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Egid Quirin Asam: Altar mayor con la Asunción 1722-23. Estuco dorado y pintado. Rohr, iglesia del antiguo monasterio.
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El dinamismo del arte barroco sintoniza plenamente con el triunfalismo de la Contrarreforma. Durante el siglo XVIII perdura este ímpetu, que conoce una difusión europea e incluso extraeuropea y que adquiere inflexiones que lo aproximan a las realizaciones meramente profanas. El florecimiento de la decoración de fachadas emplea formas muy cercanas entre sí, ya se trate de un palacio, de una iglesia o de un monasterio; las capillas parecen salones, los coros pueden compararse con el escenario de los teatros de ópera, las estatuas de santos son representadas con una pose teatral. El siglo XVIII ama el teatro, la ópera, el espectáculo; de ahí la escenografía impresionante del teatro de la fe, de ahí la máxima belleza para decorar la casa del Señor. La religión se muestra más optimista, más inclinada a abandonarse a las efusiones del corazón; y esta efusión se traduce en abundancia de adornos y, sobre todo, de decoraciones escultóricas, que se aplican a la fachada (para atraer al fiel cristiano y brindarle una adecuada acogida), y a capillas y santuarios de modestas dimensiones (debido a la preferencia por los espacios creados a la medida del hombre).
Las realizaciones más sorprendentes se encuentran en el ámbito germánico; su paradigma son los hermanos Asam. Egid Quirin, escultor, y Cosmas Damian, pintor. Formados en Roma, ofrecen una grandiosa representación operística que, apelando a la magia de la luz, del color y de la animación, y sin rechazar lo fantástico, halla el camino de lo sobrenatural y del milagro.
En Rohr (Baviera), nos encontramos, en el interior de una iglesia de la orden de los agustinos, con el espectáculo de la representación en relieve y con un colorido natural de un misterio de la fe cristiana: la Asunción de la Virgen.
"Tal representación se lleva a cabo en dos segmentos: en tierra, alrededor de la tumba vacía, los apóstoles muestran su estupefacción ante el prodigio, y arriba, suspendida en las alturas, elevada aparentemente por ángeles que abren sus grandes alas en el vacío, la Virgen -con un suntuoso ropaje de gran señora- abre los brazos para celebrar también ella el privilegio sobrenatural que se le ha concedido. Mientras tanto, una extraña luz ultraterrena surge del cielo que se abre entre las nubes, los rayos de gloria y las cabezas de querubines que la reciben. En el fondo se agita de forma misteriosa un pesado cortinaje ricamente adamascado. No se puede llegar más lejos en la simbiosis de la escultura con el teatro, que recupera con plenitud sus orígenes sagrados. Sin la menor duda, esta obra maestra -aunque procede de forma innegable de la magia barroca- trasciende la noción misma de barroco o de rococó.
Para definir el papel desempeñado por los hermanos Asam hay que recurrir al vocabulario del teatro: crean los decorados, los modelan, los pintan, los colocan en su sitio, se convierten en tramoyistas, directores de escena y promotores. Son creadores geniales, capaces de traducir los ímpetus místicos de una fe ardiente y de introducirse -mediante la magia del arte- en el mundo del milagro. El artista entreabre las puertas del paraíso ante la mirada del fiel cristiano. Se ve dominado por una especie de locura ornamental, como si tratase de deslumbrar, de hacer que se pierda el sentido de la mediocre realidad. Allí el rococó se presenta como heredero lógico del barroco, insistiendo en el gran espectáculo." (Ceysson, B., ob., cit., pág. 256)
Bibliografía
Ceysson, Bernard; Bresc-Bautier, Geneviève; Fagiolo dell'Arco, Maurizio; Souchal, François (1996), La escultura. La tradición de la escultura antigua desde el siglo XV al XVIII. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones
Bozal, V (y otros) (1992), La escultura. Tomo 2 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones
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