Lascaux
Los enamorados en el jardín Los enamorados en el jardín.
1364-1347 ane. Pintura mural. Estela real de Tell El-Amarna.
Staatliche Museen, Berlín.


La representación egipcia no se funda en la perspectiva, tal como la conocemos a partir del Renacimiento, sino en una leyes y convencionalismos que respetan un denominador común mínimo que facilita el reconocimiento de figuras y objetos.

Las figuras no se disponen libremente y anárquicamente sobre la superficie, sino que se organizan de manera precisa y ordenada en bandas horizontales superpuestas. Esto es importante porque supone un concepto absolutamente nuevo, el de marco, que supone, a la vez, el de composición. Su origen puede encontrarse en las prácticas agrarias (medidas, trazado de los campos después de las crecidas...) y en la organización de los campos. El canon en pintura (y también en escultura) es el fruto de una serie de observaciones y experiencias, que plasman en el arte una imagen de las formas más típicas de la naturaleza y que pueden, por tanto, ser expresadas mediante ciertas proporciones estables. El artista intenta captar el fenómeno en su forma más clara y comunicable, reflejando la realidad tanto en su aspecto visual como social. Dicho canon desempeña un papel activo en la superestructura ideológica al servicio de la clase dirigente, reforzando en la sociedad la convicción de la exactitud y de la inmutabilidad del sistema social, entre otras cosas a través de la glorificación del dios y del faraón. Es, también, una de las condiciones básicas del trabajo en equipo de los talleres, del mantenimiento de un alto nivel en la producción y de la maestría artística.

Sus temas son variados, dado que representaban todas las actividades y objetos destinados a satisfacer las necesidades del difunto en la otra vida. Se trata de obras que no servían para "gustar" o decorar, ya que sólo eran "contempladas" por el difunto. También servían, pues, para "mantener vivo". ¿Es posible que estas pinturas fueran los sustitutos de los servidores y esclavos que, en otras épocas, eran enterrados con los poderosos para que éstos llegasen al más allá bien acompañados?. Los retratos y modelos encontrados en las tumbas egipcias se relacionan con la idea de proporcionar compañeros a las almas en el más allá.

A simple vista, nos pueden parecer extraños, ya que representaban la vida real de una manera muy distinta a la nuestra. Lo más importante no era la belleza sino la perfección. La misión del artista era representarlo todo tan claramente y permanentemente como fuera posible. Dibujaban de memoria y según unas reglas estrictas que aseguraban la perfecta claridad de todos los elementos de la obra. Cada cosa era representada en su aspecto más característico. Nos muestran el cuerpo humano con la cabeza de perfil, ojos frontales, espaldas y pecho frontales, vientre de perfil igual que los brazos y piernas, pies perfilados con el dedo gordo en primer término (parece como si tuvieran dos pies izquierdos). La pauta primitiva se basa en 18 cuadros: una figura era dibujada en una hoja de papiro dividida en 18 hileras de cuadrados y el artista establecía las proporciones teniendo en cuenta que de la frente a la base del cuello había 2 cuadrados, del cuello a las rodillas, 10 cuadrados, de las rodillas a las plantas de los pies, 6 cuadrados. Para los cabellos, y en función del tocado, se añadía un cuadrado. Una figura sentada ocupaba 15 cuadrados. La pauta posterior tuvo 21 cuadrados, que tenían como referencia la línea de los ojos más baja que la de la pauta primitiva.

Las figuras de mujeres nos muestran que llevaban unos vestidos cuyos tirantes cubrían los pechos. En relieve, estas figuras muestran un pecho desnudo, porque la línea delantera del cuerpo es el perfil del pecho en este punto; los tirantes están en el torso. Algunas figuras desnudas muestran ambos pechos de frente y de perfil (a menudo se trata de mujeres músicas, cuyos atractivos corporales eran importantes). En algunos casos unas normas arbitrarias ayudan a distinguir formas similares: los cocodrilos están siempre de perfil lateral, mientras que los lagartos se representan desde arriba.

Fue durante el Imperio Medio, y especialmente con la XVIII dinastía ( h 1560-1309 ane), cuando se alcanzó el máximo esplendor de la pintura egipcia. En esa época encontramos una aspiración a la delicadeza, una cierta distensión, que faltaban anteriormente. Las figuras se hacen más estilizadas, los artistas buscan reflejar el movimiento y, al tiempo que se entregan a una gran variedad temática, intentan plasmar con gran preciosismo el espectáculo de la naturaleza. La representación de pájaros y peces en los pantanos, jardines y estanques alcanzarán muy pronto un grado de gracia y naturalismo cercanos a los que veremos en la pintura cretense.

Este período presencia, además la revolución religiosa y artística de Amenofis IV (1364-1347 ane), quien intentó imponer el monoteísmo con el culto a Atón, el disco solar, persiguiendo el culto tradicional a Amón y a la poderosa casta sacerdotal que lo sustentaba. Como expresión de este cambio trascendental, trocó su propio nombre por el de Eknatón, abandonó Tebas, la capital, y estableció la corte en Tell el-Amarna. En el campo de las artes rompió con la tradición artística anterior, formalmente y temáticamente. Introdujo la preferencia por un arte realista que reflejara exactamente los rasgos del modelo, incluso si era feo. También se inició la concepción de toda la pared como una composición única sin el recurso habitual a las bandas horizontales superpuestas.

Se hizo retratar con todas sus imperfecciones físicas, dando así la pauta para los retratos de sus súbditos, e impuso un nuevo tipo de representaciones de la familia real, que aparece entregada a sus placeres cotidianos o en sus momentos de intimidad (Eknatón besando a su esposa Nefertiti, jugando con sus hijas...) y lejana de la imperturbabilidad con que antes se solían representar los faraones. El nuevo canon corporal era más estilizado, de vientre hinchado, cuello estirado y cráneo muy largo (pronunciándose por el tocado). Restablecido el culto a Amón por su sucesor, Tutankhamón, el estilo de el-Amarna desapareció y resurgieron las fórmulas artísticas tradicionales.

El arte egipcio, pues, no está basado en lo que el artista podía ver en un momento dado, sino en lo que sabía que pertenecía a una persona o escena. Nada hay en estas pinturas que de la impresión de haber surgido por azar. El sentido egipcio del orden en cada detalle es tan fuerte que cualquier pequeña variación lo trastorna totalmente. El artista egipcio empezaba su obra dibujando una retícula de líneas y distribuía las figuras con gran cuidado. No obstante, este sentido geométrico del orden no le impidió observar los detalles de la Naturaleza con sorprendente exactitud: cada pájaro, pez o planta están dibujados con tanta fidelidad que los zoólogos o botánicos pueden reconocer la especie. El arte egipcio fue un conjunto de leyes estrictas que cada artista tuvo que aprender. Una vez en posesión de estas reglas, su aprendizaje había terminado. Nadie le pedía algo diferente, nadie les pedía que fuera original. Por ello el arte egipcio varió tan poco.

Bibliografía

Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Baines, John y Málek Jaromir, (1992), Egipto. Dioses, templos y faraones. Madrid. Ediciones Folio/Ed. Del Prado. Vol. I, págs. 56-61
Frankfort, H. (1982), Arte y arquitectura del Oriente Antiguo. Madrid. Cátedra.



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