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Templo de Luxor.
Longitud 189 metros. Reinado de Amenofis III (1400-1362 ane) Luxor
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Egipto tiene buenas canteras, pero no tiene madera; esto permitió la construcción de grandes monumentos y condicionó algunos aspectos técnicos: la dificultad de encontrar madera para las vigas del techo obligó, al no utilizar la bóveda (cuya técnica les era conocida), a multiplicar los soportes, básicamente la columna.
De entrada, sorprende que los egipcios invirtieran más esfuerzos en las construcciones para los dioses que para los humanos. Templos y tumbas, hechos con grandes bloques de piedra, perduran actualmente, mientras que las casas e incluso los palacios, hechos de ladrillo, han quedado reducidos a pocos vestigios. Cuál era, pues, la importancia y la función de los templos?
A menudo, en las paredes de los templos encontramos un conjunto de escenas que describen la concepción y el nacimiento real. Son los dioses quienes fecundan a las esposas del faraón, es el dios Sol quien interviene en la procreación de su descendiente y de su representante en la tierra. Parece, pues, que una de las funciones del templo consistía en recordar que el poder del faraón era de origen divino y que su poder era legítimo porque había estado concebido con intervención divina.
Además de esta primera función, en los templos el rey mantiene el equilibrio del mundo. Él es el único interlocutor y mediador entre los dioses y los humanos, es el único que puede intervenir ante los dioses, el único, por lo tanto, que puede ayudar a mantener el orden establecido por los dioses. Y los humanos forman parte de este orden, y por ello el dios supremo ha creado para ellos unos soberanos. La misión básica de rey consiste en satisfacer el ritual de la ofrenda: es preciso alimentar a los dioses si queremos que ellos nos alimenten. Lo que se le ofrece al dios manifiesta lo que se le pide.
La estatua del rey, en actitud de adoración ante los dioses, es decir, intercediendo para que renueven el ciclo de la creación (el paso de las estaciones, las inundaciones periódicas, el crecimiento de los cereales...) se convierte, pues, en objeto de culto en el templo (se la viste, se la lleva en procesión...), y ésta será la función de los sacerdotes.
Esta vinculación del templo con la economía se ve mejor si consideramos la inversión y organización de la mano de obra para extraer de las canteras los bloques necesarios para la construcción de los lugares de culto; la movilización de recursos para transportar los bloques de piedra; la explotación de terrenos agrícolas para aportar las ofrendas a todos los altares. Para los egipcios, pues, los dioses no son salvadores sino creadores y reguladores del mundo. Y el templo es, también, el palacio del dios, y por ello simboliza el cerro primitivo desde donde se realiza la acción creadora del dios, el horizonte por donde sale el sol, un microcosmos en el que el techo plano imita el cielo, y la plantas de papiro en la base de los muros evocan la tierra y su vegetación.
En un primer momento, a lo largo del Imperio Antiguo (2.700-2060 ane), los más característicos fueron los "Templos Solares", integrados por un gran obelisco levantado sobre una estructura en forma de pirámide truncada (en conjunto simbolizando un dedo gigante que señala al astro rey), y una gran barca de piedra que representa el barco en el que Ra navega diariamente por el cielo.
El más conocido es el Templo Solar de Abusyr, construido por el faraón Niuserre de la V Dinastía.
Durante el Imperio Medio (2060-1580 ane) los faraones se hicieron construir la tumba y, en otro paraje, un templo, donde se le rendiría culto y veneración. Su estructura consistía en dos terrazas sobrepuestas, encima de las cuales se levantaba una gran forma piramidal, que conducían hacia una capilla excavada en la roca. Los templos de Mentuhotep y de la reina Hatsepsut, en Deir-el-Bahari, son los más representativos.
Sin embargo, los templos más conocidos se levantaron durante el Imperio Nuevo (1580-651 ane), erigidos, sobre todo, en el Valle de los Reyes. Entre sus características constructivas destacamos: los sillares de piedra superpuestos sin argamasa; muros en forma de talud para conseguir mayor altura y para mejorar el asentamiento sobre un terreno arenoso; la cubierta arquitrabada en la que los sillares se apoyan directamente sobre el capitel de la columna; la columna como elemento sustentante, que adopta la forma de la vegetación nilótica, y de esta manera podemos hablar de columna lotiforme (similar a la planta del loto), palmiforme (a la palmera) y papiriforme (a la plata del papiro); también encontramos la columna hathórica, cuyo capitel reproduce la cabeza de la diosa Hator, divinidad de la fecundidad; para reforzar la lejanía del dios, algunos templos subrayan la perspectiva y profundidad del edificio levantando un poco el suelo de las últimas salas y bajando, a la vez, su techo, lo que permite también iluminar su interior gracias al desnivel de las columnas.
La planta típica es la siguiente: una avenida de las esfinges que es un largo paseo (dromos) flanqueado por esculturas de cuerpo felino y cabeza humana (representación del faraón), o cabeza de carnero (símbolo de Amón), o de halcón coronado (alusión a Horus). Simboliza la protección que los dioses dispensan al templo, al que impedirán entrar cualquier principio maléfico. La Explanada de los Obeliscos, una plaza en cuyo centro se levanta uno o dos obeliscos que llevan grabados, en escritura jeroglífica, alabanzas a los dioses y al faraón. El Pilono o fachada principal del templo, que es una construcción maciza y en talud que sirve de portada. Consiste en dos grandes muros trapezoidales acabados en una cornisa, que enmarcan una gran puerta rectangular. Simboliza, a la vez, la unión del Alto y del Bajo Egipto a través de unos dioses comunes, así como las dos montañas del horizonte por donde sale el sol, y también la fortaleza que protege el dios contra las fuerzas nocivas. La Sala Hípetra (sin techo), que es un patio porticado al que tenía acceso la mayoría de la población durante las grandes solemnidades. La Sala Hipóstila, con techo plano aguantado por columnas, que es el lugar de los iniciados durante la celebración de los grandes rituales, y que sólo recibía la luz que entraba por la puerta que daba al patio y a través de unas celosías abiertas en la parte alta de las paredes. El santuario o "Sancta Santorum", que es una pequeña habitación donde se ubicaba la estatua objeto de culto y donde sólo podía entrar el faraón o el gran sacerdote.
Durante las grandes celebraciones, el pueblo avanzaba en procesión por la gran avenida y, llegado al obelisco, sólo el sector social más privilegiado podía traspasar la puerta del pilono, que permanecía en la sala hípetra dado que sólo la familia real y la nobleza más seleccionada tenía acceso a la sala hipóstila. Esta jerarquización social a través de los distintos espacios también está en relación con una gradación luminosa que simbolizaba la capacidad para desvelar los misterios; de esta manera, el pueblo se quedaba fuera, a plena luz, dado que se le consideraba incapacitado para entender los misterios; en la sala hípetra, con una luz más matizada, sólo accedían quienes, con más cultura, aún no estaban iniciados en los secretos divinos: la sala hipóstila, casi a oscuras, es para los iniciados; y la celda final, a oscuras, estaba reservada al faraón ya que con su naturaleza divina podía estar en contacto con todos los misterios que sólo él conocía.
Los templos de Luxor y Karnak reproducen perfectamente estas características.
Bibliografía
Azcárate, José Mº de (1992), La arquitectura: de los orígenes al Renacimiento. Tomo 3 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Giedion, Sigfried (1992), El presento eterno: Los comienzos de la arquitectura. Madrid. Alianza ed.. Col. Alianza Forma nº 22. 3ª reimpr.
D. Meeks i Ch. Favard-Meeks (1994): La vida cotidiana de los dioses egipcios. Madrid. Ediciones Temas de Hoy.
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