierta era sostenida por setenta y dos columnas. Pórticos columnados se abrían en las fachadas norte, este y oeste. La escalinata de acceso y la base de la plataforma de esta gran sala están decoradas con relieves que representan un largo desfile de guardias reales y de portadores de tributos de todas las provincias, que se diferencian por los vestidos propios de cada país y por las armas, joyas y animales que cada delegación ofrece al rey. A diferencia de las escenas de los relieves asirios, los vasallos de los pueblos sometidos están representados con gran dignidad y respeto. Más como embajadores que como tributarios.

Detrás de la Apadana se encontraban los palacios de Darío, Jerjes y Artajerejes. Estos edificios residenciales estaban formados por combinaciones de salas hipóstilas, de las que se han perdido las paredes, que eran de ladrillo secados al sol, aunque se conservan las puertas y los pilares de piedra. El palacio de Artajerjes, el más amplio de los tres, está formado por más de treinta salas columnadas.

Si cruzamos la puerta este de los propileos nos encontramos con un camino que nos conduce a un nuevo vestíbulo monumental, tras el cual se cruzaba la plaza de los desfiles y se entraba en la Sala de las Cien Columnas, el gran edificio de recepción construido por Jerjes. Un relieve de esta sala nos muestra al rey sentado en un trono, que recibe en audiencia a un dignatario que se inclina respetuosamente colocándose la mano en la boca en señal de salutación.

Finalmente, al sur de la Sala de las Cien Columnas, se encuentran los almacenes reales, el llamado tesoro: se trata de un gran edificio formado de salas hipóstilas cuadrangulares, que tenía las columnas de madera de cedro con la base de piedra, en donde se guardaban las riquezas del rey y las tablillas de barro del archivo de palacio.

Los arquitectos persas supieron crear un nuevo tipo de residencia real y de espacios de representación. Los modelos precedentes, en Asiria y babilonia, eran conjuntos compactos de salas intercomunicadas y estructuradas alrededor de patios. Los espacios podían ser largos pero no amplios. En cambio, los complejos palaciales persas estaban formados por edificios independientes articulados mediante plazas. El uso intensivo de la columna como elemento sustentante permitió la creación de espacios cubiertos muy extensos.

Esta arquitectura palatina estaba pensada para impresionar a los vasallos y embajadores, quienes tenían que seguir un largo camino por escalinatas, vestíbulos, plazas y salas de audiencia. Así nos lo comenta el historiador Diodoro de Sicilia: "La ciudadela es efectivamente enorme y está rodeada de una triple muralla. Su altura es de siete metros. La segunda es dos veces más alta y la tercera, en forma de cuadrilátero, mide veintisiete metros de altura y está construida en piedra para durar eternamente. A ambos lados hay puertas de bronce (...). En la ciudadela están repartidas aquí y allá casas lujosas, destinadas al rey y a sus generales. Hay también tesorerías bien preparadas para guardar riquezas."

Bibliografía

Albar Ezquerra, Jaime (1989), Las claves del arte mesopotámico y persa. Barcelona. Editorial Ariel. Col. Las claves del arte, 6ª ed. 80 p.
Bendala, M. (1996), "El Arte del próximo oriente", en Historia del Arte I: El mundo antiguo. Madrid. Alianza ed.
Gómez Urdáñez, Carmen (1997), Arte del Próximo Oriente. Madrid. Historia 16. Historia Viva. 48 p
Història Universal de l'Art. Enciclopèdia Catalana y Universitat Oberta de Catalunya. 1998. CD-ROM




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