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Charles Francis Annesley Voysey: Tapete "Tulip and Bird". 1896. .
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La arquitectura inglesa de 1900 ignora las obras extremadas del modernismo tardío, lo mismo que tampoco se dan en ella las construcciones curvilíneas del modernismo pleno. En lugar de esto, arquitectos como Voysey llevan adelante las normas arquitectónicas de Arts and Crafts, modernizándolas. Sus construcciones apenas si se distancian, en su pureza preciosista y en su renuncia a lo accesorio, de los ejemplos puros del modernismo tardío de Mackintosh, Hoffman, Perret y Loos. Para ello Voysey sigue una acaracterística concepción inglesa de la construcción. Apenas si subraya el contrajuego de soportes y cargas, los valores plásticos de un cuerpo arquitectónico o el volumen de un muro. Su construcción, de delgados paramentos cortados a pico, se caracteriza por las proporciones de su masa y por el gráfico alineamiento de las ventanas.
Influido por Mackmurdo, como se demuestra claramente en sus tejidos y papeles pintados, en sus muebles, habitaciones y casas también se basaba en las formas de los viejos maestros. Para él resultan fundamentales las aportaciones japonesas, y sus diseños para telas decorativas y papeles pintados presentan unas flores, pájaros y arbolitos tan primaveralmente frescos, que sobrevivirán al Art Nouveau.
Arts and Crafts fue un movimiento social y estético inglés que pretendía reafirmar la importancia del oficio ante el reto de incrementar la mecanización y la producción en serie. Su nombre proviene de la Arts and Crafts Exhibition Society, fundada el 1888, y se basa en las ideas de Pugin y Ruskin quienes deploraban la estética así como los efectos sociales de la industrialización y añoraban los estándares del oficio de los gremios medievales. Fue William Morris quien trasladó las ideas de Ruskin a la actividad práctica, recreando la industria manual en la era de las máquinas, y dedicándose a producir vestidos tejidos y teñidos a mano, libros impresos a mano, papel pintado a mano, muebles hechos a mano... Estéticamente su trabajo tuvo gran éxito, pero su ideal de producir arte para las masas fracasó por el simple motivo que sus productos eran necesariamente caros. Para alcanzar a ver los frutos reales de su utopía teórico-práctica, hubo que esperar a que, después y gracias en gran parte a él, el diseño industrial se fuera abriendo camino hasta llegar a ser un nuestros días algo de lo que ya no puede prescindir la voraz sociedad de consumo en que nos hallamos.
Bibliografía
Argan, G.C. (1976), El arte moderno. Valencia. Fernando Torres. Ed. 2ª ed, vol. I, pág 259
Martin Reynolds, D. (1996), El siglo XIX. Barcelona. Gustavo Gili. Pág. 116. 4ª ed.
Schmutzler, R. (1982), El modernismo. Madrid. Alianza. Col. Alianza Forma 12. 2ª ed, pág. 106 ss
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